Estrés escolar: 5 estrategias para ayudar a los estudiantes a manejar la presión

— Agencias 25/09/2026

El regreso a clases suele implicar una combinación de materias, tareas, horarios exigentes y expectativas académicas.

Sin embargo, actualmente los estudiantes también enfrentan otros factores de presión, como la exposición constante a noticias preocupantes, la comparación en redes sociales y una conexión permanente que hace cada vez más difícil separar la vida escolar de la personal.

De acuerdo con la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, esta combinación puede generar una especie de “tormenta perfecta” de estrés. La presión no desaparece al terminar las clases: puede continuar en casa y manifestarse mediante cambios de humor, alteraciones conductuales, dificultades para dormir o diferentes síntomas físicos.

Un cierto nivel de estrés puede ser útil para mantener la motivación y responder a los desafíos. El problema aparece cuando la respuesta de alerta se activa repetidamente y el organismo no dispone de suficiente tiempo para recuperarse.

Ante esta situación, la especialista propone cinco estrategias.

1. Explicar que el estrés también puede afectar el rendimiento académico

Hablar sobre salud mental no siempre resulta suficiente para motivar a un estudiante a modificar sus hábitos. Una forma de hacerlo más comprensible es explicar que el estrés también puede interferir directamente con el aprendizaje y el rendimiento escolar.

Cuando la preocupación es elevada, puede ocupar parte de la memoria de trabajo, el sistema que permite mantener y manipular información durante una actividad. Esto puede dificultar la recuperación de conocimientos que ya fueron aprendidos.

Por ello, pasar la noche estudiando sin dormir o llegar a un examen con una crisis intensa de ansiedad no necesariamente mejora el desempeño. En determinadas circunstancias, puede ocurrir lo contrario.

Comprender esta relación puede ayudar al estudiante a considerar el descanso, la organización y el manejo del estrés como parte de su preparación académica, no como una pérdida de tiempo.

2. Organizar las obligaciones en tres grupos

Cuando todas las tareas parecen urgentes, es fácil sentirse abrumado. Una estrategia sencilla consiste en dividir las obligaciones pendientes en tres categorías:

Ahora: actividades que requieren atención inmediata.

Después: tareas importantes que pueden esperar.

Más tarde o eliminar: actividades que pueden posponerse, delegarse o incluso quitarse de la lista.

Una vez establecida esta jerarquía, conviene tomar la tarea más urgente y dividirla en pasos pequeños y concretos.

En lugar de pensar únicamente en “terminar todo el proyecto”, por ejemplo, puede resultar más manejable comenzar por investigar un tema, elaborar un esquema y posteriormente completar cada apartado.

Esta forma de organizarse puede disminuir la sensación de que existe una cantidad interminable de pendientes y favorecer el desarrollo de habilidades de planificación y administración del tiempo.

3. Mantener rutinas que funcionen como puntos de estabilidad

Durante las épocas de mayor exigencia académica, algunas actividades básicas suelen ser las primeras que se sacrifican. Sin embargo, mantener determinadas rutinas puede ayudar a conservar una base de estabilidad.

Entre ellas destacan:

Dormir el tiempo suficiente.

Realizar actividad física de manera regular.

Mantener contacto presencial con familiares, amigos o personas de confianza.

Reservar momentos de descanso y desconexión.

Estas actividades pueden funcionar como “anclas” de bienestar, especialmente cuando aumentan las demandas escolares.

El objetivo no es eliminar completamente el estrés, sino evitar que la respuesta de alerta permanezca activada durante largos periodos sin oportunidad de recuperación.

4. Limitar el tiempo en redes sociales

Para muchos jóvenes, revisar las redes sociales se ha convertido en una forma de distraerse después de estudiar. Sin embargo, ese hábito no siempre produce una verdadera sensación de descanso.

La exposición constante a noticias preocupantes, mensajes, correos, publicaciones y comparaciones con otras personas puede mantener al estudiante conectado con las mismas fuentes de presión de las que intenta desconectarse.

Las redes también pueden generar una sensación permanente de estar siendo observado, comparado o evaluado.

Como alternativa, puede ser útil sustituir parte del tiempo dedicado al scrolling por actividades que favorezcan la atención plena, como meditación, dibujo, música, lectura, caminar o alguna actividad artística.

La intención no es eliminar necesariamente las redes sociales, sino establecer momentos del día en los que el estudiante pueda realmente desconectarse.

5. Los adultos también pueden ayudar a regular el estrés

La forma en que los padres, profesores y otros adultos reaccionan ante situaciones de presión puede influir en cómo los jóvenes afrontan sus propias emociones.

Esto no significa que los adultos tengan que mostrarse tranquilos todo el tiempo. También es útil que los estudiantes observen que una persona puede reconocer que está estresada, detenerse, reflexionar y buscar ayuda cuando la necesita.

Además del núcleo familiar, puede ser beneficioso contar con una red de adultos de confianza a quienes el estudiante pueda recurrir cuando la presión sea demasiado intensa.

En resumen

El estrés escolar no siempre puede eliminarse, pero sí es posible desarrollar estrategias para manejarlo. Dormir adecuadamente, organizar las tareas, mantener actividad física y vínculos sociales, limitar la conexión constante y contar con adultos de apoyo pueden ayudar a que las exigencias académicas sean más manejables.

Si el estrés comienza a interferir de forma importante con el sueño, el rendimiento, las relaciones, el estado de ánimo o las actividades cotidianas, es recomendable buscar orientación de un profesional de la salud mental.

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