— Agencias 04/10/2026
Un infarto no siempre provoca el clásico dolor intenso en el pecho que lleva a una persona directamente a urgencias. En algunos casos, el episodio puede pasar prácticamente inadvertido y, aun así, provocar una lesión permanente en el músculo cardíaco.
Las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de muerte en el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocan alrededor de 17.9 millones de fallecimientos cada año, y una gran parte está relacionada con infartos y accidentes cerebrovasculares.
En Estados Unidos, la American Heart Association estima que cerca de 170 mil de los aproximadamente 805 mil infartos que ocurren cada año no son reconocidos en el momento.
¿Qué es un infarto silencioso?
Un infarto ocurre cuando el suministro de sangre y oxígeno hacia una parte del corazón se reduce o se interrumpe. Si la falta de oxígeno se mantiene durante suficiente tiempo, las células del músculo cardíaco pueden morir y dejar una zona de cicatrización permanente.
En un infarto silencioso, el problema no es que el corazón no sufra daño, sino que los síntomas pueden ser muy leves, atípicos o incluso no presentarse de manera evidente.
Por esta razón, algunas personas descubren meses o incluso años después que tuvieron un infarto, generalmente durante un electrocardiograma u otro estudio realizado por una razón diferente.
¿Qué síntomas pueden confundirse?
Aunque el dolor o la presión en el pecho pueden aparecer, no necesariamente son intensos. También pueden presentarse:
Cansancio inusual.
Falta de aire.
Náuseas o malestar digestivo.
Mareos.
Sudoración.
Dolor o molestias en la mandíbula, cuello, espalda o brazos.
Sensación de presión o incomodidad en el pecho.
Uno de los principales problemas es que estas manifestaciones pueden atribuirse al estrés, cansancio, acidez, indigestión o simplemente a la edad. Si desaparecen por sí solas, la persona puede no considerar necesario buscar atención médica.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Los factores de riesgo son similares a los de otros tipos de infarto. Entre los principales se encuentran:
Edad avanzada.
Diabetes.
Hipertensión arterial.
Colesterol elevado.
Tabaquismo.
Sobrepeso u obesidad.
Enfermedad renal crónica.
Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.
La diabetes merece especial atención porque puede provocar daño en los nervios y disminuir la percepción de algunas señales de alarma, haciendo que determinados síntomas pasen inadvertidos.
Además, las mujeres pueden presentar con mayor frecuencia manifestaciones como fatiga, falta de aire, náuseas o molestias en la espalda, que no siempre se reconocen como posibles señales de un problema cardíaco.
Un infarto silencioso también puede tener consecuencias
Que una persona no haya identificado el episodio no significa que el corazón haya quedado intacto.
La cicatriz producida por un infarto puede afectar el funcionamiento del músculo cardíaco y aumentar posteriormente el riesgo de insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y otros problemas cardiovasculares.
Investigaciones médicas han encontrado que las consecuencias a largo plazo de los infartos no reconocidos pueden ser comparables a las de aquellos que sí fueron diagnosticados durante el episodio.
¿Cómo puede detectarse un infarto antiguo?
En ocasiones, un infarto silencioso se descubre durante una revisión médica.
El electrocardiograma (ECG) puede mostrar cambios compatibles con una lesión cardíaca previa, mientras que el ecocardiograma permite valorar el movimiento y la capacidad de contracción de distintas zonas del corazón.
Por otro lado, la resonancia magnética cardíaca proporciona imágenes más detalladas y puede identificar áreas de tejido cicatricial producidas por un infarto anterior.
Estas alteraciones pueden permanecer durante muchos años, incluso de manera permanente.
¿Qué hacer si aparecen síntomas?
Si una persona presenta dolor o presión en el pecho, falta de aire, sudoración, mareos, náuseas o molestias que puedan corresponder a un infarto, no debe esperar a que desaparezcan. Es necesario buscar atención médica de urgencia.
Si los síntomas ya desaparecieron, pero existe la sospecha de que pudieron haber sido consecuencia de un problema cardíaco, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud. A partir de los antecedentes y factores de riesgo, podrá determinar si son necesarios estudios como un electrocardiograma, ecocardiograma u otras pruebas.
La prevención también es fundamental: mantener controladas la presión arterial, glucosa y colesterol, evitar el tabaco, realizar actividad física, mantener un peso saludable y llevar una alimentación equilibrada puede ayudar a disminuir el riesgo cardiovascular.
Un infarto silencioso puede no dar una señal evidente, pero eso no significa que el corazón no haya sufrido daño.
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