— Salvador García Soto 14/10/2026
De los prospectos que hoy suenan en Morena cuando se habla de la aún lejana sucesión presidencial de 2030 hay por lo menos dos que no pasarían por el tamiz ni tendrían el visto bueno del líder y fundador de ese movimiento, el presuntamente “jubilado” Andrés Manuel López Obrador.
El primero al que no sólo no apoyaría sino que rechazaría y hasta podría combatirlo internamente, es sin duda Omar García Harfuch, el poderoso secretario de Seguridad y hombre de confianza de la presidenta Sheinbaum, y a quien López Obrador no quiere ni acepta al grado de que ya le impidió ser candidato a Jefe de Gobierno de la CDMX, a pesar de que ganó con 16 puntos de ventaja las encuestas internas de Morena, pero por capricho y orden del entonces presidente se impuso como candidata a la actual Jefa de Gobierno, Clara Brugada.
La animadversión que siente el expresidente por García Harfuch es de sobra conocida y a la desconfianza que siempre le tuvo, porque lo ubica como “gente de García Luna”, se suma ahora la afirmación de López Obrador y de sus hijos, de que el jefe del Gabinete de Seguridad es quién se encarga de vigilar y espiar a los López Beltrán en sus movimientos, por lo que en la familia del expresidente acusan que Omar “trabaja para el gobierno de los Estados Unidos”.
Pero el popular secretario de Seguridad no es el único a quién Andrés Manuel vetaría, llegado el momento, para la sucesión presidencial en Morena. El otro al que nunca apoyaría el expresidente es Marcelo Ebrard Casaubon. El secretario de Economía de la doctora Sheinbaum tiene más de tres años que no tiene comunicación alguna con López Obrador, para ser precisos desde aquel 6 de septiembre del 2023 cuando Marcelo se rebeló ante el resultado de las encuestas internas que le dieron el triunfo a Sheinbaum y no asistió a la conferencia del World Trade Center donde se presentó a la doctora como la virtual candidata presidencial de Morena.
La ausencia de Marcelo en aquel anuncio fue tomado por AMLO como una falta de lealtad, según ha comentado el exmandatario a cercanos suyos. “Marcelo traicionó mi confianza y confirmó que él solo trabaja para sí mismo y no para el movimiento”, comentó López Obrador a un personaje de su confianza, a quien también le habría enumerado otras “traiciones y deslealtades” que le achaca a Ebrard desde 2006 cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.Según Andrés Manuel, Marcelo no lo apoyó después del fraude que él denunció en las elecciones presidenciales de aquel año y por el contrario, lo acusa de haberse aliado con el entonces presidente Felipe Calderón. “No nos ayudó en nada mientras estuvo en el gobierno de la ciudad, se dedicó a trabajar sólo para su imagen y promoviéndose para la Presidencia”, comentó el exmandatario quien también le atribuye a Ebrard el haberse aliado con sus enemigos “Los Chuchos” para que lo impulsaran a la nominación presidencial de 2012, en la cual, por cierto, al final Marcelo dejó pasar a López Obrador, a pesar de que él había ganado 2 de las 3 encuestas que mandó a levantar el PRD.
Incluso le reprocha que mientras él y muchos otros que lo siguieron estaban luchando por fundar a Morena, Marcelo nunca se apareció en los trabajos para la creación y promoción del movimiento porque en ese tiempo se había ido a radicar a Francia, luego de haber recibido amenazas del gobierno de Peña Nieto por el tema de las fallas en la construcción de la Linea 12 del Metro. En todo caso, lo que ha dejado claro el inquilino de “La Chingada” a quienes han platicado con él, es que no le tiene ninguna confianza a Marcelo Ebrard y no apoyaría en ningún caso sus intenciones de buscar, otra vez, ser candidato presidencial de Morena. “Marcelo no es de fiar y no garantiza la continuidad del movimiento”, dijo tajante López Obrador a quienes han hablado con él en su retiro.
¿Y entonces? Si los que se ven como dos de los aspirantes más moderados y competitivos para Morena en 2030 no son bien vistos por el “tlatoani”, ¿quiénes quedarían como cartas para la sucesión en el partido gobernante que sí vea bien el amado líder. La respuesta son solo nombres de personajes del ala radical del morenismo: desde Ariadna Montiel, la actual dirigente del partido gobernante; hasta la consejera Jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, o incluso la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada. Y ya si se quiere pensar en un hombre, Martí Batres, director del ISSSTE estaría más que apuntado.
Más allá de los vetos de AMLO o del papel que vaya a jugar la presidenta Sheinbaum en la sucesión, lo que estará en juego en la batalla interna en Morena por el 2030, que arrancará pasando las elecciones del 2027, es la lucha intestina entre los moderados, que cada vez son menos, contra los radicales o duros del morenismo, que cada vez tienen más fuerza y control en el partido gobernante.
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