— Agencias 27/09/2026
En la oncología moderna existen descubrimientos que no solo permiten comprender mejor cómo se desarrolla un cáncer, sino que también han cambiado de manera radical la forma de tratarlo. Uno de los ejemplos más importantes es el cromosoma Filadelfia, una alteración genética relacionada principalmente con determinados tipos de leucemia.
A diferencia de una mutación hereditaria, esta alteración no suele transmitirse de padres a hijos. Se desarrolla durante la vida de una persona como consecuencia de un cambio adquirido en determinadas células de la médula ósea.
¿Cómo se forma el cromosoma Filadelfia?
El cromosoma Filadelfia aparece debido a un intercambio anormal de material genético conocido como translocación recíproca. Durante este proceso, una parte del cromosoma 9 se intercambia con un segmento del cromosoma 22.
Como consecuencia, el cromosoma 22 resultante queda más corto de lo habitual. Esta estructura fue identificada por primera vez en Filadelfia, Estados Unidos, y de ahí proviene su nombre.
El problema más importante no es únicamente el cambio en la estructura cromosómica, sino la alteración genética que se produce como consecuencia de este intercambio.
La formación del gen BCR-ABL1
Cuando los fragmentos cromosómicos se reorganizan, dos genes que normalmente se encuentran separados —BCR, localizado en el cromosoma 22, y ABL1, ubicado en el cromosoma 9— pueden quedar fusionados.
El resultado es el llamado gen de fusión BCR-ABL1, que contiene las instrucciones para producir una proteína con actividad anormal de tirosina cinasa.
En condiciones normales, las señales que regulan la proliferación y supervivencia de las células sanguíneas están estrictamente controladas. La proteína BCR-ABL1, en cambio, mantiene activadas determinadas vías de señalización que favorecen la proliferación y supervivencia de las células afectadas.
Con el tiempo, estas células anormales pueden acumularse en la médula ósea y alterar la producción normal de las células sanguíneas.
Su relación con la leucemia
La presencia del cromosoma Filadelfia y del gen BCR-ABL1 es una característica fundamental de la leucemia mieloide crónica (LMC), donde se encuentra en la gran mayoría de los pacientes.
También puede detectarse en una proporción de personas con leucemia linfoblástica aguda (LLA), tanto en adultos como en algunos casos pediátricos.
Por ello, determinar si una leucemia presenta esta alteración tiene importantes implicaciones diagnósticas y terapéuticas.
Un descubrimiento que cambió el tratamiento
El conocimiento del mecanismo molecular detrás del cromosoma Filadelfia permitió desarrollar medicamentos capaces de actuar directamente sobre la proteína producida por BCR-ABL1.
Los inhibidores de la tirosina cinasa (ITC) bloquean esta señal molecular y reducen la proliferación de las células leucémicas. Entre ellos se encuentran fármacos como imatinib, dasatinib, nilotinib, bosutinib y ponatinib, utilizados de acuerdo con las características de cada paciente y de la enfermedad.
Este avance representó uno de los ejemplos más importantes de medicina de precisión en oncología: en lugar de atacar de manera indiscriminada a todas las células que se dividen rápidamente, el tratamiento puede dirigirse contra una alteración molecular específica que impulsa la enfermedad.
El cromosoma Filadelfia pasó así de ser una anomalía observada en las células leucémicas a convertirse en una de las claves para comprender el cáncer y desarrollar terapias dirigidas. Su descubrimiento marcó un cambio fundamental en el tratamiento de la leucemia y sentó bases para el desarrollo de otras estrategias de medicina molecular.
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