9 hábitos que pueden empeorar el acné

— Agencias 05/10/2026

El acné no depende únicamente de la genética o de los cambios hormonales. Algunas prácticas cotidianas también pueden favorecer la aparición o el empeoramiento de los brotes al aumentar la irritación, la inflamación o la obstrucción de los folículos.

Sin embargo, no todos los hábitos afectan de la misma manera a cada persona. Estos son nueve factores que conviene revisar si los brotes son frecuentes.

1. Consumir demasiados ultraprocesados y azúcares

Una alimentación con una elevada carga glucémica puede influir en algunos mecanismos relacionados con el acné, entre ellos la producción de insulina y otros factores que participan en la actividad de las glándulas sebáceas.

Esto no significa que comer un alimento determinado provoque automáticamente un brote. La evidencia apunta principalmente a una posible asociación entre ciertos patrones alimentarios y una mayor intensidad del acné.

Priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y alimentos mínimamente procesados puede formar parte de una alimentación más favorable para la salud general y de la piel.

2. Tocarse constantemente el rostro

Las manos entran en contacto con numerosas superficies a lo largo del día y pueden transportar grasa, suciedad y microorganismos.

Tocar, frotar o manipular constantemente la cara puede aumentar la irritación y, especialmente cuando ya existen lesiones, favorecer que estas empeoren.

Más que utilizar desinfectantes sobre la piel, lo recomendable es lavarse las manos con regularidad y evitar tocar el rostro innecesariamente.

3. No cambiar con frecuencia la ropa de cama

Las fundas de almohada pueden acumular sudor, grasa, células de la piel y restos de productos capilares o cosméticos.

Aunque no existe una frecuencia universal que garantice prevenir el acné, mantener limpia la ropa de cama puede ser especialmente útil en personas con piel grasa o que presentan brotes en las zonas que permanecen en contacto con la almohada.

También conviene prestar atención a productos para el cabello que puedan entrar en contacto con la cara.

4. Utilizar limpiadores demasiado agresivos

Lavar la cara repetidamente o utilizar productos muy astringentes puede alterar la barrera cutánea y provocar resequedad, irritación y descamación.

Una limpieza excesiva no elimina el acné y puede hacer que la piel se vuelva más sensible.

Lo ideal suele ser utilizar un limpiador suave, adaptado al tipo de piel, y evitar frotar con fuerza. En personas con acné, algunos productos específicos con ingredientes como ácido salicílico o peróxido de benzoilo pueden ser útiles, pero deben utilizarse de acuerdo con la tolerancia de la piel.

5. Exponerse al sol sin protección

El sol no es un tratamiento contra el acné. Aunque las lesiones pueden parecer temporalmente menos visibles después de exponerse al sol, la radiación ultravioleta puede aumentar el daño cutáneo y favorecer que las manchas posteriores a los brotes sean más persistentes.

La exposición solar también incrementa el riesgo de daño acumulativo y cáncer de piel.

Por ello, utilizar diariamente un protector solar de amplio espectro, preferentemente no comedogénico si se tiene piel propensa al acné, es una parte importante del cuidado dermatológico.

6. Dormir con maquillaje

No retirar el maquillaje antes de dormir puede favorecer la acumulación de productos, grasa y residuos sobre la piel.

Esto es especialmente relevante cuando se utilizan cosméticos muy densos o que permanecen durante muchas horas.

Sin embargo, no es necesario realizar una "doble limpieza" en todos los casos. Lo importante es retirar adecuadamente el maquillaje y utilizar una limpieza que no irrite la piel.

7. Mantener niveles elevados de estrés

El estrés no es la única causa del acné, pero puede contribuir a que algunas personas presenten brotes más intensos.

Los cambios relacionados con el estrés pueden influir en procesos hormonales, inflamatorios y en la conducta, como tocarse o manipular más las lesiones.

Dormir adecuadamente, realizar actividad física y utilizar estrategias para manejar el estrés pueden ayudar al bienestar general y, en algunas personas, también a controlar los brotes.

8. Exprimir o pellizcar los granos

Manipular las lesiones es uno de los hábitos que más fácilmente puede empeorar su evolución.

Exprimir un comedón o una lesión inflamatoria puede aumentar la inflamación, provocar heridas y retrasar la cicatrización. Además, incrementa el riesgo de desarrollar manchas posteriores al acné y cicatrices permanentes.

Cuando existen lesiones inflamatorias frecuentes, lo más recomendable es utilizar un tratamiento adecuado en lugar de intentar eliminarlas manualmente.

9. Permanecer mucho tiempo con ropa sudada

El sudor por sí mismo no causa acné, pero la combinación de humedad, calor y fricción puede favorecer la irritación y empeorar algunos brotes, especialmente en la espalda, pecho y otras zonas cubiertas.

Después de hacer ejercicio es conveniente cambiarse la ropa húmeda y ducharse cuando sea posible. Las prendas demasiado ajustadas también pueden aumentar la fricción y contribuir a los llamados brotes mecánicos.

El acné no se debe únicamente a los hábitos

Modificar estas conductas puede ayudar, pero no significa que el acné sea consecuencia de una mala higiene o de hábitos personales.

La enfermedad también está relacionada con la producción de sebo, la obstrucción de los folículos, la inflamación, las hormonas y la predisposición genética.

Si los brotes son persistentes, dolorosos, dejan cicatrices o afectan considerablemente la calidad de vida, es recomendable consultar con un dermatólogo. Un tratamiento adecuado puede prevenir nuevas lesiones y reducir el riesgo de marcas permanentes.

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