— Agencias 04/10/2026
Los lentes constituyen una herramienta esencial para millones de personas en todo el mundo (ya sea por necesidad óptica o protección solar) y su correcto mantenimiento es crucial no solo para la claridad visual, sino también para la higiene ocular.
Una limpieza inadecuada puede provocar microrrayaduras permanentes en la superficie de las lentes (dañando tratamientos especiales como el antirreflejante) o deteriorar la montura. Para evitar estos inconvenientes comunes, existen pautas profesionales respaldadas por expertos en optometría que garantizan un cuidado eficaz y seguro.
De acuerdo con el sitio especializado en salud visual NeiVision, la acumulación de grasa, polvo y bacterias en los anteojos es constante, lo que subraya la importancia de una desinfección regular para prevenir irritaciones en la piel y los ojos.
El método recomendado por los especialistas se divide en seis pasos fundamentales para garantizar una higiene óptima sin comprometer los materiales de las lentes. Según datos del portar Lentes Plus la rutina paso a paso contempla:
Lavar y secar bien las manos: Antes de manipular los anteojos, es imprescindible limpiar las manos con agua y jabón para eliminar grasa o suciedad que pueda transferirse a los cristales.
Enjuagar con agua tibia: Se debe de pasar los anteojos bajo un chorro suave de agua tibia para remover el polvo superficial y partículas abrasivas. El agua muy caliente puede ser contraindicada por el riesgo y de dañar los tratamientos ópticos.
Aplicar jabón neutro: Colocar una jota de jabón líquido neutro (libre de humectantes o aromas) en la yema de los dedos o directamente sobre las lentes.
Frota suavemente todas las superficies: Limpiar ambos lados de los cristales, el marco, el puente y las almohadillas nasales realizando movimientos circulares con la yema de los dedos.
Enjuagar minuciosamente: Retirar completamente el jabón bajo el grifo de agua para evitar que queden residuos o marcas al secarse.
Sacar con paño de microfibra: Sacudir ligeramente el exceso de agua y secar delicadamente todas las partes utilizando únicamente un paño de microfibra limpio y seco.
A pesar de las pautas profesionales, persisten hábitos de limpieza arraigados que resultan perjudiciales para la durabilidad de los anteojos. Los expertos en optometría advierten enérgicamente contra el uso de materiales inadecuados para el secado (como servilletas de papel, pañuelos desechables, toallas o la propia ropa), ya que contienen fibras ásperas que actúan como abrasivos, provocando rayaduras finas pero permanentes.
Asimismo, es fundamental evitar el empleo de productos químicos domésticos como limpiadores de vidrios, amoníaco, acetona o vinagre blanco en las lentes (especialmente si cuentan con tratamientos como antirreflejante, polarizado o filtro de luz azul), dado que estas sustancias corroen y despenden dichas capas protectoras.
Tampoco se recomienda utilizar saliva para limpieza rápida, ya que no es un agente desinfectante eficaz y transfiere bacterias a la superficie. Para mantener la higiene entre lavados, el uso de un spray limpiador de formulación óptica es la opción más segura.
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