Radioterapia de baja dosis podría ralentizar la progresión de la artrosis de rodilla

— Agencias 30/09/2026

La radioterapia de baja dosis (LDRT) podría convertirse en una nueva estrategia para el tratamiento de la artrosis de rodilla, de acuerdo con los resultados de un estudio presentado en la reunión anual de la American Society for Radiation Oncology (ASTRO) 2026.

La investigación, realizada en Rusia, siguió durante casi 12 años a 292 pacientes con artrosis temprana de rodilla. Los participantes que recibieron radioterapia de baja dosis además del tratamiento convencional presentaron una menor frecuencia de discapacidad relacionada con la enfermedad que quienes recibieron únicamente tratamiento farmacológico.

Aunque los resultados son llamativos, deben interpretarse con cautela. Se trata de evidencia que todavía necesita confirmación mediante estudios más grandes y con mejores controles antes de que la LDRT pueda considerarse una alternativa habitual para la artrosis.

¿Cómo funciona la radioterapia de baja dosis?

La LDRT utiliza cantidades de radiación considerablemente menores que las empleadas habitualmente para tratar el cáncer.

En este contexto, el objetivo no es destruir células tumorales, sino modular determinados procesos inflamatorios dentro de la articulación.

De acuerdo con los investigadores, este efecto podría disminuir la actividad de algunas células y moléculas relacionadas con la inflamación, lo que potencialmente ayudaría a reducir el dolor y preservar la función articular.

En el estudio, los pacientes recibieron una dosis total de 4.5 Gy distribuida en 10 sesiones, además del tratamiento convencional para la artrosis.

Es importante señalar que el mecanismo exacto por el cual estas dosis podrían influir en la evolución de la artrosis todavía no está completamente establecido.

¿Qué encontraron después de casi 12 años?

Los 292 participantes tenían artrosis de rodilla temprana, clasificada como grados 0 a 2 de Kellgren-Lawrence.

Después de un seguimiento mediano de 11.9 años, los investigadores observaron diferencias entre ambos grupos.

Entre los principales resultados reportados se encuentran:

Un 67% menor riesgo ajustado de discapacidad certificada en el grupo que recibió LDRT.

Discapacidad registrada en aproximadamente 31% de los pacientes tratados con radioterapia frente a 61% en el grupo que recibió únicamente medicación.

En pacientes con artrosis de grado 2, la necesidad de reemplazo de rodilla fue de aproximadamente 14% frente a 36%.

Se observaron mejoras sostenidas en parámetros relacionados con dolor, función física y calidad de vida.

Las resonancias realizadas durante los primeros tres años mostraron menor deterioro estructural en el grupo tratado.

Estos resultados plantean la posibilidad de que la LDRT tenga efectos que vayan más allá del alivio temporal de los síntomas.

Sin embargo, los datos disponibles todavía no permiten afirmar que la radioterapia detenga o revierta la artrosis.

¿Podría ser un tratamiento modificador de la enfermedad?

Esta es una de las preguntas más importantes que plantea el estudio.

Actualmente, muchos tratamientos para la artrosis están dirigidos principalmente a controlar el dolor, mantener la movilidad y mejorar la función. La posibilidad de modificar la progresión estructural de la enfermedad sería un objetivo diferente.

Las imágenes obtenidas durante los primeros años del estudio sugieren que podría existir un efecto sobre la evolución estructural de la articulación, pero demostrar que un tratamiento realmente modifica la enfermedad requiere evidencia consistente en diferentes estudios y poblaciones.

Por ello, los investigadores consideran necesario realizar ensayos adicionales antes de clasificar la LDRT como un tratamiento modificador de la artrosis.

¿Qué limitaciones tiene la investigación?

Los resultados son prometedores, pero existen varias razones para interpretarlos con precaución.

El estudio se realizó en un solo país y no contó con un grupo que recibiera un procedimiento simulado o placebo. Esto es importante porque factores como las expectativas del paciente y otros componentes del tratamiento pueden influir especialmente en resultados subjetivos como dolor y calidad de vida.

Además, aunque casi 300 pacientes representan una muestra relevante para un seguimiento prolongado, sigue siendo relativamente pequeña para establecer recomendaciones internacionales.

También será necesario estudiar con mayor profundidad la seguridad a muy largo plazo de la exposición a radiación, incluso cuando se utilizan dosis considerablemente menores que las empleadas en oncología.

Por estas razones, los investigadores plantean la necesidad de realizar estudios multicéntricos, más grandes y con grupos de control adecuados.

¿Qué significa para los pacientes con artrosis?

La LDRT resulta interesante porque, de confirmarse sus beneficios, podría convertirse en una alternativa no quirúrgica para determinados pacientes.

Sin embargo, no debería sustituir actualmente a los tratamientos establecidos para la artrosis de rodilla.

Las estrategias habituales pueden incluir ejercicio terapéutico y fortalecimiento muscular, control del peso cuando existe sobrepeso u obesidad, fisioterapia, medicamentos para el dolor y, en determinados casos, infiltraciones o cirugía.

El tratamiento debe individualizarse según la intensidad de los síntomas, el grado de daño articular, la edad, las enfermedades asociadas y la respuesta a las intervenciones previas.

¿Podría llegar a utilizarse en México?

La posibilidad de utilizar radioterapia para una enfermedad degenerativa de las articulaciones representa una línea de investigación diferente a su uso convencional en oncología.

Sin embargo, los resultados presentados en ASTRO 2026 todavía no son suficientes para recomendar que los hospitales incorporen la LDRT como tratamiento rutinario de la artrosis de rodilla.

Antes de una adopción generalizada sería necesario confirmar los resultados en otras poblaciones, establecer con precisión qué pacientes podrían beneficiarse, determinar la dosis y el esquema óptimos y evaluar cuidadosamente sus riesgos a largo plazo.

¿Qué sigue en la investigación?

El siguiente paso será comprobar si los resultados pueden reproducirse mediante ensayos clínicos más grandes y controlados.

También será importante determinar si los posibles beneficios se mantienen en pacientes con diferentes grados de artrosis y si la LDRT realmente puede retrasar la progresión estructural de la enfermedad o disminuir la necesidad de reemplazo articular.

Por ahora, la radioterapia de baja dosis debe considerarse una estrategia experimental y prometedora, pero todavía no un tratamiento estándar para la artrosis de rodilla.

Si investigaciones futuras confirman su eficacia y seguridad, podría abrirse una nueva vía terapéutica para pacientes que buscan controlar los síntomas y preservar la función de la articulación sin recurrir inicialmente a una cirugía de reemplazo.

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