— Agencias 11/10/2026
Caminar, aprender habilidades nuevas, convivir con otras personas y mantener la mente activa son hábitos que pueden contribuir a preservar la salud cerebral durante la vejez.
La evidencia científica señala que combinar distintas estrategias puede favorecer las funciones cognitivas y ayudar a reducir algunos factores de riesgo de demencia.
Olvidar ocasionalmente dónde se dejaron las llaves o tardar en recordar un nombre puede suceder con la edad. Sin embargo, cuando los problemas de memoria son frecuentes, empeoran o interfieren con las actividades cotidianas, es importante solicitar una valoración médica.
Un ejemplo de los beneficios de un enfoque integral es el ensayo clínico LatAm-FINGERS, publicado en 2026. La investigación encontró mejores resultados en una medida global de cognición entre quienes participaron en una intervención estructurada de hábitos saludables, en comparación con quienes recibieron recomendaciones generales. El beneficio relativo reportado fue del 55%, pero esto no significa que la memoria mejorara un 55% ni que se revirtiera la demencia.
Estas son siete actividades que pueden incorporarse a la rutina para cuidar la salud cerebral.
1. Caminar y realizar ejercicio físico
La actividad física beneficia al corazón y también contribuye a mantener la salud cerebral. Además, ayuda a controlar la presión arterial, la glucosa y el peso, factores relacionados con el riesgo de deterioro cognitivo.
Caminar, bailar, nadar o practicar ejercicios adaptados a la condición física son alternativas para mantenerse activo. En adultos mayores sedentarios, comenzar con caminatas cortas y aumentar gradualmente la duración puede facilitar la incorporación de este hábito.
El ejercicio no garantiza prevenir la demencia, pero forma parte de las estrategias recomendadas para cuidar la salud general y reducir determinados factores de riesgo.
2. Resolver crucigramas y juegos de estrategia
Los crucigramas, el ajedrez, el dominó, los rompecabezas y los juegos de cartas pueden estimular la atención, el razonamiento y la resolución de problemas.
Alternar distintas actividades permite practicar diferentes habilidades mentales y evita que la rutina se vuelva monótona. Lo recomendable es elegir desafíos que resulten interesantes y adecuados para las capacidades de cada persona.
Sin embargo, mejorar en un juego no significa necesariamente reducir el riesgo de demencia. Estas actividades son más útiles como parte de una rutina que también incluya ejercicio, descanso y convivencia.
3. Leer y aprender habilidades nuevas
Leer libros, aprender un idioma, cocinar nuevas recetas o estudiar música son actividades que requieren atención, comprensión y adquisición de conocimientos.
No es necesario alcanzar un nivel avanzado ni dedicar muchas horas al día. La práctica constante y el interés personal pueden facilitar que estas actividades se mantengan a largo plazo.
Además, aprender en grupo permite combinar la estimulación mental con las relaciones sociales. Participar en talleres de pintura, música o idiomas puede ofrecer ambas oportunidades.
4. Practicar ejercicios de entrenamiento cognitivo
Algunos programas de entrenamiento cognitivo están diseñados para ejercitar capacidades específicas, como la memoria, el razonamiento y la velocidad de procesamiento.
El estudio ACTIVE evaluó distintos tipos de entrenamiento en adultos mayores. En un seguimiento a largo plazo, los investigadores observaron que quienes recibieron entrenamiento de velocidad de procesamiento y completaron al menos una sesión de refuerzo presentaron una tasa de diagnósticos de demencia un 25% menor que el grupo de control.
Este resultado corresponde a una intervención específica y no demuestra que cualquier aplicación o juego mental produzca el mismo efecto. Tampoco garantiza que todas las personas obtengan ese beneficio.
Quienes estén interesados pueden consultar si existen programas de estimulación cognitiva apropiados en centros comunitarios, instituciones educativas o servicios especializados para adultos mayores.
5. Mantener una vida social activa
Conversar con familiares, reunirse con amistades y participar en actividades comunitarias también puede favorecer la salud cerebral. Las interacciones sociales requieren escuchar, interpretar información, recordar experiencias y responder a otras personas.
Además, mantener vínculos puede ayudar a reducir el aislamiento social, uno de los factores asociados con un mayor riesgo de demencia.
