Huesos y cerebro: la densidad ósea podría revelar riesgo de deterioro cognitivo

— Agencias 06/10/2026

La densidad mineral ósea podría proporcionar información que va más allá de la salud de los huesos.

Un estudio publicado en septiembre de 2026 por investigadores de Johns Hopkins University encontró que una menor densidad ósea en las vértebras se relaciona con cambios en la estructura cerebral y con un deterioro cognitivo más rápido en adultos.

La investigación utilizó inteligencia artificial para analizar tomografías computarizadas de tórax realizadas por otros motivos médicos. Los investigadores observaron que las personas con menor densidad mineral ósea presentaban una mayor progresión de alteraciones en la sustancia blanca cerebral y cambios posteriores en pruebas de memoria y función ejecutiva.

El hallazgo resulta interesante porque una tomografía de tórax que ya fue realizada por motivos clínicos podría contener información adicional sobre otros aspectos de la salud del paciente.

Sin embargo, existe una distinción fundamental: el estudio encontró una asociación, no demuestra que tener huesos menos densos provoque demencia o deterioro cognitivo.

¿Cómo se realizó el estudio?

Los investigadores analizaron información del estudio MESA (Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis).

Inicialmente se evaluaron datos de 2,086 participantes y finalmente se seleccionaron 715 personas que contaban con información suficiente sobre densidad ósea, imágenes cerebrales y evaluaciones cognitivas.

Mediante un algoritmo de aprendizaje profundo, los científicos pudieron estimar la densidad mineral de las vértebras utilizando tomografías de tórax sin contraste.

Posteriormente compararon estos resultados con los cambios observados en el cerebro y el rendimiento cognitivo durante el seguimiento.

¿Qué encontraron?

Las personas que presentaban una menor densidad ósea vertebral mostraron una mayor progresión de lesiones en la sustancia blanca cerebral.

Entre las regiones donde se observaron cambios se encontraban el cuerpo calloso y la extremidad anterior de la cápsula interna, estructuras que participan en la comunicación entre diferentes áreas cerebrales.

Además, una mayor progresión de estos cambios se relacionó con un deterioro más rápido en determinadas medidas de memoria y función ejecutiva.

Esto plantea la posibilidad de que determinadas características de los huesos puedan actuar como un indicador de procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.

¿Qué relación existe entre los huesos y el cerebro?

La conexión entre ambos sistemas es un área de investigación cada vez más estudiada.

El envejecimiento puede producir cambios simultáneos en diferentes órganos y tejidos. Factores como la inflamación, alteraciones vasculares, resistencia a la insulina y cambios hormonales pueden influir tanto en la salud ósea como en la cerebral.

Por ejemplo, determinadas alteraciones metabólicas pueden afectar la formación y mantenimiento del tejido óseo y, al mismo tiempo, relacionarse con cambios en la salud vascular y cerebral.

Por esta razón, los investigadores plantean que la relación entre densidad ósea y deterioro cognitivo podría reflejar mecanismos biológicos compartidos, más que una relación directa de causa y efecto.

¿La osteoporosis puede causar demencia?

No se puede afirmar eso a partir de este estudio.

Tener una densidad mineral ósea baja no significa que una persona vaya a desarrollar demencia.

Lo que la investigación muestra es que existe una asociación entre menor densidad ósea, determinados cambios cerebrales y una evolución cognitiva menos favorable.

Todavía es necesario determinar qué factores explican esta relación y si mejorar la salud ósea puede modificar el riesgo de deterioro cognitivo.

Por ello, sería incorrecto utilizar la densidad ósea como una prueba diagnóstica de demencia.

¿Podrían utilizarse las tomografías para identificar riesgo cerebral?

Aquí se encuentra una de las posibilidades más interesantes de la investigación.

Las tomografías de tórax se realizan con frecuencia para evaluar problemas pulmonares, cardiovasculares y otras enfermedades. Si los algoritmos de inteligencia artificial pueden analizar automáticamente las vértebras presentes en estas imágenes, una exploración realizada por otro motivo podría proporcionar información adicional sobre la salud ósea.

En el futuro, este tipo de herramientas podría ayudar a identificar a personas que necesitan una evaluación más completa de su salud ósea o de determinados factores de riesgo.

Sin embargo, todavía no significa que todas las tomografías de tórax deban utilizarse como pruebas de detección de demencia. Se necesitan estudios adicionales para establecer cómo podría incorporarse esta tecnología a la práctica clínica.

¿Existen investigaciones previas?

La relación entre densidad ósea y deterioro cognitivo no es completamente nueva.

Investigaciones anteriores también han encontrado asociaciones entre una menor densidad mineral ósea y un mayor riesgo posterior de demencia. Estos trabajos, junto con el estudio de 2026, respaldan la necesidad de seguir investigando la posible conexión entre ambos procesos.

La evidencia acumulada apunta a una relación, pero todavía no permite establecer que la pérdida de densidad ósea sea directamente responsable del deterioro cognitivo.

¿Qué se puede hacer para proteger huesos y cerebro?

Aunque todavía no existe una estrategia específica para prevenir el deterioro cognitivo basada únicamente en la densidad ósea, mantener una buena salud general puede beneficiar a ambos sistemas.

Entre las medidas importantes se encuentran:

Realizar actividad física regular, incluyendo ejercicios de fuerza y actividades con carga cuando sean apropiados.

Mantener una alimentación equilibrada con suficiente calcio y vitamina D de acuerdo con las necesidades individuales.

Evitar el tabaquismo.

Moderar el consumo de alcohol.

Controlar enfermedades como diabetes, hipertensión y alteraciones del colesterol.

Evaluar la salud ósea cuando existan factores de riesgo para osteoporosis.

Estas medidas no garantizan prevenir la demencia, pero forman parte de un enfoque integral para reducir factores de riesgo cardiovascular, metabólico y musculoesquelético.

¿Qué significa este descubrimiento?

El principal aporte del estudio es mostrar que la salud ósea y la salud cerebral podrían estar más relacionadas de lo que tradicionalmente se consideraba.

La inteligencia artificial también abre una posibilidad interesante: aprovechar estudios de imagen que ya se realizan por motivos clínicos para obtener información adicional sobre otros riesgos de salud.

Pero todavía queda una pregunta fundamental por responder: si intervenir sobre los factores que deterioran la salud ósea puede modificar también el riesgo de deterioro cognitivo.

Por ahora, la baja densidad mineral ósea debe considerarse un posible marcador asociado al envejecimiento cerebral, no una causa demostrada de demencia ni una prueba diagnóstica de esta enfermedad.

La investigación refuerza, eso sí, una idea importante: cuidar la salud de los huesos no debería verse como un objetivo aislado, sino como parte de un enfoque integral del envejecimiento saludable.

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