— Agencias 21/09/2026
Realizar viajes de ocio con cierta frecuencia, incluso mediante escapadas cortas cerca del lugar de residencia, podría estar relacionado con una mayor satisfacción con la vida y mejores indicadores de bienestar psicológico.
Así lo plantea una investigación de la Universidad de Sunshine Coast (UniSC), cuyos resultados fueron publicados en el Journal of Travel Research. El trabajo encontró que las personas que realizan viajes recreativos con mayor frecuencia pueden experimentar beneficios relacionados con el bienestar, particularmente aquellas que presentan mayor vulnerabilidad ante el estrés o cuentan con menos recursos para afrontar situaciones difíciles.
Los viajes frecuentes podrían tener beneficios que van más allá de las vacaciones
La investigación fue dirigida por el profesor asociado Rory Mulcahy y analizó información de más de 1,200 turistas australianos, evaluados en tres momentos diferentes entre 2020 y 2023.
Los investigadores estudiaron la relación entre la frecuencia de los viajes de ocio y la satisfacción con la vida. Sus resultados sugieren que la asociación entre viajar y bienestar puede mantenerse más allá del periodo concreto de vacaciones.
Una posible explicación es que viajar proporciona oportunidades para conocer lugares diferentes, realizar actividades recreativas, relacionarse con otras personas y experimentar situaciones nuevas. Estas experiencias pueden favorecer emociones positivas y contribuir a desarrollar recursos psicológicos que ayudan a afrontar mejor determinadas dificultades.
Sin embargo, estos resultados deben interpretarse como una asociación, ya que el estudio no significa que viajar sea por sí mismo una solución para los problemas de salud mental.
¿Por qué viajar podría favorecer la resiliencia?
El trabajo tomó como referencia la denominada teoría de ampliación y construcción (broaden-and-build theory), propuesta dentro del campo de la psicología positiva.
Esta teoría plantea que las emociones positivas pueden ampliar temporalmente la atención y la capacidad de explorar nuevas posibilidades y, con el tiempo, contribuir a desarrollar recursos personales que resulten útiles para enfrentar situaciones adversas.
Desde esta perspectiva, experiencias como descubrir un lugar nuevo, realizar actividades diferentes o convivir con otras personas podrían generar emociones positivas que, acumuladas, contribuyan al bienestar y a la capacidad de afrontar el estrés.
Las personas más vulnerables podrían obtener mayores beneficios
Uno de los resultados destacados por los investigadores fue que el efecto observado no fue igual en todas las personas.
Los participantes que se percibían como más vulnerables o que tenían menores habilidades para afrontar las dificultades parecían obtener mayores beneficios asociados con los viajes frecuentes.
En cambio, quienes ya contaban con recursos de afrontamiento moderados o altos mostraron cambios menos marcados. Esto plantea la posibilidad de que el impacto de las experiencias de viaje dependa, al menos en parte, de las características psicológicas y circunstancias previas de cada persona.
Por ello, no puede asumirse que una misma experiencia turística produzca el mismo efecto en todas las personas.
No es necesario realizar viajes largos o costosos
Otro aspecto relevante del estudio es que los posibles beneficios no necesariamente requieren vacaciones prolongadas o destinos internacionales.
Las escapadas breves y relativamente frecuentes también podrían proporcionar oportunidades para descansar, cambiar de ambiente, realizar actividades recreativas y romper temporalmente con la rutina.
Esto resulta particularmente interesante porque permite considerar el turismo de proximidad como una alternativa para quienes no cuentan con tiempo o recursos suficientes para realizar viajes largos.
A partir de estos resultados, los investigadores plantean que el sector turístico podría desarrollar experiencias accesibles para distintos perfiles de viajeros, incluyendo actividades guiadas, recorridos al aire libre y opciones adaptadas para personas con poca experiencia.
¿Podría tener implicaciones para la salud mental?
Los autores consideran que sus resultados podrían ser relevantes para las políticas públicas relacionadas con turismo, bienestar y salud mental. Facilitar el acceso a actividades recreativas y desplazamientos de corta duración podría ofrecer oportunidades adicionales para el descanso y la interacción social.
Sin embargo, viajar no debe considerarse un tratamiento para los trastornos de salud mental. Puede formar parte de un estilo de vida que favorezca el bienestar, pero no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica cuando existe una enfermedad diagnosticada.
Además, no todas las experiencias de viaje son necesariamente relajantes. Los costos, problemas de transporte, cambios de rutina o situaciones inesperadas también pueden generar estrés, por lo que los beneficios dependen de las circunstancias y de la experiencia individual.
El estudio tiene algunas limitaciones
Los investigadores reconocen que sus resultados deben interpretarse con cautela. La muestra estuvo integrada exclusivamente por turistas australianos, por lo que los resultados no necesariamente pueden extrapolarse directamente a personas de otros países o culturas.
Además, el periodo analizado coincidió con los años de la pandemia de COVID-19, una etapa marcada por restricciones de movilidad y posteriormente por un aumento de la demanda de viajes.
También quedan preguntas por responder. Será necesario investigar si los efectos sobre el bienestar dependen de factores como la duración del viaje, el propósito de la visita, el tipo de actividad realizada o si se viaja solo, con amigos o con familiares.
En conjunto, la investigación sugiere que mantener espacios regulares para el ocio y cambiar temporalmente de entorno podría estar relacionado con una mejor percepción del bienestar, pero se necesitan estudios adicionales para determinar qué características de los viajes son las que realmente contribuyen a estos efectos.
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