Del veneno de una araña a un posible tratamiento contra el ictus

— Agencias 05/10/2026

La muerte del actor Luke Perry, conocido por su participación en Beverly Hills, 90210, a los 52 años a causa de un accidente cerebrovascular (ictus) isquémico llamó la atención, entre otras razones, por su edad.

Su caso también recuerda que los accidentes cerebrovasculares no son exclusivos de las personas mayores y que factores como la hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad y colesterol elevado pueden incrementar el riesgo.

Ahora, una investigación desarrollada en Australia ha puesto el foco en una fuente poco habitual: el veneno de una araña de tela de embudo de K’gari.

Científicos de la Universidad de Queensland identificaron una proteína denominada Hi1a, capaz de bloquear un canal celular relacionado con el daño que pueden sufrir las neuronas cuando dejan de recibir suficiente oxígeno.

A partir de esta molécula se desarrolló IB409, un compuesto experimental que comenzó a estudiarse en seres humanos en 2026. Sin embargo, hay una precisión importante: IB409 todavía no es un tratamiento aprobado para el ictus. Los primeros ensayos en humanos están destinados principalmente a evaluar su seguridad y comportamiento dentro del organismo.

¿Qué relación tiene el veneno de una araña con el ictus?

Para entender el interés por Hi1a es necesario conocer qué ocurre durante un ictus isquémico.

Este tipo de accidente cerebrovascular aparece cuando un coágulo u otra obstrucción bloquea una arteria cerebral y disminuye el suministro de sangre y oxígeno a una zona del cerebro. Si la interrupción se mantiene, las células nerviosas comienzan a lesionarse y pueden morir.

La falta de oxígeno también provoca cambios en el ambiente químico de las células. Uno de los mecanismos involucrados está relacionado con un canal conocido como ASIC1a, cuya activación puede contribuir al daño neuronal producido durante la isquemia.

La proteína Hi1a llamó la atención de los investigadores porque puede bloquear este canal. La idea, por tanto, no consiste en utilizar directamente el veneno de la araña, sino en identificar una molécula específica que pueda convertirse en una herramienta farmacológica.

¿Qué ocurrió en los experimentos con animales?

Los resultados iniciales fueron alentadores.

En experimentos realizados en ratas, la administración de Hi1a logró reducir el tamaño de las lesiones cerebrales incluso cuando se administró varias horas después del inicio del ictus. De acuerdo con los investigadores de la Universidad de Queensland, en determinados experimentos la reducción del daño cerebral se aproximó al 65 %.

El hallazgo resulta especialmente interesante porque el tiempo es fundamental durante un accidente cerebrovascular.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre obtener un resultado favorable en animales y demostrar que una sustancia funciona en seres humanos.

Además, investigaciones posteriores no han mostrado resultados completamente uniformes entre diferentes especies. Un estudio publicado en 2024 encontró beneficios sensoriomotores en ratas, pero no observó el mismo efecto en ratones.

Estos resultados muestran por qué son necesarias nuevas etapas de investigación antes de determinar si esta molécula puede convertirse en una terapia para pacientes.

De Hi1a surgió el compuesto experimental IB409

Los investigadores buscaron transformar el conocimiento obtenido con Hi1a en una molécula con características más apropiadas para el desarrollo farmacológico.

Así surgió IB409, un compuesto desarrollado a partir de Hi1a por Infensa Bioscience en colaboración con investigadores de la Universidad de Queensland.

En enero de 2026, IB409 comenzó a administrarse por primera vez a voluntarios humanos dentro de un ensayo clínico de fase 1.

El estudio incluyó a 48 personas y su objetivo principal no era demostrar que el compuesto pudiera curar un ictus. En esta primera etapa se buscó evaluar aspectos como:

Seguridad.

Tolerabilidad.

Dosis.

Concentración del compuesto en el organismo.

Comportamiento del medicamento después de su administración intravenosa.

El estudio ya fue completado, pero sus resultados no significan que IB409 haya demostrado eficacia contra el accidente cerebrovascular.

¿IB409 ya puede utilizarse para tratar un ictus?

No.

Este es uno de los puntos más importantes para interpretar correctamente la investigación.

Llegar a un ensayo clínico en seres humanos significa que un compuesto ha superado determinadas etapas de investigación preclínica y que existe suficiente información para comenzar a estudiarlo en personas. No significa que se haya demostrado que funciona como tratamiento.

En el caso de IB409, las primeras investigaciones en humanos están enfocadas principalmente en su seguridad y farmacocinética.

