— Agencias 17/09/2026
Un nuevo estudio realizado en Dinamarca plantea dudas sobre el grado de concordancia que existe entre los especialistas al establecer un diagnóstico psiquiátrico.
De acuerdo con la investigación, cuando dos psiquiatras evalúan al mismo paciente, coinciden en el diagnóstico aproximadamente el 55% de las veces.
La investigación fue encabezada por la Dra. Julie Nordgaard, profesora y psiquiatra consultora de la Universidad de Copenhague, quien calificó este nivel de acuerdo como preocupantemente bajo. Según señaló, cifras similares fueron descritas en investigaciones de la década de 1970, una época en la que precisamente surgió la necesidad de desarrollar criterios diagnósticos estandarizados.
El trabajo fue publicado recientemente en Frontiers in Psychology.
Los sistemas de clasificación psiquiátrica, como el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Americana de Psiquiatría, y la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud, fueron desarrollados, entre otros objetivos, para establecer criterios comunes que permitieran a los profesionales llegar a diagnósticos más consistentes.
Para evaluar cuánto se mantiene este consenso en la práctica, el equipo de Nordgaard creó inicialmente nueve descripciones escritas de casos clínicos. Posteriormente, presentó pares de estas descripciones a 1.038 psiquiatras y médicos que trabajan en el área de psiquiatría, procedentes de 19 países.
Los participantes recibieron los mismos casos y debían establecer un diagnóstico utilizando los criterios de la CIE-10, que contempla más de 200 trastornos mentales.
En general, dos especialistas coincidieron en el diagnóstico poco más de la mitad de las ocasiones. Las mayores diferencias aparecieron en los trastornos pertenecientes al espectro de la esquizofrenia.
Los casos en los que podía plantearse tanto un diagnóstico de esquizofrenia como de trastorno esquizotípico fueron particularmente difíciles de clasificar. En varias de estas situaciones, el nivel de acuerdo entre los participantes fue inferior al 50%.
El Dr. Mateo Boberg, autor principal del estudio y candidato a doctorado en la Universidad de Copenhague, señaló que una de las dificultades radica en que determinados síntomas pueden aparecer en enfermedades psiquiátricas diferentes.
Por ejemplo, los pensamientos obsesivos pueden presentarse en personas con trastorno obsesivo-compulsivo, pero también pueden aparecer en pacientes con esquizofrenia. Esto puede dificultar determinar qué diagnóstico explica mejor el conjunto de síntomas.
Para Nordgaard, estos resultados no significan necesariamente que los psiquiatras estén realizando un mal trabajo. Más bien, reflejan que los especialistas pueden interpretar de manera diferente los síntomas y otorgar distinto peso a determinadas características clínicas, incluso cuando utilizan sistemas diagnósticos estandarizados.
Los investigadores advierten que esta variabilidad podría tener consecuencias para los pacientes, ya que diferentes interpretaciones podrían traducirse en cambios de diagnóstico y, potencialmente, de tratamiento a lo largo del tiempo.
El problema también podría afectar a la investigación psiquiátrica. Mads Gram Henriksen, coautor del estudio y profesor de la universidad, explicó que los estudios clínicos necesitan identificar con precisión qué enfermedad están investigando.
Por ejemplo, si una investigación sobre tratamientos para los trastornos de personalidad incluye inadvertidamente a un número considerable de participantes cuyos síntomas corresponden en realidad a esquizofrenia, resulta más difícil determinar a qué enfermedad están dirigidos los resultados obtenidos.
Los autores consideran que parte del problema podría estar relacionada con la complejidad de los actuales sistemas de clasificación. En este estudio se utilizó la CIE-10, que contiene más de 200 categorías de trastornos mentales.
Por ello, Nordgaard plantea que podría ser necesario replantear la manera en que se describen y clasifican los trastornos psiquiátricos, utilizando definiciones clínicas más precisas que permitan diferenciarlos con mayor claridad.
Incluso, los investigadores consideran la posibilidad de que reducir el número de categorías diagnósticas pudiera facilitar una mayor consistencia entre los profesionales.
En conjunto, el estudio pone de manifiesto que disponer de criterios diagnósticos estandarizados no garantiza que distintos especialistas interpreten de la misma manera los síntomas de un paciente. La complejidad y el solapamiento entre los trastornos psiquiátricos continúan siendo un desafío tanto para la práctica clínica como para la investigación.
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