Migraña y sueño: las personas con esta enfermedad podrían tener peor calidad de sueño

— Agencias 25/09/2026

Las personas que padecen migraña podrían tener más dificultades para dormir que quienes no presentan cefaleas.

Así lo encontró un estudio realizado en Polonia con 5,311 adultos, en el que el 64.1% de los participantes con migraña presentó una calidad de sueño deficiente, frente al 38.7% de quienes no habían tenido dolores de cabeza durante el año previo.

La investigación fue realizada por científicos de la Universidad Médica de Wrocław y publicada en The Journal of Headache and Pain. Además de analizar el sueño, los investigadores evaluaron aspectos como la intensidad y frecuencia del dolor, calidad de vida, estrés, ansiedad y preferencias de horarios de actividad.

Las dificultades para dormir fueron más frecuentes en personas con migraña

Del total de participantes, 1,523 tenían migraña, 2,366 presentaban cefalea tensional, 209 tenían otros tipos de cefalea no clasificada y 1,213 no habían experimentado dolores de cabeza durante los 12 meses anteriores.

Para evaluar el descanso se utilizó el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, una herramienta que considera aspectos como el tiempo necesario para conciliar el sueño, duración del descanso, despertares durante la noche y funcionamiento durante el día.

En esta escala, una puntuación superior a cinco suele indicar una calidad de sueño deficiente. El grupo con migraña obtuvo una mediana de siete puntos, mientras que quienes no presentaban cefaleas registraron cinco.

Las personas con migraña también reportaron con mayor frecuencia:

Dificultades para quedarse dormidas.

Despertares durante la noche.

Somnolencia durante el día.

Uso de medicamentos para dormir.

Los investigadores señalaron que estas diferencias persistieron incluso después de considerar variables como edad, sexo, nivel educativo, lugar de residencia, estado civil y situación laboral.

Dormir peor se relacionó con una mayor carga de migraña

Dentro del grupo de personas con migraña, una peor calidad del sueño estuvo asociada con más días de dolor de cabeza al mes, mayor discapacidad y niveles más elevados de estrés o ansiedad.

La relación más importante se observó con la calidad de vida. Quienes presentaban mayores dificultades para dormir tendían a reportar un impacto más importante de la migraña en sus actividades cotidianas.

El estudio encontró una correlación de -0.45 entre la calidad del sueño y la calidad de vida, mientras que la asociación con la discapacidad fue de 0.37 y con el número de días de dolor al mes de 0.26.

Estos resultados indican una relación entre ambos problemas, pero no demuestran que uno sea necesariamente la causa directa del otro.

¿Las personas con migraña tienden a ser más nocturnas?

Los investigadores también estudiaron el cronotipo, es decir, la preferencia individual por desarrollar actividades y dormir en determinados momentos del día.

Los participantes con migraña mostraron una tendencia ligeramente mayor hacia horarios vespertinos. Sin embargo, esto no significa que las personas con migraña sean necesariamente “nocturnas”.

De hecho, el cronotipo intermedio fue el más frecuente entre los participantes con migraña, representando aproximadamente 66.7% de los casos.

Además, la relación entre un horario más tardío y variables como la frecuencia del dolor, la discapacidad y la calidad de vida fue relativamente débil.

Los autores plantean que esta tendencia podría estar relacionada tanto con factores biológicos como con cambios en las rutinas provocados por el dolor recurrente, la fatiga o las dificultades para dormir.

¿Dormir mal provoca migraña?

El estudio no permite establecer que la falta de sueño sea la causa de la migraña.

La relación probablemente sea más compleja y podría funcionar en ambas direcciones. Por un lado, dormir poco, tener horarios irregulares o despertarse repetidamente puede favorecer una mayor sensibilidad al dolor en algunas personas. Por otro, un ataque de migraña puede dificultar considerablemente el descanso debido al dolor, las náuseas y la sensibilidad a la luz o al sonido.

Además, la investigación fue de tipo transversal, es decir, los datos se recopilaron en un momento determinado. Por ello, no fue posible determinar qué ocurrió primero: las alteraciones del sueño o el aumento de los síntomas de migraña.

Otro aspecto importante es que la información sobre el descanso se obtuvo mediante cuestionarios y no mediante estudios objetivos del sueño, como una polisomnografía.

¿Qué importancia tienen estos resultados?

Los hallazgos sugieren que el sueño debería formar parte de la evaluación integral de las personas con migraña, especialmente cuando existen ataques frecuentes o un impacto importante en la vida diaria.

Mantener horarios regulares para dormir y despertar, evitar cambios extremos en el horario de descanso y atender los problemas persistentes de sueño pueden ser componentes importantes del manejo general de la enfermedad.

Sin embargo, mejorar el sueño no sustituye el tratamiento específico de la migraña. Cuando los ataques son frecuentes, intensos o incapacitantes, es recomendable realizar una valoración médica para determinar las opciones de tratamiento más adecuadas.

En conclusión, el estudio muestra una asociación clara entre migraña y peor calidad del sueño, además de una relación entre los problemas de descanso y una mayor carga de enfermedad. Aun así, se necesitan estudios longitudinales para determinar cómo interactúan el sueño, los horarios biológicos y la migraña a lo largo del tiempo.

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