— Agencias 08/09/2026
Las aftas o úlceras bucales son lesiones bastante comunes que, en la mayoría de los casos, desaparecen por sí solas en un periodo de una a dos semanas.
Sin embargo, cuando permanecen durante más tiempo, aparecen repetidamente o se acompañan de otros síntomas, pueden requerir una valoración médica.
Estas lesiones pueden interferir con actividades cotidianas como comer, hablar y beber, especialmente cuando provocan dolor o sensibilidad. Aunque suelen ser benignas, no todas las lesiones de la boca tienen el mismo origen y algunas pueden estar relacionadas con enfermedades que necesitan atención.
A diferencia del herpes labial, las aftas no suelen aparecer en la parte externa de los labios ni son contagiosas. Generalmente se localizan en la parte interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, en la cara interna de los labios o en el paladar blando.
Su aspecto habitual consiste en una zona central de color blanco, grisáceo o amarillento rodeada por un borde rojizo. Antes de que aparezcan, algunas personas pueden experimentar ardor, hormigueo o molestias localizadas.
La mayoría de las aftas son benignas, pero existen diferentes tipos
Aunque el término “afta” suele utilizarse para describir cualquier llaga en la boca, existen diferentes formas de úlceras bucales.
La más frecuente es el afta menor, que suele ser pequeña, redondeada y desaparecer sin dejar cicatriz. También existe el afta mayor, que es menos común, suele ser más profunda y dolorosa y puede tardar varias semanas en cicatrizar.
Otra presentación es la forma herpetiforme, caracterizada por la aparición de numerosas úlceras pequeñas que pueden presentarse juntas o agruparse.
Además, existen otras enfermedades y alteraciones de la mucosa oral que pueden confundirse con una afta. Entre ellas se encuentran la eritroplasia, que produce placas rojizas y puede estar relacionada con lesiones precancerosas o cancerosas; la leucoplasia, que genera manchas blancas o grises; el liquen plano oral, la candidiasis y el cáncer de boca.
Por ello, observar cómo evoluciona una lesión puede ser importante para determinar si se trata de una afta común o de otro problema.
Dolor al comer, hablar o beber: uno de los síntomas más frecuentes
El dolor es una de las principales molestias asociadas con las aftas. La lesión puede provocar sensibilidad, inflamación y molestias al cepillarse los dientes, además de dificultar acciones como comer, beber o hablar.
Algunas personas desarrollan una sola úlcera, mientras que otras pueden presentar varias al mismo tiempo.
Ciertos alimentos pueden intensificar el dolor, especialmente aquellos ácidos, salados, picantes, muy calientes o duros, debido a que irritan la zona afectada.
Es recomendable prestar especial atención cuando una lesión es inusualmente grande, aparece cerca de la garganta, sangra o presenta un enrojecimiento que aumenta progresivamente.
La consulta médica también resulta importante cuando las lesiones duran más de dos o tres semanas, reaparecen con frecuencia o se acompañan de síntomas en otras partes del cuerpo, como lesiones cutáneas o genitales, o articulaciones inflamadas y dolorosas.
Traumatismos, estrés y deficiencias nutricionales pueden favorecer su aparición
En muchos casos no es posible identificar una única causa de las aftas. Sin embargo, existen diversos factores que pueden desencadenarlas.
Entre ellos se encuentran morder accidentalmente la mejilla, cepillarse los dientes con demasiada fuerza, utilizar aparatos de ortodoncia, llevar prótesis dentales mal ajustadas, tener algún borde dental que provoque rozaduras o sufrir quemaduras por consumir alimentos o bebidas demasiado calientes.
El cansancio, el estrés y algunos cambios hormonales también pueden coincidir con la aparición de estas lesiones. En algunas personas, los episodios pueden relacionarse con determinados momentos del ciclo menstrual o con el embarazo.
La alimentación y el estado nutricional también pueden desempeñar un papel. Se han observado asociaciones entre las aftas recurrentes y deficiencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitamina B12 y otros nutrientes.
Un análisis publicado en 2024 encontró que las personas con aftas recurrentes presentaban con mayor frecuencia niveles bajos de vitamina B12, reservas reducidas de hierro y concentraciones menores de hemoglobina. Sin embargo, estos hallazgos no demuestran que las deficiencias sean necesariamente la causa de las úlceras y la evidencia no es igual de sólida para todos los nutrientes.
Algunos alimentos, como frutas ácidas, comidas muy condimentadas, chocolate, frutos secos o determinados quesos, también pueden desencadenar molestias en personas susceptibles. Asimismo, ciertos productos de higiene oral que contienen lauril sulfato de sodio podrían favorecer la aparición de lesiones en algunas personas.
Las aftas recurrentes pueden estar relacionadas con enfermedades sistémicas
Cuando las úlceras aparecen de manera repetitiva o son especialmente numerosas, puede ser necesario investigar si existe una condición subyacente.
Entre las enfermedades que pueden asociarse con aftas recurrentes se encuentran la enfermedad celíaca, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet y artritis reactiva. También pueden aparecer en determinadas infecciones y en personas con alteraciones del sistema inmunitario.
El VIH también puede asociarse con diferentes lesiones orales, aunque una afta por sí sola no permite establecer este diagnóstico.
Por otra parte, algunas infecciones virales, bacterianas o fúngicas pueden producir lesiones que se parecen a las aftas. La enfermedad mano-pie-boca es otro ejemplo de una infección que puede provocar lesiones dentro de la boca.
El tratamiento busca disminuir el dolor y facilitar la cicatrización
En la mayoría de los casos, el tratamiento consiste en controlar las molestias mientras la lesión se cura por sí misma.
Algunas medidas útiles incluyen mantener una buena hidratación, elegir alimentos blandos y evitar temporalmente aquellos que sean muy picantes, salados o ácidos. También puede ser conveniente utilizar un cepillo dental de cerdas suaves para reducir la irritación.
Los enjuagues con agua salada y las bebidas frías pueden proporcionar alivio a algunas personas.
En farmacias existen diferentes productos de venta libre destinados a disminuir el dolor o proteger la zona afectada. Entre ellos pueden encontrarse geles analgésicos, aerosoles, determinados enjuagues y productos con acción antimicrobiana.
Cuando las lesiones son más intensas o recurrentes, un profesional de la salud puede indicar tratamientos específicos, como anestésicos tópicos o medicamentos con corticosteroides. Si existe una enfermedad autoinmune u otra condición de base, será necesario tratar también el problema responsable.
La prevención depende de reducir la irritación y mantener una buena higiene oral
No siempre es posible evitar que las aftas reaparezcan, pero algunas medidas pueden ayudar a reducir su frecuencia.
Mantener una adecuada higiene bucal, cepillarse los dientes con regularidad, utilizar hilo dental y acudir periódicamente al dentista son medidas importantes.
También conviene mantener una alimentación variada y equilibrada que aporte suficientes vitaminas y minerales. Si se identifica algún alimento o producto que desencadene repetidamente las lesiones, puede ser útil limitar su consumo.
Las personas que utilizan ortodoncia o prótesis dentales deben prestar atención a cualquier zona que provoque rozaduras y solicitar los ajustes necesarios.
En términos generales, una afta que desaparece en pocos días suele ser un problema menor. Sin embargo, una lesión que persiste, aumenta de tamaño, sangra, reaparece constantemente o se acompaña de otros síntomas debe ser evaluada por un profesional de la salud para determinar su causa.
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