— Agencias 05/10/2026
A medida que la esperanza de vida aumenta, la menopausia y la posmenopausia pueden representar más de un tercio de la vida de una mujer.
Ante esta realidad, el Congreso Mundial de Menopausia, celebrado en Río de Janeiro, destacó la importancia de identificar y atender los síntomas desde etapas tempranas, con tratamientos adaptados a la historia clínica, los riesgos y las necesidades de cada paciente.
El encuentro reunió a alrededor de 4,000 profesionales de la salud y recibió 900 trabajos científicos. Una de las principales conclusiones fue que el climaterio debe abordarse desde una perspectiva integral, que incluya no solo los síntomas típicos, sino también la salud cardiovascular, metabólica, cerebral, emocional y laboral.
Menopausia, perimenopausia y climaterio: ¿son lo mismo?
La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa natural de la vida reproductiva. Se establece cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación.
La perimenopausia corresponde al periodo previo, durante el cual pueden aparecer irregularidades en los ciclos y diferentes síntomas relacionados con las fluctuaciones hormonales.
Por su parte, el climaterio engloba todo el proceso de transición hacia el final de la función reproductiva.
Sofocos, insomnio y otros síntomas
Los sofocos y los sudores nocturnos se encuentran entre las manifestaciones más frecuentes de esta etapa y pueden presentarse en aproximadamente 80% de las mujeres, especialmente durante la perimenopausia.
Cuando son persistentes, pueden interrumpir el sueño y ocasionar fatiga durante el día, dificultades de concentración y cambios en el estado de ánimo.
Sin embargo, los síntomas no se limitan a la sensación de calor. La disminución de los estrógenos puede acompañarse de:
Cambios en la distribución de la grasa corporal.
Elevación de la presión arterial.
Alteraciones del colesterol.
Mayor resistencia a la insulina.
Sequedad vaginal y molestias durante las relaciones sexuales.
Dolores articulares.
Cambios en la piel.
Alteraciones digestivas.
Insomnio.
Dificultades leves de atención y memoria.
La intensidad y duración de estas manifestaciones varían considerablemente. Algunas mujeres presentan molestias mínimas, mientras que en otras pueden interferir con las actividades cotidianas, las relaciones personales o el trabajo.
Terapia hormonal: ¿cuándo puede considerarse?
Uno de los puntos destacados durante el congreso fue la importancia de consultar oportunamente.
La terapia hormonal para la menopausia suele considerarse especialmente en mujeres menores de 60 años o dentro de los primeros 10 años posteriores al inicio de la menopausia, siempre que no existan contraindicaciones. A este periodo se le conoce como “ventana de oportunidad”.
Sin embargo, esto no significa que todas las mujeres deban recibir terapia hormonal. Antes de indicarla es necesario valorar los síntomas, la edad, los antecedentes personales y familiares, los riesgos cardiovasculares y oncológicos, así como las preferencias de cada paciente.
También deben individualizarse aspectos como el tipo de hormona, la dosis y la vía de administración.
La terapia puede disminuir los sofocos y mejorar los trastornos del sueño, lo que en algunas mujeres puede repercutir favorablemente en el bienestar general.
¿Qué opciones existen si no se pueden utilizar hormonas?
Durante el encuentro también se destacó el desarrollo y utilización de alternativas no hormonales, especialmente para mujeres que no desean utilizar terapia hormonal o que presentan alguna contraindicación.
Algunas de estas estrategias buscan actuar sobre mecanismos neuronales relacionados con la regulación de la temperatura corporal y pueden ayudar a controlar sofocos y sudores nocturnos, entre otros síntomas.
La elección del tratamiento depende de las características de cada paciente y debe realizarse con valoración médica.
¿La menopausia puede causar “niebla mental”?
Olvidar una palabra, perder el hilo de una conversación o tener dificultades para concentrarse son experiencias relativamente frecuentes durante la transición menopáusica.
Entre 40% y 60% de las mujeres puede reportar algún grado de estas alteraciones, que suelen describirse como “niebla mental”.
Los cambios hormonales, especialmente la disminución y fluctuación de los estrógenos, pueden influir en la atención y la memoria durante la transición menopáusica y los primeros años posteriores a la última menstruación.
En la mayoría de los casos, estas dificultades son leves y transitorias, y tienden a mejorar conforme se estabilizan los cambios hormonales.
No obstante, un deterioro progresivo de la memoria o la atención que interfiera con la autonomía y las actividades diarias debe ser evaluado para descartar otras causas.
Además, factores como la falta de sueño, ansiedad, depresión, estrés y algunos medicamentos también pueden afectar el rendimiento cognitivo.
La terapia hormonal, por otro lado, no debe utilizarse específicamente para prevenir la demencia o tratar problemas de memoria. Algunas mujeres pueden percibir una mejoría en la concentración de manera indirecta al dormir mejor y reducir los sofocos y la fatiga.
Ejercicio y hábitos saludables durante el climaterio
El manejo de la menopausia no depende exclusivamente de los medicamentos. La actividad física regular puede ayudar a preservar la masa muscular, favorecer la función cognitiva y contribuir al control metabólico.
También son importantes:
Dormir adecuadamente.
Mantener una alimentación equilibrada.
Realizar actividad física de manera constante.
Conservar vínculos sociales.
Buscar estrategias para controlar el estrés.
Vigilar la presión arterial.
Controlar la glucosa y el colesterol.
Estos factores son relevantes porque la salud cardiovascular y metabólica también influye en la salud cerebral a largo plazo.
Los suplementos pueden ser útiles en situaciones específicas, pero deben utilizarse de acuerdo con las necesidades individuales y no sustituyen una alimentación adecuada, los hábitos saludables ni la valoración médica.
Menopausia y trabajo: un impacto que suele pasar desapercibido
La transición menopáusica ocurre con frecuencia durante años de alta actividad profesional, cuando muchas mujeres ocupan puestos de liderazgo y tienen importantes responsabilidades laborales y familiares.
Los síntomas, particularmente los problemas de sueño, los sofocos y las dificultades de concentración, pueden repercutir en el desempeño y en la percepción que algunas mujeres tienen de sus propias capacidades.
Un relevamiento de No Pausa, realizado con 21,000 mujeres de América Latina, encontró que 35% reportó un impacto negativo de los síntomas menopáusicos en su desempeño laboral. Entre las mujeres afectadas, seis de cada diez señalaron dificultades de concentración y tres de cada diez indicaron que habían tenido que ausentarse del trabajo debido a sus molestias.
Reconocer estas dificultades no significa considerar que la menopausia reduzca la capacidad profesional. El objetivo es que las mujeres tengan información, acceso a atención médica y opciones de tratamiento para evitar que los síntomas afecten innecesariamente su bienestar, su vida cotidiana o su trayectoria laboral.
Un abordaje personalizado
La menopausia es una etapa natural, pero eso no significa que los síntomas que afectan la calidad de vida deban ignorarse.
El enfoque actual busca combinar tratamiento individualizado, prevención cardiovascular y metabólica, actividad física, cuidado de la salud mental y estrategias para mejorar el sueño y el bienestar general.
La atención temprana permite identificar qué síntomas requieren tratamiento y qué opciones son más apropiadas para cada mujer, considerando tanto sus beneficios como sus posibles riesgos.
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