— Agencias 09/10/2026
La actividad física podría ayudar a ralentizar el deterioro motor y cognitivo asociado con la enfermedad de Parkinson, según un estudio publicado el 7 de octubre en la revista Neurology.
La investigación encontró que los pacientes más activos presentaban una progresión más lenta de los problemas de movimiento, pensamiento y memoria. Los mayores beneficios se observaron en quienes realizaban más de ocho horas de actividad física por semana.
El estudio incluyó a cerca de 300 personas con Parkinson leve a moderado, con una edad promedio de 66 años, a quienes se les dio seguimiento durante un máximo de siete años. Los participantes informaron cuánto tiempo dedicaban semanalmente a actividades físicas laborales, domésticas y recreativas, además de someterse a evaluaciones anuales de sus síntomas y capacidades cognitivas.
Los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos: quienes realizaban menos de cuatro horas de actividad por semana, quienes acumulaban entre cuatro y ocho horas y quienes superaban las ocho horas. Los resultados mostraron que el grupo más activo experimentó un deterioro más lento, incluso después de considerar otros factores que podrían influir en la evolución de la enfermedad.
Asimismo, se identificaron posibles beneficios relacionados con el ejercicio vigoroso, como correr, practicar ciclismo a alta velocidad, jugar tenis individual o realizar actividades que impliquen un esfuerzo físico considerable.
Aunque los mecanismos todavía no se comprenden por completo, los científicos plantean que el ejercicio podría favorecer la circulación sanguínea cerebral, disminuir la inflamación de las células nerviosas y estimular la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse. También podría promover la liberación de sustancias que contribuyen a proteger las neuronas.
El investigador principal, Dong-Woo Ryu, de la Universidad de Cincinnati, destacó que los beneficios podrían depender tanto del tiempo dedicado a la actividad física como de la constancia a lo largo de los años.
Sin embargo, los autores advirtieron que las diferencias observadas fueron relativamente pequeñas y que los resultados deben interpretarse con cautela, debido a que los participantes generalmente conservaban buenas capacidades cognitivas al inicio del estudio.
Los hallazgos sugieren que mantenerse físicamente activo podría ser una estrategia complementaria para preservar la función motora y cognitiva en personas con Parkinson, aunque se necesitan más investigaciones para confirmar la magnitud de estos efectos.
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