— Daniela Cordova 06/09/2026
El sacerdote Néstor Martínez llamó hoy a proteger la niñez y fortalecer redes de apoyo.
El suicidio de un niño de 11 años en Frontera ha dejado dolor y consternación, pero también una pregunta que, para el sacerdote Néstor Martínez, párroco de la iglesia Santiago Apóstol, debe interpelar a toda la sociedad: ¿qué estamos haciendo por nuestros niños y adolescentes?
Con profundo pesar, el sacerdote lamentó la tragedia y consideró que no debe pasar inadvertida. Más allá del dolor que provoca en una familia, dijo, este hecho representa una llamada de atención para abrir los ojos, asumir responsabilidades y trabajar de manera conjunta por el bienestar de la niñez.
Padres, primeros centinelas
Martínez destacó que los padres de familia tienen una responsabilidad fundamental en el cuidado, atención y protección de sus hijos. Recordó que los menores necesitan de un adulto que esté cerca de ellos, que los acompañe y vele por su bienestar mientras adquieren las herramientas para cuidarse por sí mismos.
El sacerdote subrayó que muchas situaciones pueden prevenirse cuando existe acompañamiento y atención. Por ello, llamó a las familias a permanecer atentas a sus hijos y a no perder de vista las circunstancias que pueden poner en riesgo su bienestar.
Una tarea que corresponde a todos
Para Martínez, la protección de los menores no puede recaer únicamente en una persona o institución. Consideró necesario crear redes de apoyo entre familias e instituciones, con la finalidad de acompañar, escuchar y atender las necesidades de niños y adolescentes.
“¿Qué estamos haciendo?”, planteó el sacerdote al referirse al momento que atraviesa la sociedad. Su reflexión apuntó a la necesidad de dejar de mirar estos hechos como situaciones aisladas y comenzar a trabajar de manera colectiva para evitar que más familias enfrenten un dolor semejante.
Un abrazo para las familias
Ante el sufrimiento de una familia que pierde a un hijo, el sacerdote reconoció que las palabras pueden resultar insuficientes. Evocó la imagen de María Santísima como la Virgen Dolorosa, símbolo del profundo sufrimiento de una madre ante la pérdida de su hijo.
Desde la fe, expresó su cercanía y llamó a abrazar a quienes atraviesan momentos de dolor con el amor de Dios y de la Iglesia. Al mismo tiempo, pidió a las demás familias tomar conciencia de que nadie debería enfrentar una situación como esta.
El párroco insistió en que la sociedad necesita recuperar la capacidad de acompañarse, cuidarse y protegerse mutuamente. También llamó a tener la valentía y humildad para ofrecer un buen consejo, corregir cuando sea necesario y, sobre todo, estar dispuestos a escuchar y aceptar cuando alguien nos señala que necesitamos ayuda.
La tragedia del menor, dijo, debe convertirse en una oportunidad para reflexionar y actuar. No solamente por quienes hoy atraviesan el duelo, sino por todos los niños, adolescentes y familias que necesitan sentirse acompañados.
Abrir los ojos ante la niñez
Con un mensaje marcado por el dolor, pero también por la esperanza, Néstor Martínez pidió no permanecer indiferentes ante lo ocurrido. “Todos tenemos derecho a la vida, a vivir bien”, fue el sentido de su llamado, acompañado de una invitación a fortalecer la solidaridad y la protección.
La muerte del niño de 11 años deja una familia sumida en el dolor y una comunidad consternada. Para el sacerdote, también debe dejar una responsabilidad compartida: abrir los ojos, acercarse a los hijos, escucharlos, cuidarlos y hacer algo, desde ahora, por la niñez.

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