Además, el desarrollo actual del compuesto está orientado principalmente al daño asociado con la isquemia y reperfusión en el infarto de miocardio. Aunque su mecanismo podría tener aplicaciones en el cerebro, esa posibilidad todavía debe demostrarse específicamente en pacientes con ictus.

Por ello, actualmente no puede considerarse una cura ni un tratamiento disponible contra el accidente cerebrovascular.

¿Podría haber ayudado a Luke Perry?

No es posible saberlo.

Perry falleció en 2019, cuando esta investigación todavía se encontraba en una etapa muy temprana. Además, IB409 aún no ha demostrado eficacia clínica para tratar un ictus.

Aunque el mecanismo de Hi1a resulta interesante desde el punto de vista científico, no es posible determinar retrospectivamente si un medicamento experimental habría cambiado el desenlace de un caso concreto.

¿Cómo se trata actualmente un ictus isquémico?

Los hospitales ya disponen de tratamientos capaces de intentar restablecer el flujo sanguíneo cerebral en determinados pacientes.

Entre ellos se encuentran los tratamientos trombolíticos, que pueden ayudar a disolver el coágulo responsable de la obstrucción, y la trombectomía mecánica, procedimiento mediante el cual se retira físicamente el coágulo de una arteria cerebral en pacientes seleccionados.

El objetivo de una molécula como Hi1a o IB409 sería diferente: en lugar de retirar directamente la obstrucción, buscaría proteger las células cerebrales frente al daño provocado por la falta de oxígeno.

Si futuras investigaciones demuestran que es segura y eficaz, podría estudiarse como complemento de las terapias destinadas a recuperar el flujo sanguíneo.

¿Cuáles son las señales de un ictus?

Un accidente cerebrovascular suele comenzar de manera repentina. Entre las principales señales de alarma se encuentran:

Caída o adormecimiento de un lado de la cara.

Debilidad o pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, especialmente de un solo lado.

Dificultad repentina para hablar o comprender.

Alteraciones súbitas de la visión.

Problemas para caminar, mantener el equilibrio o coordinar los movimientos.

Confusión repentina.

Dolor de cabeza intenso y repentino sin una causa evidente.

Ante estos síntomas, no se debe esperar a que desaparezcan por sí solos. Un posible ictus requiere atención médica de emergencia, ya que algunos tratamientos son más efectivos cuando se administran dentro de determinadas ventanas de tiempo.

El ictus también puede presentarse en personas jóvenes

Aunque la edad avanzada aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular, las personas jóvenes tampoco están exentas.

La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo modificables. También tienen importancia el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad y otras enfermedades cardiovasculares.

Por eso, una edad relativamente joven no debe llevar a ignorar síntomas neurológicos repentinos.

¿Por qué estudiar venenos para desarrollar medicamentos?

Los venenos producidos por animales como arañas, serpientes y alacranes contienen numerosas moléculas capaces de interactuar con estructuras específicas del organismo.

Precisamente esa capacidad los ha convertido en una fuente de interés para la investigación farmacológica. Algunas de estas sustancias pueden servir como punto de partida para desarrollar medicamentos capaces de bloquear procesos biológicos concretos.

En México también se investigan compuestos derivados de venenos animales, incluidos aquellos presentes en venenos de alacrán, por su posible utilidad frente a distintos problemas médicos.

Sin embargo, que una molécula proceda de un veneno no significa que el veneno pueda utilizarse como medicamento. El desarrollo farmacológico requiere aislar componentes específicos, modificarlos cuando es necesario y estudiar cuidadosamente su eficacia, dosis y seguridad.

¿Qué falta para saber si IB409 funcionará contra el ictus?

El compuesto todavía tiene un largo camino por delante.

Después de las primeras evaluaciones de seguridad se necesitan nuevos ensayos clínicos que permitan determinar qué dosis podría ser útil, qué efectos produce en pacientes enfermos y si realmente mejora la recuperación después de una lesión cerebral por falta de oxígeno.

También será necesario establecer en qué pacientes podría utilizarse, cuál sería el momento adecuado para administrarlo y cómo podría combinarse con los tratamientos actuales.

Por ahora, Hi1a e IB409 representan una línea de investigación prometedora, pero no una terapia disponible contra el ictus.

El caso de Luke Perry recuerda por qué encontrar nuevas estrategias para proteger el cerebro resulta importante. Pero mientras estas investigaciones continúan, reconocer rápidamente las señales de alarma y solicitar atención médica de emergencia sigue siendo una de las medidas más importantes ante un posible accidente cerebrovascular.

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