¿Tocar un instrumento puede beneficiar el desarrollo cognitivo de los niños?

— Agencias 02/10/2026

Aprender a tocar un instrumento implica mucho más que memorizar canciones. Leer una partitura, mantener el ritmo, escuchar los sonidos producidos y coordinar movimientos precisos obliga al cerebro a trabajar con múltiples procesos al mismo tiempo.

Un estudio de la Universidad Northeastern, publicado en Developmental Cognitive Neuroscience, encontró que los niños que practicaban un instrumento musical presentaban mejores resultados en varias pruebas cognitivas y académicas que aquellos sin formación musical. Además, los investigadores observaron una diferencia en una vía de sustancia blanca cerebral, aunque este hallazgo debe interpretarse con cautela.

Niños con formación musical obtuvieron mejores resultados

La investigación incluyó a 76 niños de entre 7 y 9 años. De ellos, 38 tenían formación musical y practicaban un instrumento al menos 30 minutos por semana, mientras que los otros 38 no contaban con este tipo de entrenamiento.

Los grupos fueron comparados considerando variables como edad, sexo y nivel socioeconómico. La mayoría de los niños que recibían formación musical tocaba el piano o algún instrumento de cuerda.

En diferentes evaluaciones, los niños con experiencia musical obtuvieron puntuaciones superiores en aspectos como inteligencia general, razonamiento, vocabulario, relaciones espaciales y aprendizaje visual y auditivo.

También destacaron en pruebas de memoria de trabajo, una función cognitiva que permite mantener información temporalmente y utilizarla para resolver una tarea. Esta capacidad es fundamental, por ejemplo, para recordar una instrucción mientras se realiza un ejercicio matemático o seguir varios pasos para completar una actividad.

También se observaron diferencias en el rendimiento escolar

Las diferencias no se limitaron a las pruebas cognitivas. El grupo con formación musical también presentó mejores resultados en medidas relacionadas con lectura, fluidez lectora, lenguaje escrito y matemáticas.

Entre las evaluaciones que mostraron diferencias se encontraban el reconocimiento de palabras, la comprensión lectora, la ortografía, la capacidad para decodificar palabras y algunas habilidades matemáticas.

Esto no significa que tocar un instrumento garantice mejores calificaciones. El diseño del estudio no permite determinar que la formación musical sea directamente responsable de estas diferencias.

¿Por qué la música podría involucrar tantas habilidades cognitivas?

Una posible explicación está en la cantidad de procesos que deben coordinarse durante la práctica musical.

Un niño que aprende piano, por ejemplo, necesita interpretar símbolos escritos, anticipar el ritmo, recordar secuencias, escuchar lo que está tocando y coordinar ambas manos. En instrumentos como el violín también debe controlar con precisión la posición de los dedos y el movimiento del arco.

Estas actividades requieren atención, memoria de trabajo, planificación, control motor y capacidad para detectar y corregir errores.

Las funciones ejecutivas, además, son utilizadas constantemente fuera del ámbito musical: permiten organizar tareas escolares, seguir instrucciones, cambiar de una actividad a otra y controlar las distracciones.

Por ello, los investigadores plantean que la práctica musical podría proporcionar un entrenamiento repetido de algunas de estas habilidades.

¿Qué encontraron las imágenes del cerebro?

Un grupo de 50 niños también contaba con estudios de resonancia magnética, lo que permitió analizar características de la sustancia blanca cerebral.

Los investigadores se enfocaron en el fascículo arqueado, una vía de fibras nerviosas que conecta diferentes regiones cerebrales relacionadas, entre otras funciones, con el lenguaje, la audición y el movimiento.

En los niños con formación musical se observó inicialmente una diferencia en una medida de la microestructura de esta vía, específicamente en una región del lado derecho.

Sin embargo, este resultado perdió significación estadística después de aplicar una corrección por comparaciones múltiples. Por ello, los propios investigadores consideran que debe interpretarse con precaución.

Además, el estudio no pudo demostrar que esa diferencia cerebral fuera la responsable de los mejores resultados cognitivos.

Un estudio que muestra asociación, no causalidad

Uno de los aspectos más importantes es que los investigadores no asignaron aleatoriamente a los niños a estudiar música o no hacerlo.

Esto significa que no puede descartarse que otros factores hayan contribuido a las diferencias encontradas. Por ejemplo, los niños que estudian un instrumento pueden pertenecer a familias que también tienen mayores oportunidades educativas, actividades extracurriculares o recursos destinados al aprendizaje.

Aunque el nivel socioeconómico fue considerado al formar los grupos, los propios autores señalan que el acceso a instrumentos, profesores y clases de música puede estar condicionado por los recursos disponibles.

La música como oportunidad de desarrollo

Los resultados sugieren que la formación musical durante la infancia se asocia con un mejor desempeño en determinadas capacidades cognitivas y académicas, además de mostrar indicios interesantes sobre posibles diferencias en la organización de la sustancia blanca.

Sin embargo, todavía se necesitan estudios longitudinales y ensayos más rigurosos para determinar cuánto de este efecto puede atribuirse específicamente al aprendizaje musical.

Más allá de sus posibles beneficios cognitivos, aprender un instrumento también puede ofrecer a los niños una oportunidad para desarrollar disciplina, coordinación, expresión artística y habilidades de escucha.

La investigación abre así una pregunta interesante: ¿podría la educación musical ser una herramienta complementaria para estimular el desarrollo cognitivo durante etapas tempranas de la vida?

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