Ruido rosa durante el sueño: un estudio del MIT explora su efecto sobre las ondas cerebrales

— Agencias 25/09/2026

Los sonidos constantes se han convertido en una herramienta frecuente para algunas personas que buscan dormir mejor. El ruido blanco, por ejemplo, puede ayudar a enmascarar sonidos del ambiente como tráfico, conversaciones o aparatos domésticos.

Se caracteriza por distribuir de manera uniforme su energía entre las distintas frecuencias que puede percibir el oído y producir un sonido parecido a un siseo constante.

El ruido rosa también incluye un amplio rango de frecuencias, pero da mayor protagonismo a los sonidos graves y reduce la intensidad relativa de los agudos. Por esta razón, suele compararse con el sonido continuo de la lluvia o una cascada distante.

Ahora, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) analizaron una forma mucho más específica de utilizar este tipo de sonido durante el sueño: en lugar de reproducirlo de manera continua, aplicaron pequeñas ráfagas sincronizadas con determinados momentos de la actividad cerebral.

El ruido rosa sincronizado aumentó las ondas lentas del sueño

El estudio, publicado en Science Translational Medicine, se basó en investigaciones previas que habían encontrado una relación entre las ondas lentas del sueño y los cambios en el movimiento del líquido cefalorraquídeo.

Estas ondas eléctricas son características del sueño no REM y tienen una mayor presencia durante las etapas de descanso profundo.

El equipo dirigido por Laura Lewis, profesora del MIT, quiso comprobar si un estímulo auditivo breve podía reforzar estas ondas cerebrales y, como consecuencia, modificar el movimiento del líquido cefalorraquídeo.

La propuesta no consistió simplemente en poner ruido rosa de fondo durante toda la noche. El objetivo fue emitir un estímulo muy corto en el momento preciso en que el cerebro entraba en una fase determinada de su actividad durante el sueño.

Un experimento con 14 personas

El estudio incluyó a 14 adultos sanos, quienes se quedaron dormidos durante sesiones de siesta dentro de un equipo de resonancia magnética funcional.

Mientras dormían, los investigadores utilizaron electroencefalografía (EEG) para registrar la actividad eléctrica cerebral y resonancia magnética para observar el movimiento del líquido cefalorraquídeo.

Joshua Levitt y su equipo desarrollaron un sistema capaz de anticipar cuándo estaba a punto de alcanzarse el punto máximo de una onda lenta. Cuando el algoritmo detectaba ese momento, emitía una pequeña ráfaga de ruido rosa de apenas 50 milisegundos.

La intensidad utilizada no fue suficiente para despertar a los participantes.

¿Qué observaron los investigadores?

Cuando el estímulo auditivo se aplicaba en el momento adecuado, aumentaba la amplitud de las ondas lentas cerebrales y también la de las ondas relacionadas con el movimiento del líquido cefalorraquídeo.

Las imágenes obtenidas durante el experimento mostraron además una relación entre las ondas eléctricas cerebrales y cambios cíclicos en los vasos sanguíneos. Estos movimientos de contracción y dilatación parecen favorecer el desplazamiento del líquido cefalorraquídeo.

De acuerdo con los investigadores, el procedimiento consiguió aumentar durante el sueño la magnitud de las ondas asociadas con el flujo de este líquido en adultos sanos.

Sin embargo, existe una limitación importante: el estudio no demostró que estos cambios mejoren la memoria, las capacidades cognitivas o la calidad del sueño en condiciones normales de la vida cotidiana.

No significa que escuchar ruido rosa toda la noche sea beneficioso

Los resultados tampoco deben interpretarse como una recomendación para reproducir ruido rosa de manera continua mientras se duerme.

La intervención estudiada por el MIT fue breve, personalizada y sincronizada con la actividad cerebral de cada participante. El sonido se administró durante un momento específico de las ondas lentas, no de forma permanente.

Esta diferencia es importante porque otros trabajos han encontrado resultados distintos cuando el ruido rosa se utiliza de manera continua.

En una investigación de Penn Medicine, los participantes estuvieron expuestos durante el sueño a ruido rosa continuo de aproximadamente 50 decibeles, además de ruido de aviones. En comparación con las noches sin exposición sonora, el ruido rosa se relacionó con una reducción cercana a 19 minutos de sueño REM y con una peor percepción subjetiva de la calidad del descanso.

En cambio, los tapones para los oídos evitaron en buena medida la reducción del sueño profundo asociada con el ruido de los aviones.

Dos formas muy diferentes de utilizar el sonido

Los resultados de ambos estudios no son necesariamente contradictorios, porque analizaron intervenciones diferentes.

El trabajo del MIT utilizó ráfagas de 50 milisegundos sincronizadas con las ondas lentas individuales de cada participante, mientras que el estudio de Penn Medicine evaluó una exposición continua al ruido rosa a una intensidad determinada.

Por ahora, el estudio del MIT demuestra que un estímulo auditivo cuidadosamente sincronizado puede modificar determinados patrones de actividad cerebral y el movimiento del líquido cefalorraquídeo durante el sueño.

Pero todavía falta determinar si estos cambios tienen beneficios clínicos reales, como mejorar la memoria, proteger la función cerebral o hacer que una persona duerma mejor.

En otras palabras, el hallazgo abre una línea interesante de investigación sobre cómo la estimulación auditiva puede interactuar con el cerebro durante el sueño, pero no demuestra que simplemente dejar ruido rosa encendido toda la noche produzca esos mismos beneficios.

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