— Agencias 06/09/2026
Durante muchos años, tomar una dosis baja de aspirina todos los días fue una práctica común entre adultos que buscaban reducir el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en los últimos años ha llevado a modificar considerablemente esta estrategia.
Actualmente, la aspirina en dosis bajas ya no se recomienda de manera general para prevenir un primer evento cardiovascular. Su posible beneficio debe compararse con el riesgo de sufrir hemorragias, además de considerar los antecedentes médicos y el riesgo cardiovascular de cada persona.
Datos de Epic Research muestran este cambio en la práctica médica. De acuerdo con su análisis, el porcentaje de adultos que utilizaban aspirina en dosis bajas con fines preventivos disminuyó de aproximadamente 7.4% a mediados de 2018 a 3.2% a finales de 2025.
La reducción no significa que la aspirina haya dejado de ser útil. El medicamento continúa desempeñando un papel importante en determinados pacientes, especialmente en quienes ya tienen antecedentes de enfermedad cardiovascular.
¿Por qué se utilizaba aspirina para prevenir un infarto?
La aspirina tiene un efecto antiagregante plaquetario. Esto significa que reduce la capacidad de las plaquetas para agruparse y formar coágulos.
Debido a que algunos infartos y accidentes cerebrovasculares ocurren cuando un coágulo bloquea una arteria, durante décadas se consideró que reducir la formación de estos coágulos podía ayudar a prevenir eventos cardiovasculares.
El problema es que el mismo efecto que disminuye la formación de coágulos también puede aumentar el riesgo de sangrado. La aspirina puede favorecer hemorragias gastrointestinales y, en determinadas circunstancias, sangrados más graves.
Por esta razón, actualmente no se considera suficiente demostrar que la aspirina puede prevenir coágulos: también es necesario determinar si el beneficio supera el riesgo para cada paciente.
El uso preventivo de aspirina ha disminuido
El análisis de Epic Research revisó información correspondiente a aproximadamente 279 millones de consultas de atención primaria realizadas entre 2015 y 2025 en adultos de 40 años o más.
Los investigadores excluyeron a personas que utilizaban aspirina debido a enfermedades cardiovasculares ya establecidas, como enfermedad coronaria, antecedentes de accidente cerebrovascular o enfermedad arterial periférica.
Entre los pacientes incluidos, el uso de dosis bajas de aspirina alcanzó aproximadamente el 7.4% a mediados de 2018. Para finales de 2025, la cifra había descendido al 3.2%.
El análisis también encontró que el uso era mayor entre los adultos de 80 años o más, grupo en el que alcanzó alrededor del 5.7%. Sin embargo, este dato no significa que las personas mayores deban comenzar a tomar aspirina por su cuenta.
Las recomendaciones médicas fueron cambiando
El descenso en el uso de aspirina coincide con modificaciones importantes en las recomendaciones de diferentes organizaciones médicas.
En 2016, el U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) contemplaba el uso de aspirina en determinados adultos de 50 a 59 años con un riesgo cardiovascular elevado, siempre que no presentaran un riesgo importante de sangrado.
Posteriormente, nuevos estudios mostraron que el beneficio de utilizar aspirina para evitar un primer evento cardiovascular podía ser menor de lo esperado, mientras que el riesgo de hemorragia continuaba siendo relevante.
En 2019, el American College of Cardiology y la American Heart Association recomendaron evitar el uso generalizado de aspirina para la prevención primaria. Sin embargo, señalaron que podía considerarse en determinados adultos de 40 a 70 años con riesgo cardiovascular elevado y bajo riesgo de sangrado.
La recomendación volvió a modificarse en 2022. La USPSTF indicó que los adultos de 60 años o más no deberían iniciar aspirina en dosis baja para la prevención primaria de enfermedades cardiovasculares.
¿Por qué dejó de recomendarse de forma rutinaria?
La principal razón es el equilibrio entre beneficios y riesgos.
En personas que nunca han sufrido un infarto o accidente cerebrovascular, la reducción potencial del riesgo cardiovascular puede ser relativamente pequeña, mientras que el riesgo de hemorragia puede aumentar.
Además, la prevención cardiovascular dispone actualmente de otras herramientas muy importantes, como el tratamiento de la hipertensión, el control del colesterol, el abandono del tabaco, una alimentación saludable, la actividad física y el control de la diabetes.
Por ello, para muchas personas, controlar estos factores de riesgo puede ofrecer un beneficio preventivo más importante que comenzar a tomar aspirina diariamente.
¿Quiénes pueden seguir necesitando aspirina?
Que la aspirina ya no se recomiende de manera general para prevenir un primer infarto no significa que deba suspenderse en todas las personas.
El medicamento continúa teniendo un papel importante en la prevención secundaria, es decir, en pacientes que ya han sufrido determinados eventos cardiovasculares o presentan enfermedad cardiovascular establecida.
Puede formar parte del tratamiento de personas con antecedentes de infarto, accidente cerebrovascular isquémico, colocación de ciertos stents u otras enfermedades arteriales, siempre bajo indicación médica.
En estos casos, el beneficio de prevenir nuevos eventos cardiovasculares puede ser considerablemente mayor que en una persona sin antecedentes.
La aterosclerosis también puede cambiar la decisión
La presencia y gravedad de la aterosclerosis es otro elemento que puede influir en la decisión de utilizar aspirina.
Esta enfermedad se caracteriza por la acumulación de placas en las paredes de las arterias y está relacionada con un mayor riesgo cardiovascular. Sin embargo, incluso cuando existe aterosclerosis, la decisión de utilizar aspirina debe individualizarse considerando también la posibilidad de sangrado.
Por eso, no existe una dosis preventiva que pueda recomendarse de manera automática a todas las personas con cierta edad o determinado nivel de colesterol.
Tener más edad no significa que haya que comenzar a tomarla
Aunque los registros muestran un uso relativamente elevado de aspirina entre adultos de 80 años o más, la edad por sí sola no constituye una indicación para comenzar este tratamiento.
De hecho, el riesgo de hemorragia puede aumentar con la edad y con la presencia de determinadas enfermedades o medicamentos.
Antes de iniciar o suspender una terapia con aspirina, deben considerarse factores como los antecedentes cardiovasculares, la presión arterial, el colesterol, la diabetes, los antecedentes de sangrado, otros medicamentos y el riesgo cardiovascular global.
No conviene comenzar ni suspenderla por cuenta propia
Una de las principales conclusiones de este cambio en las recomendaciones es que la aspirina preventiva no debe considerarse una medida universal.
Una persona que nunca ha tenido un infarto o accidente cerebrovascular no debería comenzar a tomar aspirina diariamente simplemente porque un familiar o conocido lo hace.
Del mismo modo, quienes ya utilizan aspirina porque un médico se las indicó debido a una enfermedad cardiovascular no deberían suspenderla sin consultar previamente.
La evolución de las recomendaciones demuestra que la prevención cardiovascular se ha vuelto cada vez más individualizada. Actualmente, el objetivo no es encontrar una sola pastilla que reduzca el riesgo para todos, sino determinar qué estrategia ofrece el mayor beneficio con el menor riesgo para cada paciente.
En resumen: la aspirina continúa siendo un medicamento cardiovascular importante, pero su uso diario para prevenir un primer infarto ya no se considera apropiado para la mayoría de los adultos. La decisión debe basarse en el riesgo cardiovascular individual y, especialmente, en el riesgo de sangrado.
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