— Agencias 11/10/2026
Mantener una buena higiene bucal cobra especial importancia con el paso de los años.
De acuerdo con una guía de Harvard Health Publishing, cuidar los dientes y las encías puede ayudar a prevenir enfermedades bucales y evitar complicaciones que afectan la alimentación, la comunicación y la calidad de vida de los adultos mayores.
La gingivitis, una inflamación de las encías, se ha relacionado en distintos estudios con enfermedades cardiovasculares, pulmonares y accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, estas asociaciones no demuestran que los problemas de las encías sean la causa directa de dichas enfermedades.
La pérdida dental se relaciona con el deterioro cognitivo
Cuando la gingivitis no recibe tratamiento, puede progresar a periodontitis, una enfermedad que daña los tejidos que sostienen los dientes y puede provocar su pérdida.
Una revisión de 14 estudios publicada en la revista JAMDA encontró que los adultos mayores que habían perdido varios dientes presentaban casi un 50 % más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28 % más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia.
Los investigadores señalaron que estos resultados muestran una asociación, no una relación causal comprobada. Entre los factores que podrían intervenir se encuentran la inflamación crónica, la alimentación, las enfermedades preexistentes y las dificultades para acceder a la atención odontológica.
La pérdida de dientes también puede repercutir en la vida social. Algunas personas sienten vergüenza al sonreír, hablar o asistir a reuniones, lo que puede favorecer el aislamiento durante la vejez.
Sensibilidad dental y sequedad bucal
La sensibilidad dental suele manifestarse como dolor al consumir alimentos o bebidas frías o calientes. Una de sus posibles causas es la retracción de las encías, que deja expuesta parte de la raíz dental. También puede estar relacionada con el bruxismo, que consiste en apretar o rechinar los dientes.
Cuando el bruxismo provoca molestias o desgaste, el odontólogo puede recomendar una férula nocturna para proteger las piezas dentales y reducir la presión durante el sueño.
Otro problema frecuente es la boca seca, que aparece cuando disminuye la producción de saliva. Esta condición puede dificultar la masticación, la deglución, el habla y la percepción de los sabores.
La sequedad bucal puede ser un efecto secundario de algunos medicamentos y también presentarse en personas con determinadas enfermedades, como diabetes o algunos trastornos neurológicos y autoinmunes.
Como cada molestia puede tener un origen diferente, es importante consultar a un profesional antes de utilizar productos de venta libre o modificar un tratamiento.
Hábitos para prevenir caries y enfermedades de las encías
La prevención comienza con una rutina de higiene constante y revisiones odontológicas periódicas. La guía recomienda acudir al dentista aproximadamente cada seis meses, aunque la frecuencia puede variar según las necesidades de cada persona.
Entre las principales medidas de cuidado se encuentran:
Cepillarse los dientes diariamente con pasta dental con flúor.
Limpiar los espacios entre los dientes con hilo dental u otro dispositivo recomendado por el odontólogo.
Considerar las radiografías cuando el profesional las indique.
Mantener una hidratación adecuada y comentar con el médico cualquier sequedad bucal persistente.
Consultar si aparecen sangrado de encías, dolor, sensibilidad persistente o dientes flojos.
Enjuagarse la boca con agua después de comer puede ayudar a retirar algunos restos de alimentos. Los enjuagues bucales con flúor y sin alcohol también pueden ser útiles en determinados casos, según las necesidades individuales.
En conclusión, la higiene bucal y las visitas periódicas al dentista son fundamentales para conservar los dientes, prevenir enfermedades de las encías y mantener una buena calidad de vida durante el envejecimiento. Cuidar la boca no solo favorece la salud dental, sino que también ayuda a preservar la comodidad al comer, hablar y relacionarse con otras personas.
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