— Agencias 25/09/2026
Los medicamentos de la familia de los GLP-1, utilizados para el tratamiento de la obesidad y otras alteraciones metabólicas, podrían ser herramientas útiles para algunos niños y adolescentes, pero su empleo también requiere una vigilancia nutricional adecuada.
Un nuevo estudio publicado en la revista Childhood Obesity encontró que aproximadamente 1 de cada 6 menores tratados con un medicamento GLP-1 recibió posteriormente un diagnóstico relacionado con alguna deficiencia nutricional.
La alteración más frecuente fue la deficiencia de vitamina D, identificada en más del 12% de los pacientes durante el primer año posterior al inicio del tratamiento.
¿Por qué podrían aparecer deficiencias nutricionales?
Los medicamentos GLP-1 imitan los efectos de una hormona natural llamada péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1). Entre sus efectos se encuentran la regulación de la glucosa, el aumento de la sensación de saciedad, la disminución del apetito y el retraso del vaciamiento gástrico.
Estos mecanismos pueden ayudar a reducir el consumo de alimentos y favorecer la pérdida de peso. Sin embargo, durante la infancia y la adolescencia el organismo necesita suficiente energía, proteínas, vitaminas y minerales para sostener el crecimiento y el desarrollo.
Por ello, una reducción importante del apetito podría dificultar que algunos pacientes cubran sus requerimientos nutricionales.
¿Qué encontró el estudio?
Los investigadores analizaron registros de reclamaciones de seguros correspondientes al periodo 2017-2022. La base de datos incluía información de más de 100 millones de pacientes, de la cual identificaron a más de 2,000 niños y adolescentes de entre 10 y 17 años que habían recibido una prescripción de un medicamento GLP-1.
La edad promedio era de aproximadamente 15 años y cerca del 63% tenía un diagnóstico de obesidad.
Durante el primer año de tratamiento:
17% presentó al menos una deficiencia nutricional o algún problema de salud relacionado con la nutrición.
Más del 12% fue diagnosticado con deficiencia de vitamina D.
Cerca del 1.6% presentó anemia nutricional.
Aproximadamente 1.4% desarrolló anemia asociada con deficiencia de hierro.
La deficiencia de vitamina D puede afectar la mineralización de los huesos y, cuando es grave durante la infancia, favorecer problemas como el raquitismo.
Vitamina D, hierro y calcio: nutrientes especialmente importantes
Durante la adolescencia ocurre una etapa fundamental para el crecimiento y la consolidación de la masa ósea. Por ello, nutrientes como la vitamina D, el calcio y el hierro adquieren especial importancia.
Una ingesta insuficiente de estos nutrientes puede tener consecuencias sobre la salud ósea, la formación de sangre y otros procesos necesarios para un desarrollo adecuado.
Esto no significa que todos los menores que reciben GLP-1 desarrollarán una deficiencia. El riesgo puede variar dependiendo de la alimentación, el estado nutricional previo, las características individuales y la respuesta al tratamiento.
Poco acompañamiento nutricional después de iniciar el tratamiento
Otro hallazgo relevante fue la baja frecuencia de asesoría nutricional después de comenzar el tratamiento.
De acuerdo con los investigadores:
Solo alrededor del 5% recibió orientación nutricional durante los primeros 30 días.
Menos del 25% recibió este tipo de asesoramiento durante los primeros seis meses.
Para los autores, estos datos resaltan la importancia de que el tratamiento de la obesidad pediátrica no se limite al medicamento, sino que incluya una evaluación integral de la alimentación y del estado nutricional.
¿Significa esto que los GLP-1 son peligrosos para los niños?
No necesariamente. El estudio no demuestra que los medicamentos GLP-1 sean la causa directa de las deficiencias nutricionales.
Se trata de un análisis de datos clínicos y de seguros, por lo que pueden existir otros factores que expliquen parte de los resultados. Además, los niños y adolescentes que reciben estos medicamentos pueden tener características de salud y alimentación diferentes a las de quienes no los utilizan.
Los hallazgos sí sugieren la importancia de vigilar el estado nutricional durante el tratamiento, especialmente en una etapa en la que el organismo todavía se encuentra en desarrollo.
¿Qué debería incluir el seguimiento?
Cuando un GLP-1 está indicado para un paciente pediátrico, el seguimiento médico puede incluir la valoración de:
Crecimiento y desarrollo.
Evolución del peso y composición corporal.
Cantidad y calidad de los alimentos consumidos.
Ingesta adecuada de proteínas y micronutrientes.
Posibles signos de deficiencia de hierro o vitamina D.
Tolerancia gastrointestinal y cambios importantes en el apetito.
La suplementación con vitaminas o minerales no debería realizarse automáticamente en todos los pacientes, sino de acuerdo con la valoración clínica y, cuando corresponda, estudios de laboratorio.
En resumen
Los medicamentos GLP-1 pueden formar parte del tratamiento de algunos casos de obesidad pediátrica, pero su utilización debe acompañarse de vigilancia médica y nutricional.
En este estudio, 17% de los menores tratados presentó algún diagnóstico relacionado con deficiencias nutricionales durante el primer año, siendo la deficiencia de vitamina D la más frecuente.
Los resultados refuerzan la importancia de que el tratamiento farmacológico se acompañe de alimentación adecuada, seguimiento del crecimiento y evaluación nutricional individualizada, especialmente durante las etapas de mayor desarrollo físico.
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