— Marco Orozco 06/10/2026
Café, botanas, transporte, compras por impulso y plataformas pueden representar miles de pesos al año.
Un café por la mañana, una botella de agua, unas frituras, una compra por internet, un traslado en taxi o una suscripción que se cobra automáticamente pueden parecer gastos demasiado pequeños para modificar las finanzas personales.
El problema aparece cuando dejan de ser compras aisladas y se convierten en parte de la rutina. Un ejercicio realizado con precios de productos y servicios de consumo cotidiano utilizados como referencia en Monclova muestra que este tipo de desembolsos pueden alcanzar hasta 3 mil 228 pesos al mes, equivalentes a 38 mil 736 pesos al año. La cifra corresponde a una selección de consumos y no representa el gasto promedio de los habitantes de Monclova ni de Coahuila*.
Los precios pueden cambiar entre establecimientos, ciudades y personas, mientras que los hábitos de consumo también modifican considerablemente el resultado. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros, CONDUSEF, identifica este tipo de desembolsos como gastos hormiga y advierte que, al acumularse, pueden afectar la capacidad de ahorro.
Lo pequeño termina pesando
En el día a día, muchos de estos gastos parecen inofensivos. Un café puede costar alrededor de 90 pesos en una cafetería o unos 45 pesos en una tienda de conveniencia; una botella de agua ronda los 20 pesos, un refresco 25 y una bolsa de frituras individual otros 25 pesos. Un desayuno económico puede representar alrededor de 100 pesos y una comida en una fonda hasta 145 pesos. También aparecen los traslados, con viajes cortos en taxi de entre 60 y 90 pesos; estacionamientos de unos 20 pesos por hora y servicios como la boleada de zapatos, que puede alcanzar los 60 pesos.
Para Reynaldo Cobarrubias, precisamente las compras rápidas son las que pueden terminar afectando más al bolsillo cuando se vuelven frecuentes. “Esas idas a la tienda u Oxxo, esos gastos hormiga, al final del día son los que más calan”, señaló. El problema no necesariamente está en realizar una compra de 20 o 30 pesos, sino en repetirla una y otra vez sin contabilizarla. Un gasto de 20 pesos diario representa 600 pesos al mes y 7 mil 200 pesos al año. La tiendita y las compras por impulso. Las tiendas de conveniencia concentran buena parte de estos consumos: botanas, dulces, bebidas y productos que se adquieren sin que necesariamente estén contemplados dentro del presupuesto.
Galilea Lira también identifica las compras por internet como otra vía por la que el dinero puede salir casi sin que el consumidor lo perciba. “Los típicos gastos en botanas en tiendas de conveniencia, compras en línea de cosas no precisamente necesarias, pero que influyen debido al marketing de las redes sociales”, explicó. En una compra aislada, 15, 20 o 25 pesos pueden parecer poco. Pero cuando se suman durante semanas, esos pequeños desembolsos pueden convertirse en cientos o incluso miles de pesos.
No todo sale de la cartera
Los gastos hormiga tampoco se limitan al efectivo. Las plataformas digitales representan otra salida de dinero que puede pasar desapercibida porque el cobro se realiza automáticamente. Entre las referencias utilizadas aparecen Netflix, Spotify, Disney+ y Amazon Prime, con mensualidades de 139, 139, 119 y 99 pesos, respectivamente. Mantener los cuatro servicios representaría 496 pesos al mes, aunque se trata solamente de un ejemplo y no de un gasto que necesariamente tenga cada consumidor.
En telefonía también existen diferencias. Algunas personas realizan recargas periódicas, mientras otras tienen planes mensuales que pueden alcanzar los 499 pesos, como ocurrió en uno de los casos consultados para este ejercicio. La diferencia está en que un plan de telefonía o una plataforma digital puede permanecer activo durante meses y continuar generando cargos aunque su usuario no lo considere dentro de sus gastos cotidianos.
Los gastos hormiga también están en el banco
Antonia Rodríguez, estudiante de Contaduría Pública en Monclova, considera que el problema puede ir incluso más allá de las compras de comida o entretenimiento. “La compra de botanas, envíos, compras por impulso e incluso las comisiones bancarias, ya que estos son gastos que nuestra mente ve como irrelevantes porque son pequeños, pero poco a poco se acumulan sin poder hacer un cálculo total”, explicó. Su recomendación es comenzar por identificar exactamente hacia dónde se está yendo el dinero. “Llevar un registro de todos tus gastos por más pequeños que sean, revisar tus estados de cuenta, clasificar tus gastos desde los más necesarios hasta los más pequeños”, señaló.
Rodríguez también planteó que el dinero que normalmente se destina a pequeños consumos puede convertirse en un ahorro para objetivos de mayor importancia. Tomando como referencia una cantidad cercana a los 38 mil pesos acumulados en un año, señaló que podría servir para enfrentar una emergencia o incluso convertirse en parte del enganche de un automóvil. Además, consideró que una vez generado el hábito del ahorro, ese dinero puede destinarse a instrumentos de inversión y crecer con el paso del tiempo mediante los rendimientos y el interés compuesto.
No se trata de dejar de gastar
Desde Nueva Rosita, el fisioterapeuta Carlos Guajardo coincidió en que estos desembolsos pueden pasar desapercibidos precisamente por su tamaño. “Este tipo de desembolsos suelen pasar desapercibidos porque representan cantidades pequeñas”, explicó. Entre los gastos que identifica están los productos de comida chatarra y las suscripciones de aplicaciones que permanecen activas aunque ya no sean utilizadas con frecuencia.
Guajardo recomendó llevar un control de los ingresos y dividirlos de acuerdo con las necesidades de cada persona o familia, considerando primero rubros como los gastos del hogar, la salud y una alimentación adecuada. Sin embargo, consideró que tampoco es necesario eliminar completamente los pequeños gustos. La alternativa, dijo, es asignarles un porcentaje del ingreso para poder conservar la posibilidad de salir, comprar algún artículo o darse un gusto sin desplazar los gastos prioritarios ni los objetivos de ahorro. El mismo problema, distintas ciudades.
Las experiencias recopiladas en Monclova, Piedras Negras y Nueva Rosita muestran que los gastos hormiga pueden presentarse de distintas formas, aunque comparten una característica: son desembolsos que individualmente parecen poco importantes.
En Piedras Negras, las referencias apuntan a botanas, compras de conveniencia, alimentos, transporte y compras influenciadas por la publicidad digital. En Nueva Rosita, la atención se concentra también en las suscripciones y en la necesidad de ordenar el presupuesto para evitar que los pequeños pagos desplacen necesidades prioritarias. Y en Monclova, además de los consumos cotidianos, aparecen las compras por impulso y hasta las comisiones bancarias como parte de esos gastos que pueden permanecer fuera de la percepción diaria.
Los precios, por supuesto, no son iguales para todos. Cambian según la ciudad, el establecimiento, el producto elegido y los hábitos de cada consumidor. Por eso, más que establecer una tarifa estatal para los gastos hormiga, el ejercicio permite observar *cómo pequeñas cantidades pueden acumularse cuando forman parte de una rutina*.
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