Las consecuencias de ignorar el sufrimiento infantil: por qué es una deuda histórica

— Agencias 10/09/2026

En escuelas, consultorios y servicios de urgencias es cada vez más frecuente atender a niñas, niños y adolescentes que enfrentan dificultades para dormir, concentrarse y aprender, alimentarse de manera adecuada o controlar conductas compulsivas. Algunos también presentan problemas para jugar, relacionarse con otras personas o alejarse de las pantallas.

En determinados casos, los menores llegan después de haberse lastimado, haber agredido a alguien o incluso haber participado en algún delito. Otros hablan de su aislamiento, del consumo de sustancias, de las apuestas o de conductas como robar. En muchas ocasiones, detrás de estos comportamientos aparecen situaciones de violencia que permanecen ocultas durante mucho tiempo.

También existen niños y adolescentes que no identifican que están viviendo violencia porque han crecido dentro de esas dinámicas y las han llegado a considerar normales. Otros experimentan un sufrimiento tan intenso que manifiestan que ya no quieren continuar viviendo.

Todo esto refleja la gravedad de la situación de la salud mental infantojuvenil y de las condiciones en las que están creciendo las nuevas generaciones. Sin embargo, las respuestas relacionadas con presupuestos, instituciones y políticas públicas continúan siendo insuficientes frente a la magnitud del problema.

El sufrimiento infantil ha sido históricamente minimizado

El dolor de los niños ha sido subestimado durante buena parte de la historia. Un ejemplo extremo se encuentra en las antiguas prácticas médicas que permitían realizar intervenciones quirúrgicas a bebés sin anestesia, debido a la creencia de que no podían experimentar dolor de la misma manera que los adultos o que posteriormente no recordarían lo sucedido.

El reconocimiento médico de que los bebés sienten dolor llegó mucho más tarde de lo que podría suponerse. Ese retraso demuestra hasta qué punto una sociedad puede ignorar el sufrimiento cuando quien lo experimenta es un niño.

Algo parecido ha ocurrido con el dolor psicológico. Con frecuencia, el sufrimiento emocional infantil se ha interpretado únicamente como un problema de conducta, un síntoma o una amenaza que debe corregirse, en lugar de considerarlo una expresión real de aquello que está viviendo el menor.

Ignorar ese sufrimiento también puede convertirse en una forma de defensa colectiva: resulta más sencillo negar el problema que enfrentarse a las circunstancias que lo producen.

Las consecuencias de ignorar el sufrimiento son reales

La falta de atención adecuada tiene efectos concretos. Las decisiones sobre qué programas reciben recursos, qué instituciones se fortalecen y qué problemas se atienden primero determinan quién recibe ayuda y quién permanece esperando.

La sociedad suele reaccionar cuando las estadísticas muestran resultados alarmantes: menores que presentan dificultades escolares, adolescentes que se autolesionan, intentan suicidarse, consumen sustancias o participan en apuestas.

Sin embargo, la preocupación pública muchas veces dura lo mismo que una noticia. Después de unos días, la atención se desplaza hacia otro asunto mientras el problema continúa. En lugar de intentar comprender las causas del sufrimiento, con frecuencia se prioriza corregir la conducta considerada problemática y recuperar una idea de supuesta normalidad.

En este contexto, queda poco espacio para algo fundamental: escuchar. Comprender lo que atraviesa un bebé, un niño o un adolescente requiere tiempo, acompañamiento y disposición para conversar sin reducir inmediatamente su experiencia a una etiqueta o a un comportamiento que debe ser eliminado.

La violencia forma parte de la realidad de muchos menores

Entre las circunstancias que pueden afectar el desarrollo infantil se encuentran diferentes formas de violencia, tanto dentro como fuera del hogar.

De acuerdo con estimaciones de UNICEF citadas en el texto, aproximadamente 1 de cada 8 niñas y mujeres habría experimentado una violación o agresión sexual antes de los 18 años. Entre niños y hombres, la estimación es de alrededor de 1 de cada 11.

La violencia sexual también se ha trasladado al entorno digital. Niñas, niños y adolescentes pueden encontrarse con contenido sexual que no desean ver, recibir presiones para mantener conversaciones de carácter sexual o enviar imágenes, o ser víctimas de la difusión de material íntimo sin consentimiento.