En México, participar en clubes de lectura, grupos de baile, talleres o reuniones vecinales puede ser una forma práctica de fortalecer las relaciones sociales. También es útil establecer horarios para llamar a familiares y amigos.
No es necesario mantener una agenda intensa: lo importante es encontrar formas de convivencia agradables y acordes con las preferencias de cada persona.
6. Cuidar la alimentación y la salud cardiovascular
La salud cerebral está estrechamente relacionada con el estado general del organismo. Por eso, mantener una alimentación equilibrada y controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa son medidas importantes.
Una dieta variada puede incluir frutas, verduras, frijoles, cereales integrales, nueces, semillas y fuentes de proteínas como pescado y huevo. Los alimentos tradicionales mexicanos, como el maíz y las legumbres, también pueden formar parte de una alimentación saludable.
No existe un alimento aislado que garantice una buena memoria. Los beneficios dependen del conjunto de los hábitos alimentarios y de las condiciones de salud de cada persona.
Evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol y realizar actividad física con regularidad complementan estas medidas.
La Comisión Lancet de 2024 estimó que abordar 14 factores de riesgo modificables podría contribuir a prevenir o retrasar alrededor del 45% de los casos de demencia a escala mundial. Esta cifra es una estimación poblacional, no una garantía de prevención individual.
7. Realizar actividades manuales y creativas
Tejer, dibujar, pintar, tocar un instrumento musical, cocinar o cuidar un jardín son actividades que pueden combinar atención, coordinación y planificación.
También permiten desarrollar habilidades, seguir instrucciones y resolver problemas cotidianos. Algunas pueden realizarse en casa, mientras que otras se disfrutan más en talleres o grupos.
La jardinería, por ejemplo, puede combinar movimiento y contacto con el exterior. Las manualidades permiten trabajar con las manos y la música puede integrar memoria, escucha y coordinación.
La mejor opción depende de los intereses, las capacidades físicas y el presupuesto de cada persona. Lo importante es mantener actividades agradables y añadir nuevos retos progresivamente.
¿Qué factores pueden afectar la memoria?
Los problemas cognitivos no siempre son consecuencia del envejecimiento. Los trastornos del sueño, la depresión, ciertos medicamentos, el consumo excesivo de alcohol, algunas alteraciones metabólicas y determinadas enfermedades neurológicas pueden afectar la memoria.
La Comisión Lancet de 2024 identificó 14 factores de riesgo potencialmente modificables relacionados con la demencia, entre ellos la inactividad física, el aislamiento social, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, la pérdida auditiva no tratada, la depresión y el colesterol LDL elevado.
Esto refuerza la importancia de cuidar la salud durante todas las etapas de la vida, en lugar de esperar hasta la vejez para atender estos factores.
¿Cuándo consultar al médico por los olvidos?
Olvidar ocasionalmente un nombre no significa necesariamente que exista deterioro cognitivo. Sin embargo, conviene solicitar una valoración cuando los cambios de memoria son persistentes, empeoran o afectan la independencia.
Entre las señales que requieren atención están repetir las mismas preguntas con frecuencia, perderse en lugares conocidos, tener dificultades para administrar el dinero o dejar de realizar tareas habituales.
Una evaluación médica permite revisar los síntomas, los medicamentos, el sueño y el estado de ánimo, así como identificar causas potencialmente tratables. Según el caso, el profesional puede solicitar pruebas adicionales.
Un enfoque integral para proteger la salud cerebral
Cuidar la memoria no depende de resolver crucigramas ni de seguir una dieta específica. La evidencia respalda un enfoque que combine actividad física, estimulación mental, relaciones sociales, alimentación equilibrada y control de los factores de riesgo.
El ensayo LatAm-FINGERS aporta evidencia sobre los posibles beneficios de una intervención estructurada de hábitos saludables en adultos mayores con riesgo de deterioro cognitivo. Sin embargo, sus resultados no significan que todas las personas puedan revertir los problemas de memoria ni que sea posible garantizar la prevención de la demencia.
La clave es mantener hábitos saludables de forma constante y consultar al médico cuando los olvidos comiencen a afectar la vida cotidiana.
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