Gripe: cuáles son sus complicaciones más graves y cuándo se convierte en una emergencia

— Agencias 20/09/2026

Cada año, millones de personas desarrollan influenza, y la mayoría logra recuperarse en un periodo aproximado de una a tres semanas.

Sin embargo, aunque suele tratarse de una infección autolimitada, el virus de la influenza puede provocar complicaciones graves e incluso causar la muerte, también en personas que previamente eran sanas.

El especialista en enfermedades infecciosas Dhatri Kotekal, citado por Cleveland Clinic, explica que comprender cómo una gripe puede evolucionar hacia un cuadro grave permite reconocer las señales de alarma y buscar atención oportunamente.

En muchos casos, el desenlace fatal no se produce únicamente por la acción directa del virus, sino por las complicaciones que aparecen durante la infección. La respuesta del organismo para combatirla puede representar una importante carga para diferentes órganos y sistemas.

Los CDC han estimado que la influenza provoca entre 6,300 y 52,000 muertes anuales en Estados Unidos, dependiendo de la temporada.

Neumonía y sepsis: dos de las complicaciones más peligrosas

Una de las complicaciones más frecuentes y potencialmente graves es la neumonía.

La influenza puede afectar directamente al tejido pulmonar y provocar una neumonía viral. Pero también puede alterar temporalmente las defensas del organismo y facilitar la aparición de una infección bacteriana secundaria. Ambas situaciones pueden comprometer seriamente la función respiratoria.

Otra complicación especialmente grave es la sepsis, una respuesta desregulada del organismo frente a una infección que puede ocasionar daño generalizado de tejidos y órganos.

Durante una infección grave, la respuesta inmunitaria puede volverse excesiva y contribuir al deterioro de diferentes órganos, haciendo que el cuadro avance rápidamente y pueda llegar a ser irreversible.

El corazón y los pulmones también pueden verse afectados

La influenza también puede desencadenar complicaciones cardiovasculares, especialmente en personas que ya tienen enfermedades del corazón.

Una infección gripal importante puede alterar la frecuencia y el ritmo cardíacos, modificar la presión arterial y aumentar el estrés sobre el sistema cardiovascular. En determinadas circunstancias pueden presentarse eventos graves como infarto, accidente cerebrovascular o miocarditis.

En el aparato respiratorio, la influenza puede empeorar enfermedades preexistentes como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Cuando el compromiso pulmonar es severo, puede aparecer insuficiencia respiratoria y ser necesario utilizar oxígeno suplementario o incluso ventilación mecánica.

Quiénes tienen mayor riesgo de presentar complicaciones

Las complicaciones graves no afectan a todas las personas con la misma frecuencia.

Existe mayor vulnerabilidad en quienes presentan enfermedades crónicas como:

Diabetes.

Enfermedades cardiovasculares.

Enfermedad renal.

Enfermedades pulmonares.

Obesidad.

También existe un mayor riesgo en determinados grupos de edad. Los niños menores de 5 años y los adultos mayores de 65 años tienen mayor probabilidad de desarrollar complicaciones. Las personas embarazadas también forman parte de los grupos con mayor riesgo.

Sin embargo, tener buena salud no elimina completamente la posibilidad de desarrollar una influenza grave. Aunque el riesgo sea menor, una persona previamente sana también puede presentar complicaciones importantes.

En algunos pacientes, una hospitalización por influenza incluso permite descubrir por primera vez enfermedades que no habían sido diagnosticadas previamente.

Influenza A e influenza B: ambas pueden provocar cuadros graves

A nivel poblacional, la influenza A suele asociarse con un mayor número de hospitalizaciones y muertes que la influenza B. Además, los grandes eventos pandémicos de influenza registrados en la historia reciente han sido provocados por virus de influenza A.

La influenza B también circula de manera estacional y puede causar enfermedad grave.

Por ello, aunque su impacto epidemiológico sea diferente, ambos tipos de influenza pueden producir complicaciones potencialmente mortales en una persona determinada.

Una recaída después de mejorar es una señal de alarma

Uno de los patrones que debe llamar especialmente la atención es cuando una persona parece estar recuperándose y posteriormente presenta un empeoramiento repentino.

Esta evolución puede indicar que apareció una complicación, como una neumonía bacteriana secundaria, y es motivo para solicitar valoración médica de manera oportuna.

También requieren atención urgente síntomas como:

Dificultad para respirar.

Dolor o presión en el pecho.

Coloración azulada de labios o uñas.

Fiebre elevada o persistente.

Signos importantes de deshidratación.

Vómitos intensos.

Confusión.

Mareo intenso o desmayo.

En los niños pequeños también deben vigilarse signos específicos de deterioro. En particular, los bebés menores de 3 meses con fiebre de 38 °C o más requieren valoración médica inmediata. En niños pequeños, la respiración acelerada, el llanto inconsolable o la aparición de una erupción también pueden ser señales de alarma.

La influenza puede empeorar rápidamente

En determinadas personas, especialmente aquellas que tienen enfermedades previas, la evolución de una influenza complicada puede ser rápida y deteriorarse en cuestión de 24 a 48 horas.

Por ello, la prevención sigue siendo fundamental. La vacunación anual contra la influenza es una de las principales medidas para disminuir el riesgo de enfermedad grave y sus complicaciones.

La vacuna no garantiza que una persona nunca se infecte, pero puede reducir el riesgo de desarrollar un cuadro grave cuando ocurre la infección.

Cuando aparecen complicaciones como sepsis, insuficiencia respiratoria o daño de múltiples órganos, el tratamiento requiere atención hospitalaria urgente.

Dependiendo de la situación clínica, el manejo puede incluir líquidos intravenosos, medicamentos antivirales, antibióticos cuando existe una infección bacteriana, oxígeno suplementario y vigilancia estrecha, incluso en una unidad de cuidados intensivos.

La mayoría de las personas con influenza se recupera sin complicaciones. Sin embargo, reconocer una recaída, dificultad respiratoria, dolor torácico, alteraciones del estado mental o deterioro rápido puede marcar la diferencia entre un cuadro que evoluciona favorablemente y una emergencia médica.

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