Detrás de cada cifra existen experiencias personales que pueden permanecer ocultas durante años y generar consecuencias prolongadas sobre la salud mental.

A esto se agregan otras formas de maltrato que pueden pasar desapercibidas: insultos, humillaciones, amenazas, desprecio, golpes o negligencia. En numerosos casos, estas situaciones nunca quedan registradas porque el menor no encuentra una persona de confianza a quien contarlas o porque los adultos que lo rodean no las detectan.

Las pantallas también pueden convertirse en un refugio

La tecnología ocupa actualmente un lugar central en la vida cotidiana. Las pantallas pueden captar gran parte de la atención de niños y adolescentes y, al mismo tiempo, exponerlos a violencia, apuestas, contenidos sexuales o materiales que promueven conductas dañinas.

Pero reducir el problema simplemente a que los menores "usan demasiado el celular" sería insuficiente. Para algunos, las plataformas digitales también funcionan como una forma de escapar temporalmente de situaciones difíciles.

Las redes y plataformas pueden proporcionar compañía, pertenencia, entretenimiento y una sensación de refugio a quienes experimentan soledad, rechazo, violencia o dificultades en su entorno.

El problema es que muchas plataformas están diseñadas para mantener la atención durante el mayor tiempo posible. Los sistemas de recomendación pueden identificar aquello que despierta el interés de cada usuario y continuar ofreciéndole contenidos similares, lo que puede favorecer un uso cada vez más intenso en personas vulnerables.

Por eso, el desafío no consiste únicamente en pedirles a los niños y adolescentes que se alejen de las pantallas, sino también en analizar qué encuentran en ellas y qué condiciones de vida hacen que permanezcan allí durante tanto tiempo.

El consumo de sustancias puede estar relacionado con el sufrimiento

El consumo de sustancias psicoactivas también forma parte de este panorama y puede responder a diferentes necesidades o circunstancias. Algunas personas recurren a ellas para disminuir la angustia, sentirse parte de un grupo, perder inhibiciones, mantenerse despiertas o escapar temporalmente de experiencias que consideran insoportables.

Esto no significa que el consumo sea una solución saludable ni que todos los casos tengan la misma causa. Sin embargo, abordar únicamente la sustancia o castigar al consumidor puede dejar sin atender las condiciones que llevaron al adolescente a buscar en ella algún tipo de alivio.

Las apuestas en línea añaden un nuevo riesgo

Las apuestas digitales se han incorporado rápidamente a la vida de muchos adolescentes. Según UNICEF, 1 de cada 4 adolescentes argentinos ha apostado alguna vez.

La facilidad de acceso a través de teléfonos celulares, la publicidad y la presencia de las apuestas dentro de entornos digitales pueden aumentar la exposición de los jóvenes a esta actividad.

El problema adquiere una dimensión mayor cuando una industria obtiene beneficios económicos de personas que todavía se encuentran en una etapa de desarrollo y son especialmente susceptibles a la búsqueda de recompensas inmediatas.

Por ello, trasladar toda la responsabilidad al adolescente y exigirle simplemente que tenga "autocontrol" resulta insuficiente. También es necesario considerar el diseño de las plataformas, la regulación, la publicidad, la disponibilidad de las apuestas y las condiciones sociales y emocionales en las que viven los jóvenes.

El desafío es comprender antes que simplemente castigar

La crisis de salud mental en niños y adolescentes no puede explicarse mediante una sola causa. El aislamiento, la violencia, las dificultades familiares, el consumo de sustancias, las apuestas, el uso problemático de pantallas y las autolesiones pueden estar relacionados con diferentes formas de sufrimiento, pero cada caso requiere ser comprendido de manera individual.

Más que limitarse a corregir conductas, es necesario crear espacios donde los menores puedan ser escuchados, detectar tempranamente las situaciones de riesgo y garantizar el acceso oportuno a profesionales y servicios de salud mental.

Atender a las nuevas generaciones implica reconocer que detrás de una conducta problemática puede existir una historia que necesita ser comprendida. La infancia y la adolescencia transcurren rápidamente, y postergar su cuidado puede tener consecuencias que se extiendan mucho más allá de esos años.

Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX

ver en sitio completo: Las consecuencias de ignorar el sufrimiento infantil: por qué es una deuda histórica