— Agencias 13/09/2026
Las manchas oscuras relacionadas con la exposición solar no son todas iguales. Distinguir entre léntigos solares y melasma es importante, ya que ambos tienen características diferentes y pueden requerir estrategias de tratamiento distintas.
Aunque la radiación ultravioleta desempeña un papel importante en la aparición y empeoramiento de muchas alteraciones de la pigmentación, factores como la predisposición genética, las hormonas, la inflamación y, en el caso del melasma, la exposición a la luz visible, también pueden influir.
Cómo diferenciar los léntigos del melasma
El primer paso es identificar el patrón de las manchas. Los léntigos solares suelen aparecer como lesiones planas, redondeadas u ovaladas, bien delimitadas y de color marrón, que se localizan con frecuencia en zonas expuestas al sol, como rostro, manos, hombros y brazos.
El melasma, en cambio, suele manifestarse como áreas de pigmentación más extensas y generalmente simétricas. Es frecuente encontrarlo en las mejillas, la frente, el puente de la nariz y el labio superior.
La diferencia no es únicamente estética. También influye en el pronóstico y en la elección del tratamiento. Mientras los léntigos son lesiones pigmentarias relativamente bien delimitadas, el melasma es una alteración más compleja y con tendencia a reaparecer, por lo que suele requerir un manejo prolongado.
¿Por qué aparecen las manchas?
La piel produce melanina como parte de sus mecanismos de protección frente a la radiación ultravioleta. Los melanocitos son las células encargadas de producir este pigmento, responsable en gran medida del color de la piel, el cabello y los ojos.
Cuando existe una producción o distribución excesiva de melanina en determinadas zonas, pueden aparecer áreas de hiperpigmentación.
Sin embargo, la aparición de manchas no depende exclusivamente de cuánto sol recibe una persona. La genética, la edad, las características individuales de la piel y otros estímulos ambientales también pueden influir.
Además, ningún protector solar elimina por completo la exposición a la radiación. Por ello, la fotoprotección ayuda a reducir el daño acumulado y el riesgo de que algunas alteraciones pigmentarias empeoren, pero no ofrece una protección absoluta.
El melasma es más complejo que un exceso de pigmento
Durante mucho tiempo, el tratamiento del melasma se enfocó principalmente en disminuir la producción de melanina. Actualmente se reconoce que su desarrollo involucra distintos mecanismos de la piel.
Además de la actividad de los melanocitos, pueden participar procesos inflamatorios, cambios en la interacción entre distintas estructuras cutáneas y alteraciones vasculares. La exposición a la radiación ultravioleta y a la luz visible puede favorecer su aparición o empeoramiento en personas susceptibles.
Esta complejidad ayuda a explicar por qué el melasma puede ser difícil de tratar y por qué no existe una única intervención que funcione de manera definitiva para todos los pacientes.
El tratamiento depende del tipo de mancha
La estrategia terapéutica debe establecerse después de confirmar el diagnóstico.
En determinados léntigos solares, los procedimientos dirigidos específicamente a la pigmentación, como algunos tipos de láser y la Luz Pulsada Intensa (IPL), pueden ofrecer buenos resultados. La respuesta suele ser más predecible cuando las lesiones están bien delimitadas.
El melasma requiere mayor precaución. Dependiendo de cada caso, pueden utilizarse despigmentantes, determinados retinoides, peelings químicos y, en situaciones seleccionadas, procedimientos con láser u otras tecnologías. Estos tratamientos deben indicarse cuidadosamente porque una irritación excesiva puede empeorar la pigmentación.
Además, debido a que el melasma tiene una marcada tendencia a reaparecer, el objetivo suele ser mantenerlo bajo control más que conseguir una eliminación permanente.
¿Cuándo conviene iniciar un procedimiento?
La condición de la piel al momento del tratamiento también es relevante. Después de una exposición solar intensa o cuando existe un bronceado reciente, algunos procedimientos pueden aumentar el riesgo de irritación o de alteraciones posteriores de la pigmentación.
Por ello, el dermatólogo puede recomendar esperar un periodo después de una exposición solar importante antes de realizar determinados tratamientos, especialmente procedimientos que generan una respuesta inflamatoria en la piel.
No todas las manchas tienen el mismo pronóstico
Los léntigos solares pueden responder muy bien a determinados procedimientos dermatológicos, aunque una persona puede desarrollar nuevas lesiones con el paso del tiempo si continúa acumulando daño solar.
El melasma tiene un comportamiento diferente. Puede mejorar de manera considerable con tratamiento y fotoprotección, pero las recaídas son frecuentes, por lo que suele ser necesario mantener una rutina de cuidado y seguimiento.
En algunos pacientes se utilizan productos con ingredientes como retinoides, vitamina C, niacinamida, ácido azelaico o ácido tranexámico, dependiendo del diagnóstico y de la tolerancia de la piel. No todos son apropiados para todas las personas y algunos requieren supervisión médica.
La fotoprotección es fundamental
El cuidado diario desempeña un papel esencial tanto para prevenir nuevas alteraciones pigmentarias como para reducir las recaídas.
Una de las principales recomendaciones es utilizar un protector solar de amplio espectro con SPF 50 o superior, además de complementar la protección con medidas como buscar sombra, utilizar ropa protectora, sombreros y evitar la exposición solar intensa.
En el caso del melasma, la protección frente a la luz visible también puede ser relevante, por lo que algunos dermatólogos recomiendan fotoprotectores con pigmentos, como los que contienen óxidos de hierro.
La rutina en casa puede ayudar, pero tiene sus límites. Si una mancha persiste, cambia de apariencia, aumenta de tamaño, sangra, presenta varios colores o no está claro de qué tipo es, es recomendable acudir a un dermatólogo antes de intentar eliminarla por cuenta propia.
Identificar correctamente la causa de una alteración pigmentaria permite elegir un tratamiento más adecuado y, sobre todo, establecer expectativas realistas sobre los resultados.
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