— Mario Maldonado 01/10/2026
El i Andrés Manuel López Obrador reapareció públicamente en medio de los señalamientos contra su hijo Andrés Manuel López Beltrán y las acciones de Estados Unidos contra personajes del entorno de Morena que comprometen la autoridad moral que atribuye a su movimiento. Presentó su nuevo libro llamado “Pueblo”, defendió al movimiento de la 4T y volvió a cargar contra los medios. Nada demasiado nuevo, salvo el contexto y los embates que ya no puede administrar desde una conferencia matutina.
El tema de Estados Unidos debe tenerlo nervioso, no solo por los comentarios que vertió este miércoles sobre ese país, sino por la secuencia que arrastra. El 3 de enero, tras la operación contra Nicolás Maduro, López Obrador pidió a Donald Trump que no escuchara “el canto de las sirenas” y mandara “al carajo a los halcones”. Separaba al presidente con el que trató de los funcionarios que, a su juicio, lo empujaban hacia el intervencionismo.
En junio trasladó ese argumento a México. Acusó a funcionarios estadounidenses de buscar el debilitamiento de Morena y el fortalecimiento de la oposición. Atribuyó el cambio de Trump a sus consejeros y falsos amigos. Como en esta ocasión, respaldó a la presidenta Claudia Sheinbaum y pidió que regresara el mandatario con quien había coincidido en el poder. “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”, escribió.
Meses más tarde, su hijo Andy López Beltrán completó el planteamiento, cuando anunció que le habían retirado la visa. En una carta dirigida a Trump señaló al secretario de Estado, Marco Rubio, y al subsecretario Christopher Landau como responsables. Negó haber cometido delitos y atribuyó la medida a una ofensiva política contra Morena. Los funcionarios a quienes su padre cuestionaba tenían ahora nombres, cargos y una decisión que afectaba a la familia.
Estados Unidos mantiene la presión. Esta semana, The New York Times informó que dos agencias estadounidenses analizaban señalamientos sobre posibles vínculos de López Beltrán con el crimen organizado y el contrabando de combustible. El diario precisó que no había aún una investigación formal abierta.Ese mismo día, el Departamento del Tesoro sancionó a Carlos Torres, exesposo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila, a quien señaló como un operador que habría protegido actividades del Cártel de Sinaloa. Meses antes, la justicia estadounidense había acusado a Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza y otros funcionarios y exfuncionarios de presunta colaboración con el narcotráfico. Son expedientes distintos y no equivalen a sentencias, pero forman parte de la misma presión.
En ese marco, AMLO volvió a cuestionar la intervención de los embajadores estadounidenses y atribuyó la crisis de drogas del país vecino al deterioro familiar y a la prioridad concedida al poder económico y militar. Incluso, anunció otro libro con propuestas para Estados Unidos. Su diagnóstico sobre el consumo deja pendiente la responsabilidad mexicana frente a quienes producen, transportan y protegen ese negocio.
Volvió a criticar a los medios en México y a quienes “se sienten los dueños” del país; los “potentados”. Pero los cuestionamientos no aclaran cómo Jorge Amílcar Olán, amigo de sus hijos, se convirtió en el contratista estrella durante su sexenio. La FGR ha negado una investigación u orden de aprehensión en su contra, pero esa respuesta no explica la obtención de contratos ni resuelve los señalamientos sobre delitos financieros y de presunta asociación criminal.
López Obrador volvió a exigir honestidad a los servidores públicos. Aplicar ese principio a los propios obliga a esclarecer acusaciones y determinar responsabilidades.
Apenas han transcurrido dos años del gobierno de Sheinbaum y del retiro de AMLO. Y cada vez más se acumulan los problemas: cancelaciones de visas, acusaciones y sanciones contra morenistas, mientras el expresidente sigue apelando al Trump con quien pudo entenderse.
La presión puede recrudecerse y la Presidenta tendrá que responder con decisiones institucionales, cada vez más drásticas. El respaldo de su antecesor no le quita esa responsabilidad. Defender el legado de AMLO será cada vez más costoso si implica hacerse cargo de los señalamientos de sus hijos y cercanos.
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