Más actividad física, menor progresión del Parkinson

— Agencias 13/10/2026

Dedicar más tiempo a la actividad física podría asociarse con una progresión más lenta de los síntomas motores y cognitivos de la enfermedad de Parkinson.

Así lo señala un estudio publicado en noviembre de 2026 en la revista científica Neurology, que siguió durante varios años a 294 personas con esta enfermedad en etapas leves a moderadas.

Los investigadores encontraron que quienes reportaban más de ocho horas semanales de actividad física presentaban un deterioro cognitivo más lento que quienes realizaban cuatro horas o menos. También observaron una progresión más lenta de los síntomas relacionados con el movimiento entre las personas más activas.

Sin embargo, el estudio fue observacional, por lo que no demuestra que realizar más ejercicio sea la causa directa de estos resultados ni que todas las personas con Parkinson deban alcanzar esa cantidad de actividad.

¿Qué encontraron los investigadores?

El equipo, vinculado con la Universidad de Cincinnati y otras instituciones, analizó la evolución de 294 participantes con una edad promedio de 66.4 años.

El seguimiento permitió evaluar los cambios en la función motora durante un máximo de siete años y en la función cognitiva durante hasta cinco años. Los resultados mostraron una asociación entre mayores niveles de actividad física y un deterioro más lento en ambas áreas.

Para evaluar la cognición, los investigadores utilizaron la escala Montreal Cognitive Assessment (MoCA), que tiene una puntuación máxima de 30 puntos.

El grupo que realizaba hasta cuatro horas de actividad física por semana registró una disminución promedio de 0.478 puntos anuales. En el grupo que acumulaba entre cuatro y ocho horas, la reducción fue de 0.090 puntos por año, mientras que entre quienes superaban las ocho horas fue de 0.007 puntos anuales.

Estas diferencias reflejan una asociación estadística, pero no garantizan que aumentar el ejercicio produzca el mismo efecto en todos los pacientes.

¿Qué actividades físicas se tomaron en cuenta?

El estudio consideró distintas formas de movimiento, no solamente el ejercicio realizado en gimnasios o durante entrenamientos deportivos.

Entre las actividades moderadas se incluyeron caminar a paso ligero, nadar suavemente, jugar tenis en parejas y realizar labores domésticas. Las actividades vigorosas comprendieron correr, andar en bicicleta a mayor velocidad, practicar deportes de equipo y realizar tareas físicamente exigentes.

Los participantes reportaron sus hábitos mediante cuestionarios y entrevistas. Por ello, las estimaciones dependieron en parte de la información que recordaron y comunicaron los propios participantes.

¿Importa más el tiempo o la intensidad?

Los investigadores encontraron asociaciones favorables tanto con el tiempo total de actividad física como con otras medidas que consideraban su volumen y su intensidad.

Sin embargo, cuando ajustaron los análisis para considerar el tiempo total de actividad, la relación independiente entre el ejercicio vigoroso y la evolución de los síntomas dejó de ser estadísticamente significativa.

Esto sugiere que la cantidad total de tiempo activo podría explicar parte de las diferencias observadas. No significa que la intensidad carezca de importancia ni que todas las actividades produzcan los mismos efectos.

Además, las ocho horas semanales no constituyen una recomendación médica universal. El estudio comparó los hábitos de distintos grupos, pero no asignó a los participantes una rutina de ejercicio específica.

¿El ejercicio puede frenar el Parkinson?

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que puede causar temblores, rigidez, lentitud de movimientos y dificultades de equilibrio. También puede afectar la memoria, la atención y otras funciones cognitivas.

La actividad física puede formar parte del tratamiento integral porque ayuda a trabajar la movilidad, la fuerza, la condición cardiovascular y el equilibrio. Sin embargo, mejorar estas capacidades no equivale necesariamente a detener el proceso neurodegenerativo.

Los resultados tampoco permiten descartar que otros factores influyeran en las diferencias observadas. Por ejemplo, las personas con síntomas menos limitantes podrían tener mayor facilidad para mantenerse activas.

Por ello, el estudio no demuestra que el ejercicio detenga o revierta la enfermedad, aunque aporta información relevante sobre su posible relación con una evolución más favorable de los síntomas.

¿Qué significa para las personas con Parkinson en México?

Los hallazgos refuerzan la importancia de considerar la actividad física dentro del cuidado de las personas con Parkinson, siempre de acuerdo con sus capacidades y necesidades individuales.

Caminar, realizar ejercicios de movilidad o participar en actividades recreativas pueden ser opciones adecuadas para algunos pacientes. Sin embargo, es importante considerar el riesgo de caídas, las dificultades de equilibrio, la condición cardiovascular y otros problemas de salud.

Antes de aumentar considerablemente el tiempo de ejercicio, conviene consultar al médico tratante o a un fisioterapeuta con experiencia en Parkinson. Estos profesionales pueden ayudar a elegir actividades seguras y establecer objetivos progresivos.

Aunque los resultados pueden orientar la conversación clínica en México, el estudio no evaluó específicamente a la población mexicana.

¿Cuántas horas de ejercicio se recomiendan?

La investigación encontró una asociación favorable entre mayores niveles de actividad física y una progresión más lenta de los síntomas, pero no establece una cantidad exacta que todos los pacientes deban cumplir.

La rutina ideal depende de la etapa de la enfermedad, la movilidad, el equilibrio y el estado general de salud. En lugar de intentar alcanzar inmediatamente una cifra determinada, es preferible establecer metas realistas y mantener la regularidad.

Un programa individualizado puede incluir actividad aeróbica, ejercicios de fuerza, movilidad y equilibrio, con orientación profesional cuando sea necesario.

En conclusión, las personas con Parkinson que reportaron más actividad física tendieron a presentar un deterioro motor y cognitivo más lento durante el seguimiento. Aunque todavía no se puede afirmar que el ejercicio sea la causa directa de esta diferencia, mantener una vida activa adaptada a las capacidades individuales puede ser una parte importante del cuidado integral de la enfermedad.

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