— Agencias 22/09/2026
En 2026, investigadores de instituciones francesas como Inserm, INRAE y la Universidad Sorbona París Norte publicaron una serie de investigaciones enfocadas en analizar la posible relación entre el consumo de determinados aditivos alimentarios y el desarrollo de enfermedades crónicas.
Los trabajos utilizaron información de la cohorte NutriNet-Santé, que reúne datos de más de 100,000 personas. Los investigadores encontraron asociaciones entre un mayor consumo de algunos conservantes y colorantes y una mayor incidencia de cáncer, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
Los resultados fueron publicados en revistas científicas como The BMJ y Nature Communications. Sin embargo, es importante señalar que se trata principalmente de estudios observacionales, por lo que los resultados no demuestran que los aditivos sean directamente responsables de estas enfermedades.
¿Qué conservantes se relacionaron con un mayor riesgo de cáncer?
Una de las investigaciones analizó a más de 105,000 participantes que no tenían cáncer al inicio del seguimiento. Durante el periodo de observación se identificaron asociaciones entre el consumo de determinados conservantes y una mayor incidencia de cáncer en general, así como de cáncer de mama y próstata.
Entre los principales resultados se encontraron:
Nitrito de sodio: se relacionó con un 32% más de riesgo de cáncer de próstata.
Sorbato de potasio: se asoció con un 26% más de riesgo de cáncer de mama y un 14% más de cáncer en general.
Metabisulfito de potasio: presentó asociaciones con un 20% más de cáncer de mama y 11% más de cáncer general.
Acetatos: se relacionaron con un 25% más de cáncer de mama y 15% más de cáncer general.
Ácido acético: mostró una asociación del 12% con un mayor riesgo de cáncer general.
Eritorbatos, como el eritorbato de sodio: se relacionaron con un 21% más de incidencia de cáncer de mama y 12% más de cáncer general.
Estos compuestos pueden encontrarse en distintos productos procesados, entre ellos carnes procesadas, embutidos, algunos quesos, panes, salsas, bebidas y otros alimentos industrializados.
En el caso de las carnes procesadas, la preocupación no es nueva. La Organización Mundial de la Salud ya ha señalado que su consumo se relaciona con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Los nuevos trabajos buscan analizar si determinados aditivos presentes en diferentes alimentos también podrían estar relacionados con otros problemas de salud.
¿Qué relación encontraron con la diabetes tipo 2?
Otra investigación, publicada en Nature Communications y Diabetes Care, analizó a casi 109,000 personas que no tenían diabetes al comenzar el seguimiento.
Los investigadores observaron que los participantes con un mayor consumo de determinados conservantes presentaban entre 47% y 50% más riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 que quienes registraban un menor consumo.
Entre los aditivos estudiados se encontraban:
Sorbato de potasio
Metabisulfito de potasio
Nitrito de sodio
Ácido acético
Acetato de sodio
Propionato de calcio
También se observaron asociaciones con algunos compuestos utilizados como antioxidantes o conservadores, entre ellos alfa-tocoferol (vitamina E), ascorbato de sodio (vitamina C), extractos de romero, ácido fosfórico y ácido cítrico.
Esto no significa que dichos nutrientes o compuestos sean perjudiciales por sí mismos. Su presencia en determinados alimentos y el contexto general de la dieta son factores importantes que deben considerarse.
¿Estos estudios demuestran que los conservantes causan cáncer o diabetes?
No.
Este es uno de los puntos más importantes para interpretar correctamente los resultados. Los estudios son observacionales, por lo que permiten detectar asociaciones entre determinadas exposiciones y enfermedades, pero no establecer por sí solos una relación directa de causa y efecto.
Además, existe una dificultad importante: algunos de estos aditivos se encuentran principalmente en alimentos ultraprocesados. Por ello, resulta complicado determinar hasta qué punto el riesgo observado corresponde al aditivo específico, al alimento que lo contiene o al patrón general de alimentación.
También existe la posibilidad de obtener asociaciones estadísticas por azar cuando se analizan numerosos compuestos y diferentes enfermedades.
Por estas razones, los propios investigadores señalan la necesidad de realizar más estudios para confirmar los resultados.
¿Qué opinan los especialistas?
Los autores han planteado que, si estos resultados son confirmados por investigaciones posteriores, podría ser necesario revisar determinados aspectos de la regulación de los aditivos alimentarios.
Mientras tanto, especialistas en prevención recomiendan priorizar una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y otros alimentos poco procesados.
Instituciones como el Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR) también han señalado limitaciones metodológicas de este tipo de investigaciones, particularmente la dificultad de separar los efectos de los aditivos de los del propio alimento ultraprocesado.
Por ello, los resultados son relevantes para continuar investigando, pero no deben interpretarse como una prueba de que todos los conservantes sean peligrosos.
¿Qué significa esto para los consumidores en México?
Más que preocuparse por un conservante específico, una estrategia práctica consiste en reducir el consumo habitual de alimentos ultraprocesados y dar mayor espacio a alimentos frescos o mínimamente procesados.
Al comprar productos empaquetados, también puede ser útil revisar la información nutricional y la lista de ingredientes, especialmente cuando se consumen con frecuencia productos con grandes cantidades de azúcar, sodio, grasas saturadas o aditivos.
En México, las recomendaciones alimentarias recientes también promueven una mayor presencia de alimentos frescos y una reducción del consumo de productos ultraprocesados.
¿Debemos evitar todos los conservantes?
No necesariamente.
Los conservantes cumplen funciones importantes en la industria alimentaria, como prolongar la vida útil de los productos y reducir el crecimiento de microorganismos que pueden causar deterioro o enfermedades.
Además, que un aditivo esté autorizado para su uso en alimentos significa que las autoridades regulatorias han establecido condiciones y cantidades consideradas aceptables con base en la evidencia disponible.
Por ello, la discusión científica actual no consiste simplemente en clasificar todos los conservantes como “buenos” o “malos”, sino en determinar si determinados compuestos, dosis o patrones de exposición requieren una nueva evaluación.
¿Qué podemos hacer mientras continúa la investigación?
Mientras se obtiene mayor evidencia, algunas medidas razonables son:
🥦 Priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
🥩 Moderar el consumo de carnes procesadas y otros ultraprocesados.
🏷️ Revisar las etiquetas y comparar productos.
🍽️ Mantener una alimentación variada en lugar de centrarse únicamente en un ingrediente.
⚖️ Controlar otros factores de riesgo como el peso, la presión arterial y la glucosa.
🩺 No suspender ni modificar tratamientos médicos por información relacionada con estos estudios.
En conclusión
Los estudios franceses publicados en 2026 encontraron asociaciones entre un mayor consumo de determinados aditivos alimentarios y una mayor incidencia de cáncer y diabetes tipo 2, además de otras enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Sin embargo, estos resultados no demuestran que los conservantes causen directamente dichas enfermedades. Los investigadores reconocen la necesidad de confirmar los hallazgos y de estudiar con mayor precisión cuánto corresponde al aditivo y cuánto al alimento o patrón dietético en el que se consume.
Por ahora, la recomendación más sólida es apostar por una alimentación variada, con predominio de alimentos frescos o mínimamente procesados, y moderar el consumo habitual de ultraprocesados.
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