Bukele, ¿un espejo?

— José Woldenberg 29/09/2026

"Para empezar, dejémonos de rodeos: yo considero a Bukele un dictador. Ahora sigamos. Nayib Armando Bukele Ortez es el hombre más poderoso y querido en El Salvador. A sus cuarenta y cuatro años, lleva seis ocupando la presidencia de una república que ya no es república. Él tiene todo el poder. Más del 80% de los salvadoreños aprueba su gestión…”. Así inicia el poderoso ensayo de Óscar Martínez, periodista salvadoreño exilado en nuestro país (Bukele, el rey desnudo, Anagrama, Barcelona, 2026).

Recuerda que Bukele fue alcalde de la capital postulado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la izquierda de entonces, y reconstruye la ruta a través de la cual una naciente democracia abrió la puerta a un rotundo dictador. En el periódico El Faro, donde Martínez era el jefe de redacción, documentaron cómo pactó con las pandillas, se aprovechó de ello para llegar a la alcaldía y luego a la presidencia, para después combatirlos instaurando un régimen de excepción. Y en efecto, acabó con ellas. Permítanme unos subrayados que me parecen elocuentes.

“Los votantes salvadoreños le dieron en 2021 una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa y él la ocupó para tomar ilegalmente el control de jueces y magistrados de la Corte Suprema de Justicia y para nombrar fiscal general de la República a un hombre que él controla. Bukele no tiene contrapesos”.

“El fiscal fue destituido porque había abierto una investigación contra Bukele… La primera acción del fiscal impuesto por Bukele fue perseguir a los fiscales anteriores, que ahora están exilados. Y la primera acción trascendente de los nuevos magistrados fue hacer una lectura cantinflesca de la Constitución para avalar la reelección de Bukele”.

El 4 de febrero de 2024, luego de las votaciones, salió al balcón del Palacio Nacional para decir ante una multitud: “Sería la primera vez que en un país exista un partido único en un sistema plenamente democrático. Toda la oposición junta quedó pulverizada”.

“Bukele suele estructurar sus discursos para hacer ver que el pueblo es el que ha dado órdenes como la de sacar a los magistrados de la Sala de lo Constitucional…”.

“Nos quitó a todos los salvadoreños un buen número de derechos civiles, entre ellos el derecho al debido proceso, a que policías y fiscales presenten pruebas ante el sistema judicial para que haya una captura y a que el capturado vaya a un juicio independiente donde se valore si esas pruebas son o no concluyentes”.

“Acabó con los partidos de la posguerra que parecían invencibles…”. “Bukele elogiaba en público y en privado mi trabajo y el de mi periódico. Cuando llegó al poder y empezamos a vigilarlo de cerca, dejó de hacerlo y empezó a difamarnos”.

“La gran mayoría de mis compatriotas estaban desesperados, humillados y no saben de democracia ni de historia: estaban muy ocupados sobreviviendo. Estaban listos para ser engañados. Estaban ansiosos por creer”.

Suele reescribir la historia y repite “que los Acuerdos de Paz de 1992 fueron una farsa... Por la boca de Bukele solo se habla de buenos y malos; honrados y deshonrados; pueblo y mareros; seguidores y criminales… Todas sus obras son históricas, mundiales, milagrosas, insólitas, inimaginables… Entiende que un eslogan importa más que una idea… Presenta cascarones sonoros: “el dinero alcanza cuando nadie roba”, “los mismos de siempre”, como llamó a todos los políticos que no fueran él o los suyos… Sabe que los odios generan más interés que las ideas”.

Vale la pena leer el libro.

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