Redes sociales y adolescentes: cómo reducir sus riesgos

— Agencias 05/10/2026

Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de muchos niños y adolescentes. Pueden servir para informarse, expresarse, relacionarse y encontrar comunidades de apoyo, pero también pueden generar problemas cuando su uso interfiere con el sueño, la convivencia, la autoestima o el bienestar emocional.

El impacto no depende únicamente de cuántas horas pasa un joven frente a una pantalla. También influyen el contenido que consume, la manera en que utiliza las plataformas, sus características personales y el entorno familiar y social.

Un metaanálisis que reunió 121 estudios internacionales encontró una asociación entre el uso excesivo de pantallas y una proporción importante de casos de depresión y obesidad en jóvenes. Sin embargo, estos resultados no demuestran que las redes sociales sean por sí mismas la causa directa de estos problemas.

Por ello, más que prohibirlas de manera general, los especialistas recomiendan prestar atención a cómo se utilizan y qué efectos tienen en cada adolescente.

¿Cómo reducir los efectos negativos?

Una estrategia útil consiste en establecer reglas claras dentro de la familia.

El aviso sobre redes sociales y salud mental juvenil de la Oficina del Cirujano General de Estados Unidos propone crear un plan familiar que establezca acuerdos sobre:

Horarios de uso.

Contenidos apropiados.

Privacidad.

Uso de dispositivos durante las comidas.

Tiempo destinado a actividades fuera de internet.

Momentos libres de tecnología.

Contar con reglas previamente acordadas puede facilitar el diálogo y evitar que la supervisión se convierta únicamente en una vigilancia constante.

El celular también debería tener momentos de descanso

Los especialistas recomiendan establecer espacios y horarios sin dispositivos.

Por ejemplo, evitar teléfonos y tabletas durante las comidas puede favorecer la convivencia familiar. También puede ser útil limitar el uso de dispositivos durante la hora previa a dormir y mantenerlos fuera de la habitación durante la noche, ya que su utilización puede interferir con el descanso.

La idea no es eliminar la tecnología, sino evitar que termine desplazando actividades importantes como dormir, convivir, hacer ejercicio, estudiar o desarrollar intereses fuera de internet.

Acompañar es más efectivo que solo vigilar

La supervisión de los adultos no debería limitarse a controlar cuánto tiempo pasa un adolescente conectado.

También es importante hablar sobre lo que ocurre en internet, conocer qué contenidos consume y ayudarlo a identificar situaciones que puedan generarle ansiedad, inseguridad o malestar.

Los adultos pueden conversar sobre temas como:

Privacidad y seguridad.

Ciberacoso.

Comparaciones físicas.

Contenido que afecta la autoestima.

Información falsa o poco confiable.

Publicaciones que generan angustia.

Además, madres, padres y cuidadores pueden servir como ejemplo al establecer hábitos digitales saludables en su propio comportamiento.

¿Qué hacer cuando las redes afectan la autoestima?

Los adolescentes pueden estar expuestos de manera repetida a publicaciones que generan comparaciones sobre el cuerpo, la apariencia, el estilo de vida o el éxito de otras personas.

Una recomendación es que aprendan a identificar cómo se sienten después de utilizar determinadas plataformas o cuentas.

Si una cuenta genera constantemente ansiedad, inseguridad o tristeza, puede ser conveniente dejar de seguirla, bloquear determinado contenido o reducir la interacción con esas publicaciones.

Desarrollar esta capacidad de reconocer las propias reacciones puede ayudar a construir un uso más consciente de las redes.

Ciberacoso: una señal que no debe ignorarse

El ciberacoso representa otro de los principales riesgos.

El anonimato y la velocidad con la que pueden difundirse los mensajes permiten que los contenidos ofensivos alcancen rápidamente a un gran número de personas.

Ante una situación de acoso, es importante buscar ayuda de un adulto o persona de confianza, utilizar las herramientas de denuncia disponibles en las plataformas y evitar compartir o reproducir mensajes, fotografías o videos utilizados para atacar a otra persona.

El adolescente no debería enfrentar solo este tipo de situaciones.

No todo uso de redes sociales es negativo

Las redes también pueden tener efectos positivos.

Para algunos jóvenes representan una oportunidad para encontrar personas con intereses similares, explorar su identidad, acceder a información y recibir apoyo social.

Incluso existen comunidades digitales que ofrecen acompañamiento entre pares y recursos educativos sobre salud mental. Sin embargo, es importante aprender a diferenciar entre información confiable y contenidos que promueven autodiagnósticos o consejos sin respaldo científico.

Por eso, el objetivo no necesariamente debe ser la desconexión absoluta, sino crear condiciones para que el uso de internet sea más seguro y equilibrado.

¿Importa más el tiempo o la forma de utilizar las redes?

La evidencia sugiere que la relación entre redes sociales y bienestar psicológico es más compleja que simplemente contar las horas de conexión.

El impacto puede variar según qué contenido se consume, cómo participa la persona, qué tan vulnerable es y qué ocurre en su vida fuera de internet.

Existe además una diferencia entre utilizar las redes de manera habitual y presentar un uso problemático, caracterizado por preocupación constante, pérdida de control, necesidad creciente de utilizarlas y malestar cuando no se puede acceder a ellas.

Estos patrones se han relacionado con síntomas de depresión, ansiedad y estrés, aunque una asociación no significa necesariamente que las redes sean la causa de estos problemas.

La clave: equilibri

Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX

ver en sitio completo: Redes sociales y adolescentes: cómo reducir sus riesgos