— Daniela Cordova 23/09/2026
Desde 2023, Juanita vive con la ausencia de Javier, su esposo, compañero y única familia, desaparecido durante un viaje laboral.
Hay ausencias que no terminan con el paso de los días. Para Juanita, cada día desde aquel 29 de abril de 2023 ha transcurrido con la misma pregunta clavada en el corazón: ¿dónde está Javier? Su esposo salió de casa para trabajar como trailero y nunca volvió. Desde entonces, ella no ha tenido una despedida, una respuesta ni la certeza de saber qué ocurrió con el hombre con quien compartió más de dos décadas de vida.
Javier Alejandro Rebolloso Martínez tenía 44 años cuando desapareció. Trabajaba para Transportes Mariel y aquel sábado salió de su hogar rumbo a Monterrey, donde cargaría mercancía para después trasladarse a Nuevo Laredo.
Al mediodía habló con Juanita para depositarle el sueldo que había recibido. Todo parecía transcurrir como cualquier otro día. Más tarde, cerca de las 9 de la noche, ella volvió a comunicarse con él.
“¿Dónde estás?”, le preguntó.“Aquí voy”, respondió Javier. Fue una conversación breve, de esas que parecen insignificantes cuando ocurren, pero que años después se convierten en un recuerdo que se abraza con fuerza.“Okay, está bien. Dios te ayude”, le dijo Juanita.Después de esa llamada, el silencio.
Esperó pensando que volvería.Al día siguiente, Juanita intentó comunicarse nuevamente. No respondió. Pensó que quizá estaba dormido, cansado por el viaje, que en cualquier momento tomaría el teléfono y volvería a escuchar su voz. Pero la llamada nunca llegó.

Tampoco volvió Javier.
Su recorrido terminó en Lampazos, Nuevo León. Ahí fue encontrado el camión que conducía. Estaba encendido y la carga permanecía en el lugar. Incluso al principio pensaron que el trailero podía estar dormido. Pero Javier no estaba.
Todo quedó menos él. Para Juanita, aquella escena dejó una pregunta imposible de ignorar: ¿cómo podía estar el camión, estar la carga y no estar él?
Preguntó por las cámaras de vigilancia ubicadas frente al sitio donde fue localizado el vehículo, pero le dijeron que no funcionaban.
Desde entonces, la incertidumbre se convirtió en parte de su vida.
Al principio también recibió llamadas de extorsión, aumentando el miedo y la angustia de una mujer que únicamente quería saber dónde estaba su esposo.
22 años de una vida compartida.
Juanita y Javier estuvieron casados durante 22 años o más. No tuvieron hijos. Él era su esposo, su compañero y la persona con quien había construido su vida.
Por eso, cuando habla de Javier, no necesita una larga descripción.
Lo recuerda como un hombre “bien trabajador, bien alegre”, una buena persona, buen amigo y buen esposo.
Son palabras sencillas, pero detrás de ellas permanece toda una vida compartida: los días juntos, las conversaciones, las rutinas y los pequeños momentos que hoy solamente pueden existir en la memoria.
Y es precisamente esa memoria la que Juanita conserva mientras espera saber qué fue de él.

Años preguntando sin respuesta.
La denuncia fue presentada ante la Fiscalía de Nuevo León. Durante aproximadamente un año, Juanita acudió a preguntar por avances.
Le dijeron que Javier no era la única persona desaparecida.
Después siguió esperando.
El tiempo avanzó, pero la respuesta que necesitaba nunca llegó.
Para una familia, la desaparición no significa únicamente perder físicamente a una persona. También significa quedar suspendida en una espera dolorosa, sin saber si algún día habrá una noticia que permita cerrar la herida.
Ahora busca junto a otras familias.
Durante mucho tiempo, Juanita no sabía que existían colectivos de búsqueda. Apenas es la segunda ocasión que participa con las buscadoras de la Región Centro.
Hoy su historia se suma a la de las familias que participan en la jornada nacional de *búsqueda en vida de personas desaparecidas*, realizada del 20 al 27 de septiembre en la Región Centro y Norte de Coahuila, con la participación de colectivos de distintas partes de México.
Ella llegó buscando a Javier, pero también encontró a otras familias que conocen ese mismo dolor de esperar a alguien que no vuelve.

Su historia es otro crudo testimonio de lo que significa vivir con un ser querido desaparecido: aprender a continuar con una parte de la vida detenida en el último momento en que se supo de él.
“Que nos hagan caso y que busquen”.A las autoridades, Juanita no les pide grandes explicaciones. Su petición nace de una espera que ya se prolongó demasiado.“Que nos hagan caso y que busquen... que busquen”, dice. Han pasado más de tres años desde aquella última llamada. Javier tenía 44 años cuando desapareció; hoy tendría 47.
Juanita sigue aquí, preguntando por él, pronunciando su nombre y aferrándose a la esperanza de encontrarlo.
Porque para quien ama a un desaparecido, el tiempo no siempre significa pasado. A veces, cada día que transcurre es simplemente otro día esperando que la puerta vuelva a abrirse y que la persona que se fue a trabajar regrese finalmente a casa.
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX