Del proyecto a los resultados: ¿Puede el Plan México llevarnos a ser la décima economía del mundo?

— Víctor M. Cuevas Ahumada 09/10/2026

Quizá la meta más ambiciosa del Plan México, presentado originalmente el 13 de enero de 2025, sea “pasar de ser la economía 12 en el mundo a ser la décima” hacia el año 2030. En el comunicado de la Presidencia de la República de esa misma fecha se señala también: “Pasamos en 2018, de ser la economía número 15 en el mundo a ser la economía número 12”. Todo indica que, para llegar a esa conclusión, el gobierno mexicano tomó como referencia la comparación internacional del Producto Interno Bruto (PIB) expresado en dólares corrientes, publicada por el Banco Mundial (BM) en sus Indicadores del Desarrollo Mundial (IDM).

De acuerdo con esa métrica, México ocupaba el lugar 15 entre las economías de mayor tamaño del mundo en 2018 y, con las cifras publicadas por el BM en 2024, el país escaló al lugar 12. Sin embargo, revisiones posteriores del BM modificaron ese ordenamiento y el dato final ubica a México en la posición 13, en lugar de la 12, en 2023. El problema de realizar la comparación en dólares corrientes radica en que una apreciación del peso puede elevar el valor del PIB mexicano expresado en dólares y, con ello, hacer que México escale posiciones en el ranking mundial, aun cuando el volumen real de producción no haya aumentado.

Esto es consistente con el hecho de que, de acuerdo con datos del Banco de México, el tipo de cambio FIX promedio anual pasó de 19.24 pesos por dólar en 2018 a 17.76 en 2023, una disminución de aproximadamente 7.7%. Esta apreciación elevó, por sí misma, el valor del PIB mexicano expresado en dólares, independientemente de lo ocurrido con el volumen real de producción, y contribuyó a mejorar la posición de México en el ranking internacional.

Lo más apropiado hubiera sido utilizar dólares internacionales con paridades del poder adquisitivo (PPA) para comparar el tamaño de las distintas economías. Las PPA permiten convertir las diferentes monedas a una moneda común, corrigiendo al mismo tiempo las diferencias existentes en los niveles de precios entre países y, por tanto, equiparando su poder adquisitivo. En este caso, una apreciación o depreciación cambiaria no modifica de manera mecánica el valor del PIB medido en dólares internacionales, pues la conversión se hace mediante las PPA y no mediante la cotización de mercado de cada moneda frente al dólar. Se infiere claramente que el gobierno mexicano no utilizó esta métrica, pues, de acuerdo con ella, en 2018 la economía mexicana ocupaba el lugar número 12 en el ranking —en lugar del 15—, mientras que en 2023 se ubicaba en la posición 13. Es decir, bajo la medición por PPA,

México descendió una posición en el ranking, en contraste con la mejoría señalada por el gobierno a partir de la medición en dólares corrientes.

Por lo tanto, la elección de la métrica —dólares corrientes o PPA— modifica sustancialmente la narrativa gubernamental sobre el desempeño relativo de la economía mexicana en el periodo 2018-2023. Por otra parte, en 2025, de acuerdo con los IDM, la economía mexicana pasó de la posición 13 a la 14 cuando el PIB se mide en dólares corrientes; es decir, siguiendo la métrica adoptada por el gobierno. En cambio, si se utilizan las PPA, México permaneció en la posición 13 en 2025.

Para evaluar la posibilidad de que México se convierta en la décima economía del mundo hacia 2030, como se plantea en el Plan México, lo más conveniente es utilizar el PIB medido mediante PPA. Esta elección se justifica no sólo porque en 2025 esta métrica ubica a la economía mexicana más cerca de la meta, sino también porque no depende directamente del comportamiento del tipo de cambio de mercado. Dicho de otro modo, al emplear PPA es posible enfocar el análisis en las diferencias actuales de tamaño y en las trayectorias proyectadas de crecimiento de las economías que México tendría que desplazar en el ranking.

Para dimensionar el desafío del Plan México, debe considerarse que nuestro país, al ocupar el lugar 13 en el ranking por PPA, tendría que superar a Italia, Turquía y Reino Unido, que se encuentran, respectivamente, en los lugares 12, 11 y 10. En este marco, la economía italiana supera a la mexicana en 9.3%, la turca en 10.5% y la del Reino Unido en 32.9%. Pero también hay que mirar por el espejo retrovisor, puesto que Corea del Sur ocupa la posición 14 y está muy próxima a rebasar a México, con un PIB apenas 1.3% menor. Es decir, infortunadamente, México está mucho más cerca de caer al lugar 14 que de avanzar al 12.

Conviene señalar, además, que las naciones mencionadas tienen una población considerablemente menor que la de México, lo cual permite dimensionar el enorme rezago de México en términos de PIB por habitante. De acuerdo con estimaciones propias basadas en datos de los IDM, la población de México es aproximadamente 2.6 veces la de Corea del Sur, 2.2 veces la de Italia, 1.9 veces la del Reino Unido y 1.5 veces la de Turquía.

Dado que las economías referidas continuarán expandiéndose, a la economía mexicana no le basta con crecer para alcanzar la décima posición del planeta, sino que tendría que hacerlo a un ritmo mucho más acelerado. Para esto, el Plan México contempla medidas como elevar la inversión a 25% del PIB, acrecentar el contenido nacional de la producción, fortalecer la proveeduría local, mejorar el marco regulatorio para las nuevas inversiones e impulsar la formación de técnicos y profesionistas. Aunque son medidas loables, su instrumentación representa un gran desafío y, aun si llegaran a materializarse, probablemente resultarán insuficientes si México no revierte su caída en el índice de Estado de Derecho —un factor fundamental para fortalecer la confianza de los inversionistas— y si continúa rezagándose —incluso respecto al promedio de América Latina y el Caribe— en la captación de capital fresco asociado al nearshoring, como se señala en colaboraciones previas.

Finalmente, conviene preguntarse a qué tasa necesitaría crecer el PIB de México para superar al de sus contrapartes y alcanzar la posición 10 en 2030. Para realizar este ejercicio tendríamos que suponer, en primer lugar, que las economías de Italia, Turquía y Reino Unido crecen de acuerdo con lo proyectado en el documento Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) y, en segundo lugar, que México rompe drásticamente con las proyecciones y sorprende al mundo con un crecimiento mucho mayor al previsto. Estimaciones propias, basadas en las proyecciones del FMI, arrojan resultados bastante reveladores. Entre 2026 y 2030, para superar a Italia, Turquía y Reino Unido, México tendría que crecer a una tasa media anual de 2.5%, 5.9% y 7.4%, respectivamente.

En este contexto, el último año en que se registró una tasa de crecimiento del PIB superior al 7% fue 1997. Entre 1998 y 2025, la economía mexicana creció a una tasa media anual de apenas 1.8%. Un cambio tan drástico en la tendencia de crecimiento de los últimos 27 años difícilmente podrá lograrse sin una mejora sustancial en el entorno institucional y, en particular, en el Estado de Derecho. Si, además de acciones concretas en el ámbito económico, no se demuestra una inequívoca voluntad política para revertir el deterioro institucional registrado desde 2019, es poco realista pensar que el país recuperará plenamente la confianza de los inversionistas, particularmente de los foráneos, y que se logrará colocar a la economía mexicana en un sendero de crecimiento suficientemente vigoroso, ya no digamos para subir tres posiciones en el ranking mundial, sino siquiera para evitar que Corea del Sur nos dé la sorpresa y termine desplazándonos del lugar 13. Sin duda, los datos hablarán por sí mismos, pero quizá para entonces sea demasiado tarde.

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