— Agencias 08/09/2026
Comer es una actividad cotidiana que normalmente asociamos con obtener nutrientes y satisfacer el hambre. Sin embargo, antes de que los alimentos lleguen al estómago ocurre un proceso esencial en el que participan los dientes, la lengua, distintos músculos y el cerebro: la masticación.
Masticar permite fragmentar los alimentos y mezclarlos con la saliva, lo que facilita su deglución y favorece las primeras etapas de la digestión. Pero esta función mecánica también genera estímulos sensoriales y actividad muscular que mantienen una comunicación constante con el sistema nervioso.
Por ello, la ciencia ha investigado la relación entre la masticación, el flujo sanguíneo cerebral y algunas funciones cognitivas, como la atención y la memoria.
Aunque los resultados han despertado interés, los investigadores todavía no consideran que masticar por sí solo sea una estrategia para prevenir enfermedades como el Alzheimer. Lo que sí se ha observado es una asociación entre una buena función masticatoria y un mejor estado cognitivo, especialmente entre los adultos mayores.
¿Qué ocurre en el cuerpo cuando masticas correctamente?
La digestión comienza desde que los alimentos entran en la boca. De acuerdo con el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK), los dientes se encargan de fragmentar los alimentos, mientras que la saliva los humedece y contiene enzimas que comienzan a descomponer algunos de sus componentes, como los almidones.
Posteriormente, la lengua mezcla el alimento con la saliva y ayuda a formar un bolo que puede ser deglutido. Por esta razón, la masticación constituye una primera etapa indispensable para que los alimentos continúen su recorrido por el sistema digestivo.
Sin embargo, masticar no depende únicamente de los dientes. En este proceso participan músculos de la mandíbula, la lengua y otras estructuras de la boca, además de receptores sensoriales capaces de identificar características como la textura, temperatura y consistencia de los alimentos.
Esto convierte a la masticación en una actividad motora compleja que requiere una coordinación precisa entre el sistema nervioso y las estructuras de la cavidad oral.
Investigadores del Journal of Dental Sciences encontraron que, entre adultos mayores, una menor capacidad para masticar se asociaba con puntuaciones cognitivas más bajas.
Por ello, cuidar la salud bucal no solo ayuda a conservar los dientes y las encías, sino también a mantener una función cotidiana que involucra de manera directa al sistema nervioso.
Masticar también activa el cerebro: así funciona la conexión
Cada vez que una persona mastica, el cerebro recibe información procedente de la boca y coordina los movimientos necesarios para triturar los alimentos. En este mecanismo participa el nervio trigémino, que interviene tanto en la sensibilidad de la cara como en el control de varios músculos utilizados durante la masticación.
La actividad cerebral asociada con este proceso ha sido observada mediante estudios de imagen. Una investigación publicada en PubMed utilizó técnicas de tomografía para analizar los cambios en el flujo sanguíneo cerebral mientras las personas masticaban.
Los resultados mostraron incrementos del flujo sanguíneo en distintas zonas del cerebro, entre ellas regiones sensoriomotoras, áreas motoras suplementarias, la ínsula, el cerebelo y el estriado.
Otra revisión de investigaciones encontró que la masticación se relaciona con la activación de estructuras como la corteza frontotemporal, el tálamo y el núcleo caudado. Los autores también observaron una relación entre la intensidad de la actividad masticatoria y la perfusión de regiones vinculadas con el sistema trigeminal.
Esto no significa que cada bocado sea literalmente un “ejercicio cerebral” capaz de aumentar la inteligencia o impedir enfermedades neurológicas. Lo que muestran los estudios es que masticar constituye una actividad que provoca respuestas fisiológicas medibles en el cerebro.
La investigación continúa para determinar si conservar una buena función masticatoria durante el envejecimiento puede tener consecuencias relevantes sobre la salud cognitiva a largo plazo.
¿Masticar puede beneficiar la memoria o prevenir el deterioro cognitivo?
La posible relación entre la masticación y la memoria es uno de los aspectos que más interés científico ha generado. Algunas investigaciones han encontrado que las personas con dificultades para masticar también pueden obtener peores resultados en determinadas evaluaciones cognitivas.
