¿Cuánto debe durar una siesta? El tiempo y la hora pueden marcar la diferencia

— Agencias 14/09/2026

Dormir durante el día puede ser una forma práctica de recuperar energía cuando aparece el cansancio, pero la duración y el momento elegido pueden determinar si la siesta ayuda a sentirse más descansado o termina afectando el sueño nocturno.

No todas las siestas tienen el mismo propósito. En algunas personas representan una pausa breve para recuperar atención y rendimiento; en otras, dormir durante el día puede ser una forma de compensar un descanso nocturno insuficiente.

Por eso, además de preguntarse cuánto tiempo conviene dormir, es importante observar por qué existe la necesidad de tomar una siesta con frecuencia.

¿Cuál es la duración ideal de una siesta?

Para la mayoría de los adultos que necesitan una pausa durante el día, las recomendaciones suelen favorecer siestas breves, de alrededor de 10 a 20 minutos.

Este periodo permite descansar sin permanecer demasiado tiempo dormido y reduce la posibilidad de despertar durante etapas más profundas del sueño. Las siestas cortas pueden favorecer la atención, el estado de alerta y el rendimiento durante las horas posteriores.

Mayo Clinic señala que las siestas breves pueden asociarse con una mayor sensación de lucidez, mejor estado de ánimo y respuestas más rápidas. Sin embargo, también advierte que las siestas prolongadas o frecuentes pueden interferir con el descanso nocturno, especialmente en personas que ya tienen problemas para conciliar o mantener el sueño.

La recomendación no significa que una siesta más larga sea necesariamente perjudicial para todo el mundo. Las necesidades pueden variar según la edad, los horarios laborales, la calidad del sueño nocturno y las circunstancias individuales.

¿A qué hora conviene dormir durante el día?

Además de la duración, el horario es otro factor importante.

En personas con horarios diurnos convencionales, las primeras horas de la tarde suelen ser el momento más apropiado para una siesta breve. En torno a este periodo se produce una disminución natural de la alerta relacionada con el ritmo circadiano, el sistema biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia.

Una siesta tomada demasiado tarde puede reducir la presión de sueño que normalmente se acumula durante el día y dificultar que la persona se duerma por la noche.

Por ello, si alguien acostumbra acostarse alrededor de las 10 u 11 de la noche, una siesta muy avanzada en la tarde podría resultar menos conveniente que un descanso realizado después de comer y varias horas antes de la hora habitual de acostarse.

¿Por qué una siesta larga puede dejar más cansancio?

Una de las razones es la llamada inercia del sueño, que consiste en un periodo de aturdimiento, menor capacidad de atención y sensación de confusión que puede aparecer inmediatamente después de despertar.

La posibilidad de experimentar este efecto aumenta cuando la persona permanece dormida durante suficiente tiempo como para entrar en fases más profundas del sueño.

Una siesta de pocos minutos suele reducir ese riesgo. En cambio, cuando el descanso se prolonga considerablemente, es más probable despertar en una etapa profunda y sentir que, en lugar de recuperar energía, se termina con mayor somnolencia.

Esto explica por qué algunas personas se levantan de una siesta larga con sensación de pesadez o desorientación.

¿Dormir más de 30 minutos durante el día es malo?

No existe una regla universal que establezca que toda siesta superior a 30 minutos sea perjudicial. Sin embargo, las siestas más largas tienen mayor probabilidad de producir inercia del sueño y de interferir con el descanso nocturno, sobre todo cuando se realizan tarde.

La duración también ha sido estudiada en relación con diferentes indicadores de salud. Una revisión publicada en Sleep Medicine Reviews analizó investigaciones sobre siestas diurnas, factores de riesgo cardiovascular, enfermedad cardiovascular y mortalidad en adultos.

Los autores encontraron asociaciones entre las siestas prolongadas —en particular, aquellas de una hora o más al día— y algunos indicadores desfavorables de salud cardiovascular y mortalidad.

Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con cautela. Una asociación no demuestra que dormir una siesta larga provoque directamente enfermedad cardiovascular o aumente el riesgo de muerte. Las personas que duermen durante periodos prolongados durante el día pueden presentar otras características, como enfermedades previas, alteraciones del sueño nocturno o mayor somnolencia, que también podrían explicar parte de los resultados observados.

De hecho, los investigadores calificaron como limitada o sugestiva buena parte de la evidencia disponible para varios de los resultados analizados.

Las siestas cortas muestran un panorama diferente

La misma revisión encontró que las siestas de corta duración no presentaban asociaciones significativas con peores resultados cardiovasculares en la mayoría de los indicadores estudiados.

Esto coincide con la idea de que una pausa breve durante las primeras horas de la tarde puede ser compatible con un patrón saludable de sueño en muchas personas.

El objetivo, por tanto, no es eliminar las siestas, sino evitar que se conviertan en un sustituto habitual de una noche de sueño insuficiente.

¿Cuándo una siesta puede ser una señal de que algo no está bien?

Dormir una siesta ocasional después de una noche particularmente corta no suele ser motivo de preocupación. El problema aparece cuando la necesidad de dormir durante el día se vuelve constante o aumenta progresivamente.

Una somnolencia excesiva puede estar relacionada con dormir pocas horas, horarios irregulares, mala calidad del sueño o trastornos como la apnea obstructiva del sueño. También puede aparecer como consecuencia de determinados medicamentos u otras condiciones de salud.

Si una persona duerme las horas recomendadas por la noche pero continúa necesitando dormir durante largos periodos durante el día, o si se queda dormida involuntariamente en situaciones cotidianas, conviene comentarlo con un profesional de la salud.

La siesta, en esos casos, puede estar funcionando más como una señal de que el descanso nocturno necesita ser evaluado que como una solución al cansancio.

¿Cómo tomar una siesta sin afectar el sueño nocturno?

Para quienes disfrutan de este hábito, algunas medidas pueden ayudar a obtener sus beneficios sin alterar demasiado el descanso de la noche:

Mantener la siesta alrededor de 10 a 20 minutos.

Preferir las primeras horas de la tarde.

Utilizar una alarma para evitar prolongarla accidentalmente.

Descansar en un ambiente tranquilo y cómodo.

Evitar dormir demasiado cerca de la hora habitual de acostarse.

No utilizar la siesta como sustituto habitual de una noche adecuada de sueño.

También es importante reconocer que no todas las personas necesitan dormir durante el día. Si alguien mantiene una buena energía y concentración sin siestas, no existe una obligación de incorporarlas a la rutina.

Conclusión

Una siesta breve puede ser una herramienta útil para recuperar temporalmente la atención y reducir la sensación de cansancio. En general, un descanso de alrededor de 10 a 20 minutos durante las primeras horas de la tarde ofrece un buen equilibrio entre recuperación y menor riesgo de afectar el sueño nocturno.

Las siestas prolongadas no deben interpretarse automáticamente como perjudiciales, pero pueden aumentar la probabilidad de despertar aturdido y, si se realizan tarde, dificultar el descanso de la noche. Además, cuando la necesidad de dormir durante el día es frecuente y prolongada, conviene preguntarse si existe un problema de sueño nocturno o alguna otra causa de somnolencia.

En definitiva, más que eliminar la siesta, se trata de utilizarla de manera estratégica y prestar atención a lo que el cansancio puede estar indicando.

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