Ejercicio de baja intensidad: una estrategia eficaz para reducir el dolor crónico

— Agencias 29/09/2026

Millones de personas viven diariamente con dolor crónico, una condición que puede limitar la movilidad, el sueño, el trabajo y las actividades cotidianas.

Una investigación publicada en septiembre de 2026 por investigadores de la Universidad de Adelaida, Australia, encontró que la actividad física puede contribuir de manera importante a disminuir la intensidad del dolor, incluso cuando se realizan ejercicios de baja intensidad y durante periodos relativamente cortos.

El análisis reunió información de más de 2,700 ensayos clínicos y 157 revisiones sistemáticas, con datos correspondientes a aproximadamente 221,000 personas. En conjunto, los estudios mostraron una reducción promedio cercana a 1.1 puntos en escalas de dolor de 0 a 10 entre quienes realizaron ejercicio.

Los resultados son relevantes porque sugieren que las personas con dolor no necesariamente necesitan entrenamientos intensos o prolongados para obtener beneficios. De hecho, los programas con menor intensidad y menor duración mostraron resultados favorables en el análisis.

Sin embargo, esto no significa que el ejercicio sustituya a los medicamentos en todos los pacientes. El tratamiento del dolor depende de su causa, intensidad, duración y de las características de cada persona.

¿Qué ejercicios pueden ayudar?

Uno de los hallazgos importantes es que no parece existir una sola modalidad de ejercicio que funcione para todos los tipos de dolor.

Entre las actividades estudiadas se encuentran:

Ejercicio aeróbico, como caminar, nadar o utilizar una bicicleta.Entrenamiento de fuerza, utilizando pesas ligeras o bandas elásticas.Yoga y Pilates, que combinan movimiento, flexibilidad y control corporal.Tai chi, caracterizado por movimientos lentos y controlados.Ejercicios realizados en agua, particularmente útiles para algunas personas con limitaciones de movilidad.

La elección puede adaptarse a la enfermedad, condición física y preferencias de cada paciente.

¿Por qué puede disminuir el dolor?

El ejercicio produce diferentes respuestas en el organismo que pueden modificar la manera en que se perciben los estímulos dolorosos.

La actividad física puede favorecer la liberación de sustancias como endorfinas y endocannabinoides, que participan en la modulación del dolor. También puede influir sobre la forma en que el sistema nervioso procesa las señales dolorosas y mejorar la función muscular y articular.

Además, mantenerse activo puede generar beneficios indirectos: dormir mejor, disminuir el estrés, mejorar el estado de ánimo y recuperar confianza para realizar actividades que anteriormente se evitaban por miedo al dolor.

Por ello, el beneficio del ejercicio no depende únicamente de una posible acción analgésica directa, sino también de los cambios físicos y psicológicos que produce a largo plazo.

¿Más ejercicio significa menos dolor?

No necesariamente.

Uno de los resultados destacados del análisis fue que una mayor cantidad de ejercicio no siempre produjo una mayor reducción del dolor. Los programas de menor duración e intensidad también mostraron beneficios importantes.

Esto resulta especialmente relevante para quienes tienen dolor persistente y consideran que hacer ejercicio durante largos periodos podría empeorar sus síntomas.

La evidencia sugiere que comenzar con una cantidad pequeña de actividad y aumentarla progresivamente, cuando sea posible, puede ser una estrategia más realista que intentar realizar rutinas exigentes desde el principio.

Otros beneficios para las personas con dolor crónico

El ejercicio puede ofrecer beneficios que van más allá de reducir la intensidad del dolor.

Entre ellos se encuentran:

Mayor movilidad y capacidad funcional.Mejor fuerza muscular.Mayor independencia para realizar actividades cotidianas.Mejor calidad del sueño.Beneficios sobre la salud cardiovascular y metabólica.Posibles mejoras en síntomas de ansiedad y depresión.Mayor confianza para utilizar el cuerpo y mantenerse activo.

Estos efectos son especialmente importantes porque el dolor crónico puede generar un círculo de dolor → menor actividad → pérdida de condición física → mayor dificultad para moverse. El ejercicio adaptado puede ayudar a romper este ciclo.

¿Cómo empezar si moverse provoca dolor?

Una de las principales barreras para hacer ejercicio cuando existe dolor crónico es el temor de que la actividad empeore los síntomas.

Por ello, puede ser útil comenzar de manera gradual:

Elegir una actividad de bajo impacto, como caminar, ejercicios en agua o movilidad articular.Comenzar con sesiones breves, incluso de 10 a 20 minutos, según la tolerancia.Distribuir la actividad a lo largo de la semana en lugar de concentrarla en una sola sesión.Incrementar progresivamente la duración o intensidad cuando el organismo lo permita.Evitar comparar el propio rendimiento con el de otras personas.Consultar a un médico o fisioterapeuta cuando exista una enfermedad musculoesquelética, neurológica u otra condición que requiera adaptar el ejercicio.

El objetivo inicial no debería ser alcanzar una determinada cantidad de ejercicio, sino conseguir que el movimiento sea tolerable y sostenible.

¿El ejercicio reemplaza a los analgésicos?

No en todos los casos.

El ejercicio puede formar parte fundamental del tratamiento de numerosos tipos de dolor crónico, pero no debe interpretarse como un sustituto universal de los medicamentos.

Algunas personas necesitarán analgésicos, antiinflamatorios, medicamentos específicos para dolor neuropático, procedimientos u otras intervenciones dependiendo de la causa del dolor.

La ventaja del ejercicio es que puede integrarse al tratamiento y proporcionar beneficios adicionales sin depender exclusivamente de medicamentos.

¿Qué significa este hallazgo para el tratamiento del dolor?

Los resultados refuerzan la importancia de considerar la actividad física como una herramienta terapéutica, especialmente porque puede adaptarse a personas con diferentes niveles de capacidad física.

Además, muchas formas de ejercicio requieren poco equipo y pueden realizarse en casa, al aire libre o en espacios comunitarios.

Sin embargo, es importante evitar la idea de que existe una rutina universal para el dolor crónico. Una persona con artritis, otra con fibromialgia y otra con dolor lumbar pueden necesitar programas completamente diferentes.

La constancia puede ser más importante que la intensidad

La principal enseñanza de esta investigación es que no siempre es necesario entrenar intensamente para obtener beneficios sobre el dolor. Actividades relativamente sencillas, realizadas de forma constante y adaptadas a las capacidades de cada persona, pueden contribuir a mejorar la función y disminuir la intensidad de los síntomas.

Para quienes viven con dolor crónico, empezar con pequeños periodos de movimiento puede ser más realista que intentar realizar rutinas extenuantes.

El ejercicio no constituye una cura universal ni reemplaza la valoración médica, pero puede convertirse en una parte importante de un tratamiento integral orientado a disminuir el dolor, recuperar la función y mejorar la calidad de vida.

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