— Agencias 11/10/2026
La actividad física podría ayudar a ralentizar el avance de algunos síntomas motores y cognitivos de la enfermedad de Parkinson, según un estudio publicado el 7 de octubre en la revista Neurology. Los investigadores observaron que las personas que se mantenían más activas presentaban un deterioro más lento del movimiento, el pensamiento y la memoria.
El estudio fue dirigido por el doctor Dong-Woo Ryu, de la Universidad de Cincinnati, en Estados Unidos. Los resultados sugieren que mantener una rutina de actividad física a lo largo del tiempo podría aportar beneficios en distintos aspectos de la enfermedad, aunque todavía no demuestra que el ejercicio frene directamente su progresión.
¿Cómo se realizó el estudio?
Los investigadores siguieron durante un periodo de hasta siete años a cerca de 300 personas con Parkinson de intensidad leve a moderada, cuya edad promedio era de 66 años.
Los participantes informaron cuánto tiempo dedicaban semanalmente a actividades físicas en el trabajo, el hogar y sus momentos de ocio. Además, se sometieron a evaluaciones anuales para medir la evolución de los síntomas motores y las capacidades cognitivas.
Para analizar los resultados, fueron divididos en tres grupos según su nivel de actividad física:
Actividad baja: menos de cuatro horas por semana.
Actividad moderada: entre cuatro y ocho horas semanales.
Actividad alta: más de ocho horas por semana.
Mayor actividad, menor deterioro
Los resultados mostraron que las personas con mayores niveles de actividad física presentaban una disminución más lenta de sus capacidades motoras y cognitivas. Esta asociación se mantuvo después de considerar otros factores que podían influir en los resultados.
Los investigadores también observaron que realizar más actividad física vigorosa se relacionaba con una evolución más favorable de algunos síntomas.
Entre las actividades mencionadas se encuentran correr, practicar ciclismo a ritmo intenso, jugar tenis y realizar tareas físicamente exigentes. Sin embargo, los resultados no establecen que todas estas actividades produzcan el mismo beneficio ni que sea necesario realizar ejercicio intenso para obtener ventajas.
¿Por qué podría beneficiar al cerebro?
Aunque los mecanismos todavía no están completamente definidos, los investigadores plantean varias explicaciones posibles. La actividad física podría favorecer la circulación sanguínea cerebral, modular los procesos inflamatorios y estimular la plasticidad neuronal, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizar sus conexiones.
El ejercicio también puede favorecer la liberación de sustancias relacionadas con la protección y el funcionamiento de las neuronas. No obstante, estas explicaciones son hipótesis sobre los mecanismos potenciales y no demuestran que hayan sido responsables de los resultados observados en este estudio.
¿Cuánto ejercicio se necesita?
El estudio encontró los resultados más favorables en el grupo que realizaba más de ocho horas de actividad física semanal. Sin embargo, esta cifra no debe interpretarse como una cantidad obligatoria ni como una dosis mínima para todas las personas con Parkinson.
La actividad debe adaptarse a la movilidad, el equilibrio, la condición cardiovascular y las necesidades de cada paciente. Caminar, realizar ejercicios de fuerza y practicar actividades para mejorar el equilibrio pueden formar parte de un programa individualizado, preferentemente con orientación profesional cuando existen dificultades motoras o riesgo de caídas.
¿Qué limitaciones tiene la investigación?
Los autores advierten que los resultados deben interpretarse con cautela. El estudio fue observacional, por lo que no permite establecer una relación directa de causa y efecto: las personas con síntomas menos graves podrían tener mayor facilidad para mantenerse activas.
Además, muchos participantes conservaban buenas capacidades cognitivas al inicio de la investigación. Por ello, se necesitan estudios adicionales que permitan determinar si aumentar la actividad física modifica la evolución de la enfermedad y qué tipo, intensidad y duración de ejercicio ofrecen mayores beneficios.
Una estrategia complementaria para el Parkinson
La actividad física es una herramienta importante para mantener la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la autonomía de las personas con Parkinson. Los hallazgos de esta investigación también sugieren una posible relación favorable con la conservación de las capacidades cognitivas.
En conclusión, mantenerse físicamente activo podría asociarse con un deterioro más lento de algunos síntomas motores y cognitivos del Parkinson. Aunque todavía no se ha demostrado que el ejercicio detenga la enfermedad, incorporarlo a un plan de atención individualizado puede contribuir a mejorar la funcionalidad y la calidad de vida.
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