— Gilberto Ortiz 25/09/2026
El uso de tarjetas de crédito y préstamos obtenidos mediante casas de empeño puede representar una salida inmediata para cubrir gastos, pero también convertirse en una deuda difícil de controlar cuando los usuarios no cuentan con la capacidad suficiente para liquidar los saldos o realizan únicamente pagos mínimos durante periodos prolongados.
El economista local Héctor Rodríguez advirtió sobre los riesgos de recurrir de manera constante a estos mecanismos de financiamiento, particularmente cuando son utilizados para cubrir gastos de entretenimiento o compras que no forman parte de las necesidades básicas.
Señaló que una parte importante de la población llega a tener comprometida su capacidad de pago debido al uso excesivo de las tarjetas de crédito, recurriendo nuevamente al financiamiento para mantener determinados niveles de consumo.
“Controlar mucho los gastos, no recargarse en lo que son las tarjetas de crédito”, señaló el especialista, quien explicó que el problema principal comienza cuando el consumidor deja de reducir el saldo de la deuda y únicamente cubre los pagos necesarios para mantener la cuenta vigente.
Rodríguez explicó que los intereses y cargos generados por atrasos pueden incrementar considerablemente el costo de una compra originalmente realizada por una cantidad mucho menor. Por ello, indicó que no basta con cumplir con el pago mínimo, sino que es necesario procurar abonar cantidades que permitan disminuir realmente el capital pendiente.
De acuerdo con el economista, existen tarjetas de crédito cuyos costos pueden ubicarse alrededor del 50 por ciento y otras que, dependiendo de sus condiciones, pueden acercarse al 80 por ciento. Estas cifras, aclaró, deben tomarse como una referencia para dimensionar el costo que puede alcanzar el financiamiento y no como una tasa aplicable de manera general a todas las tarjetas.
Una problemática semejante puede presentarse en las casas de empeño, donde las personas reciben dinero de manera inmediata dejando un objeto de valor como garantía. Aunque este mecanismo permite obtener liquidez sin recurrir necesariamente a un crédito bancario tradicional, también implica el pago de intereses y otros cargos establecidos por cada establecimiento.
El especialista destacó que el consumidor debe considerar el costo total que tendrá que cubrir antes de aceptar cualquier financiamiento, ya que una cantidad obtenida de manera rápida puede terminar representando un desembolso considerablemente mayor si la deuda permanece vigente durante varios meses.
Para ejemplificar la diferencia entre ahorrar y endeudarse, Rodríguez mencionó que una persona puede encontrar instrumentos bancarios que ofrecen rendimientos cercanos al 4 o 4.5 por ciento, mientras que una deuda de tarjeta puede tener un costo financiero mucho mayor.
“Una tarjeta de crédito te cobra casi el 80 por ciento”, expuso como referencia, al señalar que esta diferencia permite observar la importancia de administrar correctamente el crédito.
Ante este panorama, recomendó a los consumidores revisar las condiciones de cada tarjeta, conocer los intereses y cargos aplicables, evitar atrasos y no utilizar el crédito como una extensión permanente de los ingresos.
También llamó a valorar si una compra realmente puede pagarse antes de recurrir al financiamiento, debido a que mantener saldos elevados durante largos periodos puede reducir la capacidad económica de las familias y aumentar progresivamente sus compromisos mensuales.
El llamado, dijo, es a mantener un mayor control sobre los gastos y utilizar el crédito de manera responsable, procurando que las deudas puedan ser cubiertas sin comprometer otros gastos esenciales.
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