— Mario Alemán 07/10/2026
Lo que para muchos termina en la basura, para otros representa un ingreso diario y para la industria se convierte en una mercancía cuyo valor puede alcanzar cientos de miles o incluso millones de pesos cuando se comercializa por toneladas.
En Coahuila, la compra y venta de chatarra forma parte de una cadena económica que comienza con recolectores que recorren calles y colonias, continúa en pequeños establecimientos y depósitos, y llega hasta recicladoras capaces de manejar decenas o más de 100 toneladas diariamente.
Aunque los testimonios para dimensionar esta actividad fueron recabados en Monclova, los precios y la dinámica descrita permiten observar cómo funciona este mercado y cuáles son los factores que determinan su rentabilidad.
El precio cambia según el material
De acuerdo con Gerardo Rivero, propietario de una chatarrera en Monclova, el cobre de primera se compra actualmente en alrededor de 180 pesos por kilogramo, mientras que el cobre de segunda alcanza los 170 pesos. El bronce llega a 120 pesos por kilogramo y el aluminio ronda los 35 pesos. En materiales de menor valor, el PET cristalino se compra en aproximadamente 5.50 pesos por kilogramo, la reguilla de PP en 2.50 pesos, el fierro o chatarra general en 2 pesos y el cartón en apenas 1 peso. La diferencia resulta mucho mayor cuando los precios se trasladan a toneladas.
Una tonelada puede valer 2 mil o 180 mil pesos
Una tonelada de fierro representa aproximadamente 2 mil pesos; una de aluminio, 35 mil pesos; y una de cobre de primera, 180 mil pesos. Entre una tonelada de fierro y una de cobre de primera existe una diferencia de 178 mil pesos. El ejemplo permite entender por qué la clasificación es uno de los elementos fundamentales del negocio: una carga de igual peso puede tener un valor completamente distinto dependiendo del material.
El recolector vive del volumen
En el primer eslabón de esta cadena se encuentran personas como Fernando Martínez conocido como La Magua dedicado a la recolección de chatarra en Monclova. Un recolector puede reunir aproximadamente entre 30 y 70 kilogramos durante una jornada, dependiendo del material localizado y de su capacidad de transporte. Una carga de 50 kilogramos de fierro tendría un valor aproximado de 100 pesos, mientras que la misma cantidad de cartón representaría unos 50 pesos.
En contraste, 10 kilogramos de aluminio equivaldrían a 350 pesos, mientras que cinco kilogramos de cobre de primera alcanzarían 900 pesos. En promedio, un recolector puede obtener entre 150 y 350 pesos netos diarios, dependiendo del material reunido y de los gastos relacionados con su actividad.
El negocio cambia cuando llegan las toneladas
Una chatarrera pequeña puede recibir aproximadamente entre 300 kilogramos y una tonelada diaria. Los depósitos medianos pueden manejar entre 3 y 8 toneladas, mientras que las grandes recicladoras industriales pueden alcanzar entre 20 y más de 100 toneladas diariamente. Una operación de 20 toneladas equivale a 20 mil kilogramos. Si hipotéticamente toda esa carga fuera aluminio, al precio señalado representaría 700 mil pesos en valor bruto del material.
Una operación de 100 toneladas del mismo material equivaldría a 3.5 millones de pesos. Estas cantidades son referencias matemáticas y no representan utilidades ni facturación real de una empresa, ya que las cargas son mixtas y deben descontarse costos de transporte, almacenamiento, trabajadores, clasificación, maquinaria y comercialización.
¿Dónde está realmente la rentabilidad?
Para el economista Ramón García, el precio de venta por kilogramo no debe confundirse con la utilidad del negocio. La rentabilidad depende del margen que queda después de cubrir los costos de operación. Conforme aumenta el volumen, algunos gastos pueden distribuirse entre una mayor cantidad de kilogramos, reduciendo el costo unitario. También influye la capacidad para separar y clasificar correctamente los materiales, ya que vender una carga mezclada no necesariamente genera el mismo ingreso que comercializar por separado cobre, aluminio, bronce o fierro.
Desde esta perspectiva, el negocio de la chatarra depende de cuatro factores principales: precio, volumen, costos y mercado de destino. Para un recolector, reunir unos cuantos kilos representa horas de trabajo y esfuerzo físico. Para una empresa que moviliza toneladas, el volumen permite negociar, organizar el transporte y buscar compradores de mayor escala.
Una actividad que conecta a Coahuila con otros mercados
La cadena comercial no termina necesariamente en la ciudad donde se recupera el material. Parte de la chatarra puede concentrarse y posteriormente enviarse a otros mercados, con Monterrey entre los destinos a los que pueden dirigirse estos productos, dependiendo del tipo de material, volumen y condiciones de comercialización. Así, un objeto abandonado en una colonia puede pasar por varias manos antes de convertirse nuevamente en materia prima.
Lo que otros tiran también genera economía
Los números muestran una actividad donde el valor cambia radicalmente de acuerdo con el material y la escala. Un recolector puede obtener 150 a 350 pesos netos durante una jornada, mientras que una operación industrial puede manejar decenas o más de 100 toneladas diariamente. Un kilogramo de fierro puede valer apenas 2 pesos, pero un kilogramo de cobre de primera alcanza 180 pesos. Cuando esas cantidades se multiplican por miles de kilogramos, el residuo deja de ser solamente basura y se convierte en mercancía.
En Coahuila, la chatarra representa así una actividad económica que genera ingresos desde el recolector hasta las grandes operaciones de reciclaje, con un negocio cuyo resultado final depende de cuánto material se consigue, cuánto cuesta moverlo y a qué precio logra colocarse nuevamente en el mercado.
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