Señales de alerta en tu rostro de enfermedades hepáticas, renales y tiroideas

— Agencias 06/09/2026

El rostro puede cambiar por motivos tan habituales como dormir poco, padecer alergias, estar deshidratado o simplemente como consecuencia del envejecimiento.

Sin embargo, cuando determinadas modificaciones aparecen de forma persistente, progresiva o acompañadas de otros síntomas, también pueden ser una señal de que existe alguna alteración en el organismo.

Algunas enfermedades que afectan al hígado, los riñones o la glándula tiroides pueden producir manifestaciones visibles en la piel y alrededor de los ojos. Esto no significa que observar un cambio facial permita diagnosticar una enfermedad, pero sí puede ser una razón para prestar atención y consultar a un profesional de la salud.

1. La parte blanca de los ojos puede volverse amarilla

Uno de los cambios que merece especial atención es la aparición de una tonalidad amarillenta en la esclerótica, es decir, la zona blanca de los ojos. Este fenómeno se conoce como ictericia y ocurre cuando existe un aumento de bilirrubina en el organismo.

Puede presentarse por diferentes causas, entre ellas enfermedades del hígado, problemas de las vías biliares o alteraciones en la destrucción de los glóbulos rojos.

La ictericia no siempre significa que exista una enfermedad hepática grave, pero cuando aparece por primera vez debe ser evaluada. Si además existe orina oscura, comezón intensa, dolor abdominal o cambios en las evacuaciones, resulta todavía más importante buscar atención médica.

2. Los párpados pueden amanecer inflamados

Tener los párpados hinchados ocasionalmente puede ser consecuencia de falta de sueño, alergias, haber llorado o consumir una cantidad elevada de sal.

La situación cambia cuando la inflamación es frecuente, persiste durante el día o aparece junto con otros signos. La enfermedad renal puede provocar acumulación de líquidos y, en determinadas condiciones, la pérdida de proteínas a través de la orina puede favorecer la aparición de hinchazón alrededor de los ojos.

La presencia simultánea de orina espumosa, inflamación en piernas o tobillos, cambios en la cantidad de orina o cansancio persistente justifica una valoración médica.

3. El rostro puede presentar una hinchazón persistente

Una cara más hinchada de lo habitual puede tener numerosas causas, desde alergias y determinados medicamentos hasta retención de líquidos y alteraciones hormonales.

El hipotiroidismo, por ejemplo, puede asociarse con una apariencia facial más hinchada. Las enfermedades renales también pueden ocasionar edema cuando existe retención de líquidos.

Una inflamación facial que aparece de manera repentina o permanece durante un periodo prolongado debe valorarse especialmente si se acompaña de aumento de peso sin explicación aparente, cansancio, intolerancia al frío o hinchazón en otras partes del cuerpo.

4. La piel puede volverse notablemente seca

La resequedad facial es muy frecuente y puede estar relacionada con el clima, el uso de productos irritantes, duchas muy calientes o una alteración de la barrera cutánea.

Sin embargo, la piel seca también puede formar parte de los síntomas del hipotiroidismo. La American Thyroid Association señala que puede presentarse junto con otras manifestaciones como cansancio, intolerancia al frío, estreñimiento, aumento de peso y cambios en el cabello.

Aun así, ninguno de estos signos es exclusivo de la enfermedad tiroidea. La presencia de varios síntomas persistentes es más relevante que la resequedad facial por sí sola.

5. Los ojos pueden parecer más saltones

Cuando los ojos parecen sobresalir más de lo habitual, el cambio puede estar relacionado con la enfermedad ocular tiroidea, particularmente en personas con enfermedad de Graves.

La inflamación de los tejidos que se encuentran alrededor y detrás de los ojos puede producir protrusión ocular, además de enrojecimiento, sensación de presión, irritación, sequedad o visión doble.

Si el cambio es nuevo o se acompaña de dolor ocular, dificultad para mover los ojos, visión doble o disminución de la visión, es recomendable buscar atención médica, ya que algunos problemas oculares requieren valoración especializada.

6. La apariencia de los párpados puede modificarse

Las alteraciones relacionadas con la tiroides también pueden cambiar la apariencia de los párpados. Una mirada aparentemente más abierta, acompañada de sequedad o irritación ocular, puede observarse en personas con enfermedad ocular tiroidea.

Sin embargo, los cambios en los párpados no necesariamente están relacionados con la tiroides. También pueden tener causas anatómicas, oftalmológicas o neurológicas.

Por ello, resulta más importante considerar si el cambio es reciente, si progresa y si existen síntomas visuales que acompañen la modificación.

7. Pueden aparecer pequeñas lesiones vasculares

Las llamadas arañas vasculares o spider angiomas son pequeñas lesiones formadas por un vaso sanguíneo central del que parten ramificaciones más pequeñas. Pueden aparecer en diferentes zonas de la piel y, en determinados casos, observarse en personas con enfermedad hepática crónica.

Su presencia aislada no significa que una persona tenga cirrosis, ya que también pueden aparecer por otras razones e incluso encontrarse en personas sanas.

No obstante, si aparecen numerosas lesiones y al mismo tiempo existen ictericia, picazón intensa, inflamación abdominal o de las piernas u otros cambios compatibles con enfermedad hepática, conviene realizar una evaluación médica.

8. El rostro puede adquirir una apariencia más pálida

La palidez tampoco permite identificar por sí misma una enfermedad específica. Puede relacionarse con anemia, falta de sueño, alimentación inadecuada o diferentes problemas médicos.

En personas con enfermedad renal crónica puede aparecer anemia debido, entre otros mecanismos, a una disminución en la producción de eritropoyetina por parte de los riñones.

Cuando la palidez se acompaña de cansancio persistente, debilidad, problemas de concentración, falta de aire, hinchazón o cambios en la orina, es recomendable consultar a un profesional para determinar la causa.

9. Lo más importante es observar el conjunto de síntomas

Un cambio en el rostro rara vez permite establecer por sí mismo que existe una enfermedad. La clave está en prestar atención a cuándo aparece, cuánto tiempo permanece, si está empeorando y qué otros síntomas lo acompañan.

Por ejemplo, despertar ocasionalmente con los párpados hinchados después de dormir poco es muy diferente a presentar inflamación alrededor de los ojos durante semanas junto con orina espumosa y edema en las piernas.

De la misma manera, tener la piel seca no significa automáticamente que exista un problema de tiroides. Pero si la resequedad aparece junto con cansancio, intolerancia al frío, estreñimiento y aumento de peso, puede ser conveniente realizar una evaluación médica.

En definitiva, el rostro puede ofrecer pistas sobre el estado general de salud, pero no sustituye una valoración médica ni permite realizar un autodiagnóstico. Los cambios nuevos, persistentes o progresivos, especialmente cuando aparecen junto con otros síntomas, son los que merecen mayor atención.

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