Reprobados

— José Woldenberg 13/10/2026

Ciro Murayama hizo una síntesis de la más reciente encuesta de Latinobarómetro. Resultó expresiva: el respaldo a la democracia decrece en Latinoamérica y México está por debajo de los promedios de la región. Mientras el 52% de los latinoamericanos concuerdan con la afirmación de que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”, en México esa cifra es apenas del 45%. (El Financiero, 8/10).

Pero lo que me interesa subrayar es que en México no entendemos siquiera lo que es la democracia, aunque todo mundo hable de ella y se cubra con sus ropajes. Al parecer, se trata de una noción evanescente buena para todo y para nada. El 46% consideró que “la democracia puede funcionar sin partidos políticos”, el 40% dijo que “la democracia puede funcionar sin parlamento”, el 42% “que puede funcionar sin oposición” y el 28% que “puede funcionar sin elecciones”. Es claro que franjas numerosas de conciudadanos no saben lo que la democracia es o debe ser.

¿Puede existir la democracia sin partidos políticos? No. Independientemente de la mala fama que los mismos tienen, que de manera reiterada son tratados como si fueran los perros del mal, los partidos cumplen funciones intransferibles: son los grandes agregadores de intereses, mediadores entre la sociedad y el Estado, referentes políticos e ideológicos, ordenadores (o desordenadores) de la vida pública, y ahí donde se realizan elecciones y existen congresos, los partidos surgen por necesidad. Son también un atajo cognitivo que orienta a los ciudadanos en el momento de las elecciones.

¿Puede la democracia funcionar sin parlamento? Caray, si no existiera un parlamento al cual concurrieran las diferentes corrientes políticas, ¿quién elaboraría las leyes? ¿cómo se lograría la representación plural de la sociedad? ¿cómo se procesarían las muy diversas demandas y exigencias? ¿quién fiscalizaría el funcionamiento del gobierno? ¿en dónde se aprobaría el presupuesto?, y no le sigo.

¿Alguien puede siquiera imaginar una democracia sin oposición? Solo los autoritarios que piensan y actúan como si solo hubiera una verdad, un solo diagnóstico correcto y un programa igualmente certero. Por el contrario, en democracia, deberíamos saber que en las sociedades masivas y modernizadas existen y coexisten diferentes idearios, programas y hasta sensibilidades distintas, todas ellas legítimas y que, por ello, dado que son imposibles las unanimidades, siempre existirán puntos de vista y reacciones diferentes a las de los gobiernos. No es posible siquiera imaginar un régimen democrático sin disidencia, sin oposición.

¿Y sin elecciones? Ciertamente hay otras fórmulas para adueñarse del poder del Estado, pero ninguna de ellas puede calificarse de democrática. Golpes de Estado, asonadas, revoluciones, guerras civiles, han sido recursos para hacerse del poder político, pero la democracia, en contraste, tiene en su código genético la pretensión de que la disputa por el poder político sea pacífica y sin el costoso expediente de la sangre (Popper), por ello las elecciones son indispensables. A través de ellas los diferentes partidos contienden y es el voto de los ciudadanos el que decide al ganador y a la representación de las diferentes fuerzas en los órganos colegiados.

Releo lo anterior y con algo de pena me doy cuenta de que es una lección elemental. Sin embargo, quizá sea útil, dado el estado lamentable y preocupante que guarda nuestra sociedad en relación con la tan traída y llevada democracia, que a fin de cuentas es un régimen de gobierno.

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