— Agencias 04/10/2026
Los riñones cumplen funciones esenciales para el organismo: eliminan productos de desecho a través de la orina, regulan el equilibrio de líquidos y electrolitos y participan en el control de la presión arterial, entre otros procesos.
A pesar de su importancia, existen numerosas creencias sobre cómo “limpiarlos” o prevenir enfermedades renales que no cuentan con respaldo científico. Conocer qué es cierto y qué no puede ayudar a evitar prácticas innecesarias y favorecer una detección más oportuna de la enfermedad renal crónica.
¿Es necesario tomar ocho vasos de agua al día?
No existe una cantidad universal de agua que todas las personas deban consumir diariamente.
Las necesidades de líquidos dependen de factores como la edad, actividad física, temperatura ambiental, alimentación y estado de salud. En personas sanas, la sensación de sed es uno de los mecanismos que ayudan a regular la ingesta de líquidos.
Beber más agua de la necesaria no “limpia” los riñones ni elimina toxinas adicionales. De hecho, consumir cantidades excesivas en poco tiempo puede provocar alteraciones del sodio en la sangre.
La recomendación es mantener una hidratación adecuada y prestar especial atención a las indicaciones médicas en personas con enfermedades renales, cardiacas o hepáticas.
¿Todo dolor lumbar significa que hay un problema renal?
Tampoco.
El dolor en la zona baja de la espalda tiene numerosas causas y con frecuencia está relacionado con músculos, articulaciones o estructuras de la columna.
Los riñones se encuentran en una posición más alta, hacia la parte posterior del abdomen y debajo de las últimas costillas. Cuando existe un problema renal que produce dolor, este puede localizarse en el costado o la espalda y acompañarse de síntomas como fiebre, náuseas, sangre en la orina o cambios al orinar.
Por eso, el lugar y las características del dolor deben valorarse junto con el resto de los síntomas.
¿Orinar normalmente significa que los riñones están sanos?
No necesariamente.
Una de las características de la enfermedad renal crónica es que puede avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Una persona puede continuar orinando aparentemente con normalidad pese a presentar una reducción significativa de la función renal.
Por esta razón, las personas con factores de riesgo —como diabetes, hipertensión arterial, obesidad o antecedentes familiares de enfermedad renal— pueden necesitar análisis de sangre y orina para detectar alteraciones antes de que aparezcan síntomas.
¿El calcio de los alimentos provoca cálculos renales?
Esta es otra creencia que puede llevar a realizar restricciones innecesarias.
En personas con determinados tipos de cálculos, especialmente los de oxalato de calcio, consumir una cantidad adecuada de calcio proveniente de los alimentos puede incluso ayudar a reducir el riesgo, ya que el calcio puede unirse al oxalato en el intestino y disminuir su absorción.
Esto no significa que todos los suplementos de calcio sean beneficiosos ni que deban consumirse sin indicación.
Para prevenir cálculos también son importantes una adecuada hidratación, moderar el consumo de sodio y adaptar la alimentación al tipo de piedra renal que haya presentado cada paciente.
¿Las dietas “detox” limpian los riñones?
No hay evidencia sólida de que los jugos, tés o suplementos comercializados como “detox renal” sean necesarios para limpiar los riñones de toxinas.
Los riñones sanos ya realizan continuamente la función de filtrar la sangre y eliminar productos de desecho.
Además, algunos suplementos y productos herbales pueden contener sustancias potencialmente perjudiciales para el riñón o interactuar con medicamentos. Por ello, “natural” no significa necesariamente seguro.
La mejor estrategia para proteger la función renal es controlar los factores de riesgo y mantener hábitos saludables, no realizar periódicamente supuestas limpiezas.
¿La enfermedad renal solo afecta a personas mayores?
No.
Aunque el riesgo aumenta con la edad, niños, adolescentes y adultos jóvenes también pueden desarrollar enfermedades renales.
Entre las posibles causas se encuentran alteraciones hereditarias, enfermedades autoinmunes, infecciones, malformaciones y otras enfermedades que afectan directamente al riñón.
Además, condiciones como la obesidad y la diabetes tipo 2 pueden favorecer la aparición de daño renal a edades más tempranas.
¿Tener enfermedad renal significa necesitar diálisis?
Tampoco.
La diálisis generalmente se utiliza cuando la función renal ha disminuido de manera muy importante y los riñones ya no pueden cumplir adecuadamente sus funciones.
Detectar la enfermedad en etapas tempranas permite implementar medidas destinadas a retrasar su progresión. Dependiendo de la causa, pueden incluir medicamentos, control de la presión arterial y glucosa, cambios en la alimentación, actividad física y abandono del tabaco.
Por eso, recibir un diagnóstico de enfermedad renal no significa automáticamente que el paciente vaya a necesitar diálisis.
¿Cuáles son los principales enemigos de los riñones?
Entre los factores que más contribuyen a la enfermedad renal crónica destacan la diabetes y la hipertensión arterial.
Cuando permanecen mal controladas durante años, pueden dañar progresivamente los vasos sanguíneos y las estructuras encargadas de filtrar la sangre dentro de los riñones.
Por ello, mantener una presión arterial adecuada, controlar la glucosa cuando existe diabetes, evitar el tabaquismo, mantener un peso saludable y utilizar los medicamentos de manera responsable son algunas de las medidas más importantes para proteger la función renal.
La clave: prevenir en lugar de “desintoxicar”
Los riñones no necesitan productos especiales para mantenerse limpios. La prevención real consiste en controlar los factores de riesgo, mantener hábitos saludables y detectar tempranamente cualquier alteración de su función.
Si existe diabetes, hipertensión, antecedentes familiares de enfermedad renal, cambios persistentes en la orina, sangre en ella, hinchazón o síntomas preocupantes, es recomendable realizar una valoración médica.
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