— Mario Alemán 01/10/2026
El acuerdo federal para abaratar la tortilla enfrenta límites en Coahuila, donde 90% de las tortillerías depende de harina y no de maíz directo.
El anuncio de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) sobre el "Acuerdo Nacional Maíz-Tortilla" que promete reducir al menos un 5% el costo de este alimento básico mediante la venta de maíz blanco a 6,000 mil pesos la tonelada e incentivos crediticios del FIRA al 9% de tasa de interés, se enfrenta a una realidad financiera inquebrantable en las regiones de Coahuila principalmente Región Centro y Carbonífera: el 90% de la industria local no muele ni nixtamaliza grano, depende en su totalidad de la harina preelaborada.
En un análisis financiero del sector, el modelo del Gobierno Federal diseñado para favorecer la compra directa del grano en centros de acopio no genera una transferencia de beneficio a la estructura de costos de los productores locales. Por el contrario, la combinación de una alta dependencia de insumos procesados, el alza en los costos fijos (energía, gas, empaque) y la preservación de la plantilla laboral imposibilita una contención o baja en el precio al consumidor final.
La brecha cambiaria y el peso de la harina: 17 mil 300 pesos la tonelada. El precio del kilo de tortilla en las diferentes regiones de Coahuila oscila en un rango de 30.00 a 35.00 pesos. En municipios como Monclova y Frontera, el costo promedio se mantiene en 30.00 pesos por kilogramo. Sin embargo, en la Región Norte y la Sureste, la cotización se eleva desde los 32.00 hasta alcanzar los 35.00 pesos por kilo.El licenciado Alan Cardoza, propietario de Tortillerías El Tribunal, explica que el programa de SADER parte de un diagnóstico ajeno a la dinámica operativa norteña. "Nosotros manejamos 100% harina de maíz; de nada nos sirve que el gobierno venda la tonelada de maíz en 6,000 mil pesos si a nosotros la tonelada de harina nos cuesta 17 mil 300 pesos. Nueve de cada diez tortillerías en la región operamos bajo este esquema. Para que exista un impacto real, el Gobierno Federal tendría que negociar directamente con las empresas harineras la reducción de impuestos o insumos para que ellas trasladen el descuento al industrial".Agregó que a este escenario se suma la volatilidad del comercio exterior. Las empresas harineras (como Gruma-Maseca) abastecen cerca del 60% al 70% de sus requerimientos mediante la importación de maíz amarillo y blanco de los Estados Unidos. Esta condición vincula directamente el costo del insumo básico al tipo de cambio (dólar) y a los aranceles o trámites de importación.
Estructura de costos fijos y el factor empleo. Más allá del insumo principal, la operación diaria de una tortillería implica una absorción constante de gastos indirectos de fabricación. Los industriales enfrentan incrementos continuos en tarifas de energía eléctrica, gas L.P., agua comercial, papel de grado alimenticio, refacciones de maquinaria, empaques y etiquetado.Juan Manuel Escobedo, comerciante y propietario de múltiples tortillerías en la Región Centro y en la Carbonífera, señala que la viabilidad del negocio no solo responde a la compra de materia prima, sino a la responsabilidad social de sostener fuentes de empleo locales."A veces el impulso para sopesar la inflación no viene del gobierno, sino de esquemas comerciales de las propias harineras con regalos de maquinaria, financiamiento en insumos o bonificaciones en producto para solventar las alzas de agua, luz y refacciones", afirma Escobedo.
Pero el punto crítico es el empleo. Detrás de cada mostrador y cada máquina hay cuadrillas grandes de trabajadores. Si intentáramos recortar forzadamente el precio del kilo de tortilla sin un subsidio directo a la harina, sería imposible sostener a las familias que dependen económicamente de nosotros; tendríamos que recortar personal o cerrar sucursales". señaló.
La ecuación matemática del negocio. Para comprender por qué el programa federal se diluye en la cadena productiva, la contabilidad básica del sector expone las siguientes cifras: Insumo básico (Harina): 17 mil 300 pesos por tonelada (17.30 pesos por kilo procesado).Costo de transformación: Entre 10.00 y 12.00 pesos por kilo (incluye gas, energía, sueldos, amortización de equipo y papel).Costo de producción unitario: 27.30 - 29.30 pesos por kilo.Precio de venta final: 30.00 a 35.00 pesos por kilo.Margen operativo bruto: 2.70 a $5.70 pesos por kilo (destinado a cubrir renta, impuestos y contingencias de mantenimiento).Bajo estos números, la reducción proyectada por el Gobierno Federal del 5% implicaría bajar el precio final entre 1.50 y 1.75 pesos por kilo. Al no existir una reducción equivalente en la tonelada de harina de 17 mil 300 pesos, la absorción del descuento recortaría más del 50% de la utilidad neta del comerciante, comprometiendo el pago de la nómina y la supervivencia del establecimiento, afirmó Juan Manuel Escobedo.
El nudo en la cadena industrial. El comerciante agregó que el Acuerdo Nacional Maíz-Tortilla plantea un esquema favorable para los estados del centro y sur del país, donde la nixtamalización tradicional con grano directo de acopio es la norma. Sin embargo, en Coahuila la política pública choca con la estructura de la industria masiva procesada.Mientras los estímulos se limiten al grano en bodega y no influyan en los precios de salida de las grandes harineras, la reducción del precio del kilo de tortilla en las regiones Centro y Carbonífera seguirá siendo inviable si se busca preservar la salud financiera de las micro, pequeñas y medianas empresas y la estabilidad de los cientos de trabajadores que dependen de esta industria alimentaria.
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