Hábitos que los hombres deberían revisar para cuidar su salud

— Agencias 14/09/2026

Superar los 45 años no significa que el deterioro de la salud sea inevitable, pero sí representa una etapa en la que conviene prestar mayor atención a ciertos hábitos.

Con el paso del tiempo pueden cambiar el metabolismo, la composición corporal y algunos aspectos hormonales, mientras que aumenta la importancia de prevenir enfermedades como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y los problemas cardiovasculares.

Por ello, especialistas en salud preventiva recomiendan revisar las rutinas cotidianas y reducir aquellas conductas que pueden perjudicar el bienestar a largo plazo.

Estas son 14 prácticas que los hombres deberían evitar o modificar después de los 45 años para favorecer un envejecimiento saludable.

1. Ignorar los controles de salud de la próstata

La salud prostática merece atención durante la madurez, pero no todos los hombres necesitan exactamente las mismas pruebas ni una revisión anual obligatoria.

El riesgo de hiperplasia prostática benigna y cáncer de próstata aumenta con la edad. Por ello, es importante conversar con un médico sobre los controles apropiados según la edad, los antecedentes familiares y otros factores de riesgo.

La decisión de realizar pruebas como el antígeno prostático específico (PSA) debe individualizarse, ya que estas evaluaciones tienen beneficios y posibles inconvenientes que conviene valorar con un profesional.

2. Mantener un estilo de vida sedentario

Pasar gran parte del día sentado y realizar poca actividad física puede favorecer el aumento de peso, la pérdida de masa muscular y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Después de los 45 años resulta especialmente importante combinar ejercicio aeróbico con entrenamiento de fuerza, además de procurar movimiento frecuente durante el día.

No es indispensable realizar entrenamientos intensos todos los días. Caminar, subir escaleras, practicar algún deporte y realizar ejercicios de fuerza de acuerdo con la condición física también pueden contribuir a mantener una buena salud.

3. Dormir poco de manera habitual

El sueño cumple funciones esenciales para la recuperación física, la memoria, el estado de ánimo y la regulación metabólica.

Dormir de manera insuficiente de forma habitual se ha relacionado con diversos problemas de salud, por lo que los adultos deberían procurar alrededor de siete o más horas de sueño por noche, aunque las necesidades individuales pueden variar.

También conviene prestar atención a síntomas de apnea del sueño, como ronquidos fuertes, pausas respiratorias durante la noche, despertares frecuentes o somnolencia excesiva durante el día.

Mantener horarios regulares, reducir la exposición a pantallas antes de dormir y crear un ambiente adecuado puede favorecer un descanso de mejor calidad.

4. Basar la alimentación en ultraprocesados y exceso de sodio

Una alimentación con abundantes productos ultraprocesados, azúcares añadidos, grasas poco saludables y grandes cantidades de sodio puede favorecer el aumento de peso y elevar el riesgo cardiovascular.

Una alternativa más saludable consiste en priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y proteínas magras.

Reducir el consumo de comida rápida y productos con grandes cantidades de sal también puede ayudar a mantener una presión arterial saludable.

5. Guardarse el estrés y descuidar la salud emocional

El estrés forma parte de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve persistente puede afectar el sueño, el estado de ánimo y diferentes aspectos de la salud.

Algunos hombres tienden a minimizar síntomas de ansiedad, depresión o agotamiento emocional, lo que puede retrasar la búsqueda de ayuda.

Hablar con personas de confianza, practicar actividad física, reservar tiempo para descansar y recurrir a atención psicológica cuando sea necesario son estrategias que pueden ayudar a manejar mejor el estrés.

Buscar ayuda profesional no es una señal de debilidad, sino una forma de cuidar la salud.

6. Continuar fumando

El tabaquismo sigue siendo uno de los factores de riesgo modificables más importantes para enfermedades cardiovasculares, respiratorias y diversos tipos de cáncer.

Fumar daña los vasos sanguíneos y los pulmones y aumenta el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular, entre otros problemas.

Dejar el tabaco proporciona beneficios a cualquier edad. Quienes tienen dificultades para abandonar el hábito pueden recurrir a programas de cesación tabáquica y tratamientos indicados por profesionales.

También conviene evitar considerar el vapeo como una alternativa completamente inocua, ya que los cigarrillos electrónicos no están libres de riesgos.

7. Consumir alcohol en exceso

El consumo elevado o frecuente de alcohol puede afectar al hígado, el corazón, el sistema nervioso y el metabolismo, además de incrementar el riesgo de determinados tipos de cáncer.

Con la edad, mantener un consumo elevado puede resultar particularmente perjudicial cuando se combina con sobrepeso, hipertensión, enfermedades hepáticas o determinados medicamentos.

La opción de menor riesgo es no consumir alcohol. Si una persona decide beber, debe hacerlo dentro de las recomendaciones sanitarias vigentes y evitar los episodios de consumo excesivo.

8. Olvidar la movilidad y la flexibilidad

Conservar la fuerza es fundamental, pero también lo es mantener una adecuada movilidad articular.

Realizar ejercicios de movilidad, estiramientos y actividades como yoga puede complementar el entrenamiento de fuerza y ayudar a conservar el rango de movimiento.

Más que intentar alcanzar una flexibilidad extrema, el objetivo debería ser mantener una movilidad suficiente para realizar con comodidad las actividades cotidianas y deportivas.

9. No prestar atención a la hidratación

La cantidad de agua que necesita una persona no es idéntica para todos. Depende de factores como el clima, la actividad física, la alimentación y determinadas condiciones de salud.

Por ello, no existe una regla universal que obligue a todos los hombres a beber exactamente dos litros de agua al día.

Una estrategia práctica es beber regularmente y prestar atención a las señales de sed, aumentando la ingesta cuando existe mayor pérdida de líquidos por ejercicio, calor o enfermedad.

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