— Agencias 13/09/2026
El cansancio y la saturación mental pueden hacer que la jornada se convierta en una cadena de tareas realizadas por inercia, sin prioridades claras ni espacios suficientes para detenerse. Incorporar pausas breves, revisar las necesidades personales y establecer límites concretos puede ayudar a recuperar la sensación de control sin necesidad de realizar cambios drásticos de un momento a otro.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la prevención de los problemas de salud mental relacionados con el trabajo requiere abordar los riesgos psicosociales presentes en las condiciones laborales. Entre las estrategias se encuentran las intervenciones organizacionales, la capacitación para manejar el estrés y determinadas herramientas individuales.
Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca la importancia de contar con descansos adecuados y evitar jornadas excesivamente prolongadas como parte de las medidas para prevenir la fatiga y reducir los riesgos asociados con la sobrecarga laboral.
La especialista en gestión del estrés y las emociones Marta Cereceda propone cinco hábitos que pueden ayudar a interrumpir el piloto automático y recuperar cierta perspectiva frente a las exigencias cotidianas.
1. Hacer una pausa breve al comenzar o terminar el día
Reservar unos minutos al inicio o al final de la jornada puede servir para observar cómo se encuentra la persona antes de continuar con las obligaciones.
La idea no es aprovechar ese momento para añadir pendientes o reorganizar toda la agenda, sino plantearse preguntas sencillas: ¿cómo me siento?, ¿qué necesito hoy?, ¿qué tareas son realmente importantes?
Una pausa breve puede ayudar a tomar distancia de la dinámica de trabajo y evitar que todas las actividades se realicen automáticamente.
Las recomendaciones de la OMS sobre salud mental en el trabajo incluyen el desarrollo de habilidades para afrontar el estrés, aunque también subrayan que estas herramientas individuales deben complementarse con cambios en las condiciones y la organización laboral.
2. Reducir la activación antes de establecer prioridades
Cuando existe cansancio, bloqueo o sensación de agobio, comenzar inmediatamente a elaborar una extensa lista de pendientes puede aumentar todavía más la presión.
Una alternativa consiste en alejarse durante unos minutos de la pantalla, respirar, caminar o cambiar de espacio antes de decidir qué hacer.
En lugar de intentar resolverlo todo al mismo tiempo, puede ser más útil formular una pregunta concreta: ¿qué es lo más importante en este momento?
Reducir temporalmente el número de decisiones permite que la planificación no se convierta en otra fuente de estrés. Además, la duración y frecuencia de los descansos deberían guardar relación con la carga y las características de cada actividad laboral.
3. Identificar por qué resulta tan difícil detenerse
En algunas personas, la imposibilidad de hacer una pausa está relacionada con la sensación de que detenerse significará perder tiempo, retrasarse o perder el control de las responsabilidades.
Por ello, puede ser útil preguntarse qué existe detrás de esa necesidad constante de continuar: miedo a no terminar a tiempo, preocupación por decepcionar a otras personas, dificultad para delegar o la percepción de que todo se desorganizará si se deja alguna tarea pendiente.
Esta reflexión permite cambiar el enfoque. El problema no siempre está únicamente en la cantidad de actividades, sino también en la relación que se establece con la exigencia, el rendimiento y la necesidad de mantenerse constantemente ocupado.
La OIT señala que las jornadas prolongadas, los horarios irregulares y la falta de descansos suficientes pueden relacionarse con mayores niveles de estrés laboral. Por ello, evaluar la distribución de las tareas y la carga de trabajo también forma parte de la prevención.
4. Elegir un cambio pequeño y fácil de comprobar
Cuando existe agotamiento, plantearse objetivos demasiado generales puede resultar poco útil. Metas como “descansar más”, “cuidarse” o “desconectarse del trabajo” pueden ser difíciles de medir.
Una estrategia más práctica consiste en establecer acciones pequeñas, específicas y observables. Por ejemplo:
Caminar un par de tardes durante la semana.Reservar una noche sin actividades laborales.Evitar revisar el teléfono durante una comida.Destinar unos minutos diarios a una actividad placentera.Establecer una hora concreta para finalizar las tareas laborales.
Después, puede evaluarse qué efecto produjo el cambio: más energía, tranquilidad, concentración, motivación o sensación de control.
El objetivo no es transformar toda la rutina de inmediato, sino comprobar qué pequeñas modificaciones pueden resultar sostenibles.
5. Adaptar los descansos y los límites a la carga de trabajo
El descanso no debería depender exclusivamente de la fuerza de voluntad de cada persona. Cuando la carga laboral es excesiva, hacer una pausa puede ser insuficiente si las condiciones de trabajo continúan generando una presión constante.
La OIT recomienda evitar jornadas excesivamente prolongadas y considerar la carga real de las tareas al establecer la duración y frecuencia de los descansos. Esto implica que las empresas y organizaciones también tienen responsabilidad en la prevención de la fatiga y el estrés laboral.
Establecer límites puede incluir definir horarios de desconexión, distribuir mejor las responsabilidades, revisar las prioridades y comunicar cuando la cantidad de trabajo supera la capacidad disponible.
Recuperar el control sin exigir cambios radicales
Salir del piloto automático no necesariamente requiere modificar toda la vida de manera repentina. Una pausa breve, una decisión concreta y un límite bien establecido pueden ser un primer paso para recuperar perspectiva.
Sin embargo, cuando el agotamiento es persistente o interfiere de manera importante con el sueño, el estado de ánimo, la concentración o la vida cotidiana, conviene prestar atención a la situación y buscar apoyo profesional.
La salud mental en el trabajo no depende únicamente de la capacidad individual para organizarse: también está relacionada con la cantidad de trabajo, los horarios, el entorno laboral, los descansos y el apoyo disponible.
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