Padre Coss: la violencia ya se volvió parte de la cotidianidad

— Daniela Cordova 08/10/2026

El sacerdote llamó a no normalizar los homicidios y promover la paz desde los hogares para sanar la sociedad.

La violencia no distingue género, preferencias sexuales ni condición social, y el mayor riesgo está en que la sociedad se ha acostumbrado a ella, consideró el padre Antonio Coss, párroco de la iglesia San José Obrero, al referirse al caso del joven Abel, de Frontera, cuya muerte presuntamente está relacionada con un integrante de la comunidad LGBT aunque dejó en claro que no hay que referir los hechos violentos solo a esta situcación, ya que esta conducta se ha normalizado. 

Ante los hechos, el sacerdote planteó que cualquier acto de violencia debe ser rechazado, sin importar quién sea la víctima o a qué grupo pertenezca. La dignidad de toda persona, sostuvo, merece respeto y protección, mientras que la discriminación y los crímenes de odio resultan inadmisibles.

Violencia que ya no sorprende. 

Coss recordó que años atrás un homicidio o un robo representaban una noticia que llamaba la atención de toda la comunidad; incluso los voceadores recorrían las calles para vender los periódicos con esos hechos como principal información. La realidad actual es distinta. Las noticias sobre asesinatos y otros delitos aparecen con frecuencia, hasta el punto de que la violencia puede percibirse como una situación generalizada. Para el sacerdote, esa exposición constante también puede disminuir las restricciones emocionales o morales que deberían existir antes de cometer un delito.

No tiene género ni preferencia. 

En relación con el caso de Abel Bernardo Castillo de 21 años, el sacerdote consideró importante no reducir la violencia a una determinada comunidad. Recordó otros episodios recientes en los que las víctimas y los responsables pertenecían a contextos diferentes, como casos de violencia contra mujeres y familias.“No focalicemos el caso específico como si la violencia no fuera algo que se vive en general”, planteó, al considerar que hoy la víctima puede pertenecer a una comunidad y mañana, lamentablemente, a cualquier otro entorno.

La postura también incluyó un rechazo a cualquier agresión motivada por el credo, preferencia sexual, situación social o color de piel. El respeto a la dignidad humana, insistió, debe mantenerse independientemente de las circunstancias.

Sanar desde las acciones cotidianas.

Frente a este panorama, el sacerdote llamó a recuperar la responsabilidad individual como una vía para construir una sociedad menos violenta. La paz, explicó, no solamente depende de grandes acciones, sino también de la manera en que cada persona enfrenta los conflictos cotidianos.

Evitar los gritos cuando alguien se atraviesa en el automóvil, mantener la tolerancia en una fila, no generar odio en redes sociales y ayudar a otras personas forman parte de esas pequeñas acciones que pueden modificar el entorno.

La propuesta, resumió, parte de un ejercicio personal:

“Si tú sanas, tu familia sanará contigo”, con la idea de que las familias puedan avanzar juntas hacia una comunidad menos marcada por la violencia.

El mensaje central del sacerdote es que la violencia no debe convertirse en una costumbre. Frente a una realidad en la que los homicidios y otros delitos aparecen cada vez con mayor frecuencia, la invitación es a recuperar la empatía, la tolerancia y el respeto desde el ámbito más cercano: la propia persona, la familia y la comunidad.

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