Un estudio que analizó la relación entre la función masticatoria y la cognición encontró que los adultos mayores con menores puntuaciones cognitivas también tendían a presentar una capacidad masticatoria reducida, dificultades para masticar o una menor cantidad de dientes.
Los investigadores concluyeron que la masticación podría estar relacionada con la función cognitiva. Sin embargo, existe una precisión importante: estos resultados no demuestran que una menor masticación sea la causa directa del deterioro cognitivo.
Otros trabajos también han identificado una asociación entre una peor función masticatoria y un menor estado cognitivo, pero han señalado que todavía se necesitan investigaciones capaces de establecer si existe una relación causal.
La pérdida dental también ha sido estudiada. Una investigación encontró una asociación entre la disfunción masticatoria derivada de una pérdida extensa de dientes y un mayor riesgo de déficit cognitivo. No obstante, los propios autores señalaron que la certeza general de la evidencia era baja.
Por lo tanto, no es correcto afirmar que masticar muchas veces al día previene el Alzheimer o la demencia. La evidencia disponible permite hablar de una relación entre la función masticatoria y determinados indicadores de salud cognitiva, pero aún no permite establecer una relación directa de causa y efecto.
Masticar lentamente puede ayudar a controlar el hambre
La velocidad con la que una persona come también puede influir en la percepción de saciedad. Comer con mayor calma puede favorecer una alimentación más consciente y facilitar que la persona reconozca las señales de hambre y satisfacción.
Además, una revisión publicada en Physiology & Behavior encontró una pequeña mejoría en la atención sostenida durante la masticación, aunque los investigadores señalaron que se necesitan más estudios para comprender mejor esta relación.
Por ello, una recomendación práctica consiste en comer sin prisas y triturar adecuadamente cada bocado antes de tragarlo.
¿Cuántas veces es necesario masticar cada bocado?
No existe una cantidad universal de masticaciones que todas las personas deban realizar antes de tragar un alimento. El número de movimientos necesarios depende de factores como la textura y consistencia de la comida, además de la capacidad masticatoria de cada individuo.
Un alimento blando, por ejemplo, requiere menos trabajo que uno fibroso o de mayor dureza. Por esta razón, establecer una regla rígida que obligue a masticar exactamente 20, 30 o 40 veces cada bocado no constituye una recomendación universal respaldada por la evidencia científica.
Una referencia más práctica es masticar hasta que el alimento se encuentre suficientemente triturado, se haya mezclado con saliva y tenga una consistencia que permita deglutirlo cómodamente.
La capacidad para hacerlo también depende de la salud de la boca. La pérdida de dientes, el dolor, las enfermedades de las encías o una prótesis dental mal ajustada pueden dificultar la masticación.
En estos casos, intentar compensar el problema realizando más movimientos con la mandíbula no soluciona la causa. Es necesario identificar el origen de la dificultad y tratarlo con la ayuda de un profesional de la salud dental.
Cuidar la boca también significa cuidar una función relacionada con el cerebro
La próxima vez que comas, la masticación puede entenderse como algo más que el paso previo a la deglución. Cada bocado pone en marcha un mecanismo coordinado en el que intervienen la boca, los músculos, los nervios y distintas regiones cerebrales.
La evidencia científica ha encontrado una relación entre la función masticatoria y algunos indicadores de salud cognitiva, además de demostrar que masticar produce cambios medibles en la actividad cerebral y en el flujo sanguíneo.
Aun así, la ciencia continúa investigando hasta qué punto esta conexión podría influir en el envejecimiento del cerebro. Por ahora, una de las recomendaciones más sencillas consiste en mantener una buena salud bucal, comer sin prisa y masticar adecuadamente los alimentos antes de tragarlos.
No es necesario contar obsesivamente cada movimiento. Lo importante es mantener una función masticatoria adecuada como parte de una alimentación saludable y del cuidado general de la salud bucal, teniendo en cuenta que existe una estrecha interacción fisiológica entre la boca y el cerebro.
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