Los autos del futuro ya despegaron

— Hugo González 08/10/2026

La industria automotriz está viviendo una transformación tan acelerada que pronto tendremos que dejar de preguntar cuántos caballos de fuerza tiene un vehículo para averiguar cuántos algoritmos, robots y astronautas lleva incluidos. Si todavía crees que hablar de automóviles significa discutir torque, cilindrada y kilómetros por litro, te quedaste estacionado en el siglo pasado mi hermano.

La evolución tecnológica está convirtiendo a las armadoras en empresas de software, inteligencia artificial, robótica y movilidad. Ya no basta con fabricar coches bonitos que hacen rugir el motor para impresionar a la Majo o Anasofi. Ahora hay que desarrollar vehículos capaces de actualizarse por internet, conducir autónomamente, utilizar hidrógeno y, si las cosas salen bien, hasta pasearse por la Luna.

México tampoco puede quedarse mirando el espectáculo desde la banqueta. Aunque las exportaciones automotrices ya fueron superadas por las de componentes electrónicos, la reinvención de esta industria representa una oportunidad para que el país deje de presumir únicamente su capacidad de ensamblaje y comience a desarrollar tecnología propia.

Por eso resulta interesante que el Tecnológico de Monterrey haya organizado un encuentro esta semana, enfocado en desarrollar ingeniería y software automotriz en México. La intención es reducir la dependencia tecnológica del extranjero y preparar proveedores nacionales para participar en la cadena de suministro de electromovilidad.

Hasta el gobierno parece haber entendido que la electromovilidad no se construye con buena onda. Nacional Financiera (Nafin) destinó un fondo de 278 millones de pesos para incentivar la adquisición y adopción de vehículos eléctricos entre pequeñas y medianas empresas. No es dinero suficiente para electrificar todo el parque vehicular, pero al menos ya es algo.

Pero mientras México intenta subirse al vehículo de la innovación, Hyundai Motor Group presentó recientemente en Alemania su estrategia para el automóvil del futuro. Los coreanos decidieron que apostar todo a una sola tecnología sería tan inteligente como invertir todos los ahorros en una sola criptomoneda.

Por eso trabajan simultáneamente en cuatro alternativas como vehículos eléctricos de batería, híbridos, eléctricos de rango extendido e hidrógeno.

La primera apuesta contempla ampliar su familia de eléctricos puros, encabezada por la línea IONIQ, mediante baterías de nueva generación que prometen reducir hasta 40% los tiempos de recarga. La segunda tecnología corresponde a los vehículos eléctricos de rango extendido (EREV). Estos automóviles utilizan propulsión completamente eléctrica, pero incorporan un pequeño motor de gasolina cuya función es generar electricidad para recargar la batería mientras circulan.

Hyundai tampoco abandona los híbridos convencionales. Su nueva transmisión TMED-II busca mejorar el consumo de combustible y la entrega de potencia, particularmente en recorridos urbanos donde los embotellamientos y marchas son la sopa de todos los días.

La cuarta alternativa utiliza celdas de combustible de hidrógeno, principalmente para transporte de carga y flotas pesadas. Aquí todavía existen desafíos de infraestructura y costos, pero la compañía mantiene pruebas operativas.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante está debajo de la carrocería. Hyundai incorpora inteligencia artificial y software conectado para recopilar información del funcionamiento de sus vehículos, procesar datos y distribuir actualizaciones inalámbricas después de la compra. Así el automóvil empieza a comportarse como un teléfono inteligente con ruedas. Lo compras hoy y mañana podrías recibir nuevas funciones sin visitar el taller. Esperemos que no te cobren suscripciones mensuales para activar limpiaparabrisas o te soples cientos de anuncios comerciales.

En México, la estrategia comercial de Hyundai para 2026-2030 contempla una ofensiva de 36 nuevos modelos, con prioridad para los híbridos, incluyendo la Tucson 2027, además de pick-ups y SUV adaptados a las necesidades regionales, como la nueva Venue (ya préstenla).

No todas las tecnologías anunciadas llegarán inmediatamente a nuestro mercado, pero los coreanos ya preparan el terreno para una competencia donde el software será tan importante como el motor.

Pero si Hyundai pretende convertir los automóviles en computadoras rodantes, Toyota decidió que limitarse a las carreteras terrestres resulta demasiado aburrido.

La firma japonesa, líder mundial en ventas de vehículos, avanza hacia su transformación como empresa de movilidad bajo una filosofía denominada Movilidad para Todos. Su estrategia combina electrificación, autonomía, robótica, hidrógeno y plataformas de transporte.

El ejemplo más espectacular es el Lunar Cruiser, un vehículo presurizado y tripulado que Toyota desarrolla desde 2019 junto con la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA).

Es cierto. Mientras algunos fabricantes siguen peleando por vender camionetas más grandes para circular por las congestionadas calles de Polanco, Toyota trabaja en un vehículo para recorrer la superficie lunar. El Lunar Cruiser utiliza celdas de combustible de hidrógeno y funciona como laboratorio para desarrollar tecnologías de eficiencia energética y supervivencia en condiciones extremas. Algunas soluciones podrían encontrar posteriormente aplicaciones en vehículos terrestres.

Toyota también desarrolla e-Palette, una plataforma eléctrica, autónoma y modular que puede convertirse en transporte colectivo, tienda móvil u oficina rodante.

De acuerdo con Takaaki Kuga, presidente de Toyota Motor de México, la misión de la compañía consiste en generar felicidad para todos mediante una movilidad que abra nuevas posibilidades.

La filosofía también contempla personas con dificultades para desplazarse. Su prototipo JUU es una silla de ruedas eléctrica diseñada para subir y bajar escalones de hasta 16 centímetros, mientras que Yosh-e puede acoplarse a una silla convencional para convertirla en una alternativa eléctrica.

Aquí aparece una diferencia fundamental respecto de la vieja industria automotriz pues el negocio ya no consiste exclusivamente en vender vehículos particulares, sino en resolver problemas de movilidad.

Toyota busca integrar automóviles, transporte urbano, exploración espacial y dispositivos de asistencia personal dentro de un ecosistema tecnológico. La apuesta parece salida de una película de ciencia ficción, pero también plantea una pregunta para México: ¿queremos fabricar las piezas del futuro o participar en su diseño?

Producir millones de vehículos está muy bien, pero desarrollar sus algoritmos, baterías y plataformas tecnológicas podría resultar todavía mejor.

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