510 mil desplazados por el narco: una afrenta dolorosa

— Juan Pablo Becerra Acosta 27/09/2026

El crimen organizado provocó en un lustro —2020-2025– que al menos 510 mil personas se desplazaran de sus lugares de origen o residencia a causa de la violencia que siembran las guerras narcas, según la Encuesta Intercensal (EIC) 2025 del INEGI dada a conocer el martes pasado. Es la primera vez que la EIC se aboca a tratar esa tragedia y el resultado es tristísimo: en cinco años más de medio millón de personas han sido desplazadas en México por la destructividad criminal.  Se trata de un promedio de 102 mil adultos (y también menores de edad) desplazados cada año.

Un horror: es el equivalente a que se produjera una caravana de 8,500 personas huyendo cada mes desde diferentes lugares ubicados en la república mexicana.Además de tratarse de un hecho vergonzoso, porque nos habla de un problema de inseguridad que refleja ausencia del Estado y niveles de corrupción y complicidad permanentes, es muy preocupante porque culturalmente llevamos un cuarto de siglo normalizando la existencia de una nación sangrante.

Lo tenemos interiorizado y no sólo es una barbaridad resignarnos a ello cada día, sino que se han instaurado, en amplias zonas del país, regiones de silencio, zonas de miedo permanente.  Redactó el INEGI: “Por primera vez, la EIC 2025 incorpora información sobre el desplazamiento forzado interno. Esto permite dimensionar su magnitud y analizar su distribución territorial. Los resultados presentan que, entre octubre de 2020 y octubre de 2025, 510 mil hogares tenían al menos a una persona que se vio obligada a cambiar su lugar de residencia debido a la violencia o la inseguridad delictiva. En conjunto, estos hogares estaban conformados por 1.6 millones de personas”.

¿Dónde estuvo (2020-2025) lo peor en términos del territorio nacional, dónde estuvieron los mayores porcentajes poblacionales de desplazamientos forzados? En diez estados: Zacatecas, Morelos, Colima, Querétaro, Michoacán, Baja California Sur, Durango, Quintana Roo, Aguascalientes e Hidalgo padecieron los peores dígitos. No resulta extraño, son zonas narcas, de extorsiones o huachicol.  Pero eso no es todo: a la desgracia de esos cientos de miles de personas que tuvieron que huir de sus hogares y resquebrajar sus familias para evitar muertes, desapariciones o saqueos patrimoniales (extorsiones), se le suma otra catástrofe: los desastres naturales.

“Por su parte, 152 mil hogares contaban con al menos una persona que se vio forzada a desplazarse por desastres naturales o de origen humano. Dichos hogares se integraron por 486 mil personas”.

Esto es, al menos 152 mil personas adicionales —en cinco años— que también padecieron la ruptura de sus formas de vida y el perjuicio económico, social y cultural que eso conllevó por vivir en zonas muy vulnerables ante las catástrofes del clima. “Estos resultados evidencian que la violencia, la inseguridad y los desastres son aún factores que afectan la movilidad y las condiciones de vida de una parte de la población mexicana”, apunta con rotundidad el INEGI.

En el caso de la inseguridad, ¿quién causa estas diásporas del desconsuelo? Los capos y sus trabajadores criminales. Hace tres años, el 23 de septiembre de 2023, publiqué aquí las cifras dadas a conocer en ese entonces por la prestigiada revista Science, la cual publicó un estudio (en el que participó el gran Alejandro Hope, colaborador de EL UNIVERSAL que desgraciadamente acababa de fallecer) que calculó el número de empleados que trabajan directamente para el narco mexicano: hasta 185 mil personas. Unos 185 mil hijos del sicariato arriando malamente y quebrando las vidas de medio millón de mexicanos.

En mayo de este año, Sebastian Gorka, director antiterrorismo de la Casa Blanca, calculó la cifra al alza: serían 500 mil los hombres del halconeo y el sicariato. Hace sentido: un malandro, hasta 500 mil malandros, correteando a un ciudadano, a 500 mil ciudadanos.

Una vergüenza dolorosísima para México. 

Bajo fondo

He tenido el privilegio de conocer a diplomáticos mexicanos extraordinarios, incluidos varios embajadores realmente brillantes. La mayoría eran diplomáticos de carrera, aunque también me topé con políticos convertidos —por las buenas o las malas— en embajadores. Algo les aprendí al escucharlos, no para pretender usurpar su oficio, pero sí para distinguir entre una buena y una mala diplomacia. 

“Algunos confunden diplomacia con cautela excesiva, casi con miedo”, le escuché discernir a uno de ellos, a Porfirio Muñoz Ledo, cuando era Representante Permanente de México ante la ONU, tiempo durante el cual pasé algunas semanas en su departamento de Nueva York. El arte de la diplomacia es decir con valentía y firmeza lo que tu país tiene que plantear, pero hacerlo sin insolencia, sin frases estridentes que puedan herir a quien aludes. 

No tienes que llamarle energúmeno al energúmeno Trump para contestarle cuando te agrede en la ONU y te espeta que tu Presidenta no gobierna en partes importantes del territorio mexicanos, sino que lo hacen los cárteles. Bastaba citarle a la Asamblea de Naciones Unidos algunos números rotundos de lo que ha logrado México: detener a miles de criminales que equivalen a equis; incautar tantas toneladas de tales drogas que tenían un valor de mercado de tantos dólares; quitarles a los narcos tantos kilos de fentanilo y otras drogas que consumen los gringos y que hubieran podido matar a tantos consumidores estadunidenses, etcétera.     

Con firmeza, con contundencia, y luego, con elegancia y sobriedad, le recetas que la guerra contra las drogas es un asunto global y en particular un problema de América que es un continente (no un país, puedes deslizar para aclarar), especialmente de Estados Unidos, donde cada año equis números de personas consumen tales y tales drogas y son el mercado número uno del mundo para las drogas y se mueren tantos por adictos cada año. Y hablas de la prevención y de que, si hay consumidores, siempre habrá drogas. Sereno, finalizas diciendo que además Estados Unidos financia de alguna manera al crimen organizado mexicano porque permite que los cárteles reciban armamento pesado y traficado que provienen de tales y tales estados gringos. 

Y para finalizar, por eso es importante que conciliemos y nos respetemos y nos unamos todos en esta lucha por la salud y la libertad de nuestros y jóvenes y protejamos así, todos juntos, sus vidas.

Tantán, aplausos. 

Nada de eso vi que hiciera el canciller mexicano durante esta semana, luego de los embates de Trump contra nosotros en la ONU. 

Lástima, la diplomacia se ejerce con refinamiento, con gracia, con garbo, con delicadeza pero con firme sobriedad, o no es diplomacia; es miedo, es inseguridad, es pequeñez, le dijo Porfirio a mi padre, Manuel, en una de las tantísimas charlas les atestigüé.

Pues eso. 

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