— Agencias 03/09/2026
Envejecer es un proceso inevitable, pero no sucede de la misma manera en todo el organismo ni avanza a una velocidad constante.
Una nueva investigación plantea que el envejecimiento debe entenderse como un fenómeno mucho más complejo, en el que distintos tejidos pueden experimentar cambios importantes en momentos diferentes de la vida.
El trabajo, publicado en Nature Aging y dirigido por Sanju Sinha, del Instituto Sanford Burnham Prebys de California, analizó cómo evolucionan estructuralmente distintos tejidos humanos. Los resultados sugieren que el organismo podría no contar con un único “reloj biológico”, sino con múltiples relojes asociados a cada tejido, capaces de acelerar en distintas etapas.
El análisis también encontró períodos en los que varios órganos parecen experimentar cambios simultáneos, posiblemente relacionados con modificaciones en la señalización hormonal y un aumento de la inflamación.
El especialista en longevidad Eric Topol destacó el trabajo y señaló que el análisis de muestras de casi 1.000 personas de entre 21 y 70 años identificó dos períodos generales de aceleración del envejecimiento: uno alrededor de los 30 años y otro durante la década de los 50.
Más de 25.000 muestras permitieron estudiar el envejecimiento de los tejidos
Los investigadores examinaron más de 25.000 muestras de tejido post mortem pertenecientes a 970 donantes, cuyas edades estaban comprendidas entre los 21 y los 70 años. El estudio incluyó 40 tipos diferentes de tejido.
Para analizar las características microscópicas de las muestras, el equipo desarrolló una herramienta computacional denominada PathStAR, diseñada para evaluar la arquitectura física de los tejidos a partir de imágenes patológicas de rutina.
A diferencia de otros métodos que intentan calcular la edad biológica o cronológica, esta herramienta se concentró específicamente en los cambios estructurales de los tejidos.
Los autores señalaron algunas limitaciones. Al tratarse de muestras obtenidas después de la muerte, este factor pudo influir en la apariencia y edad estimada de algunos tejidos, particularmente en personas jóvenes.
Además, aclararon que un cambio relacionado con la edad no necesariamente significa deterioro funcional. Algunas modificaciones podrían representar procesos de adaptación, remodelación normal o simplemente variaciones que no tienen consecuencias negativas.
Las arterias mostraron una aceleración de los cambios durante los 30
Entre las estructuras que comenzaron a mostrar cambios importantes de manera relativamente temprana estuvieron las arterias.
El período de transformación estructural más rápido se identificó durante la década de los 30 años. Este proceso coincidió con un aumento de ciertos cambios patológicos relacionados con la formación temprana de placas en las arterias.
Los investigadores también encontraron que las personas que presentaban un envejecimiento estructural arterial más acelerado tenían una mayor probabilidad de presentar aterosclerosis, una enfermedad caracterizada por la acumulación de placas en las paredes de los vasos sanguíneos.
Esto sugiere que determinados cambios estructurales asociados con la edad pueden estar relacionados con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
El aparato reproductor femenino mostró un comportamiento diferente
El envejecimiento tampoco siguió un patrón uniforme dentro del sistema reproductivo femenino.
El útero y la vagina permanecieron relativamente estables durante las primeras etapas de la adultez y mostraron sus modificaciones estructurales más importantes aproximadamente entre los 50 y 55 años, período que coincide con la transición hacia la menopausia.
Entre los cambios observados estuvieron la atrofia de los tejidos y el adelgazamiento del endometrio, procesos compatibles con la disminución de los niveles de estrógeno característica de esta etapa.
Los ovarios, en cambio, presentaron una trayectoria diferente. El análisis identificó dos períodos de aceleración del envejecimiento estructural: aproximadamente entre los 35 y 40 años y nuevamente entre los 55 y 60 años.
Sin embargo, los autores señalaron que estos dos picos observados en la estructura física del tejido ovárico no aparecieron de la misma manera en los análisis de expresión genética ni de metilación del ADN.
Otros órganos también presentaron dos períodos de aceleración
El patrón denominado “bifásico” apareció en nueve de los otros 14 tejidos para los que los investigadores consideraron que existían trayectorias suficientemente confiables.
En general, estos tejidos mostraron dos etapas de cambios estructurales acelerados entre los 30 y los 50 años.
Entre los órganos que presentaron este comportamiento estuvieron:
Esófago.Estómago.Colon.Intestino delgado.Próstata.Testículos.
También se detectó una posible relación entre tejidos que no necesariamente están próximos entre sí. Por ejemplo, las personas con un envejecimiento estructural acelerado del colon y el esófago tendían a presentar un patrón similar en la próstata.
Más de la mitad de los tejidos analizados mostraron trayectorias semejantes a las observadas en los ovarios. Por este motivo, los investigadores plantearon la posibilidad de que este órgano pueda funcionar como una especie de “marcapasos” del envejecimiento corporal, aunque esta hipótesis requiere más investigación.
Las hormonas podrían ayudar a explicar la sincronización entre órganos
Una de las posibles explicaciones planteadas por el estudio es que las hormonas actúen como señales capaces de coordinar cambios en diferentes órganos.
Los investigadores observaron descensos importantes en la capacidad de señalización hormonal, particularmente en tejidos del aparato digestivo.
Esta observación resulta relevante porque existen receptores de estrógeno en el epitelio intestinal, donde estas hormonas participan en el mantenimiento de la barrera mucosa.
De acuerdo con esta hipótesis, las modificaciones hormonales podrían contribuir a explicar por qué órganos diferentes, como el intestino, el útero o la próstata, pueden mostrar ciertos cambios relacionados con la edad durante períodos similares.
Además, varios tejidos que presentaban una aceleración del envejecimiento estructural compartían otras características: mayor inflamación, menor producción de energía, reducción de la proliferación celular y disminución de los mecanismos encargados de mantener la calidad de las células.
Esta combinación podría representar una característica común de los procesos de envejecimiento observados en diferentes órganos.
El envejecimiento podría estar compuesto por varios “relojes” biológicos
Los resultados cuestionan la idea de que el organismo envejece como una unidad única y a una velocidad constante.
En cambio, los datos sugieren que cada tejido puede seguir su propia trayectoria de envejecimiento, aunque algunos de esos procesos parecen sincronizarse durante determinadas etapas de la vida.
Dos períodos destacaron especialmente: los primeros años de la década de los 30 y la década de los 50, cuando numerosos tejidos mostraron una aceleración de sus cambios estructurales.
La señalización hormonal y la inflamación surgieron como posibles mecanismos capaces de conectar estos procesos entre diferentes órganos.
El hallazgo podría orientar futuras estrategias contra el envejecimiento
Los investigadores consideran que estos resultados podrían modificar la manera en que se estudia la longevidad.
En lugar de considerar el envejecimiento como un proceso uniforme que afecta por igual a todo el cuerpo, futuras estrategias podrían enfocarse en órganos o tejidos específicos durante las etapas en las que muestran una mayor vulnerabilidad.
Sinha planteó que comprender mejor el envejecimiento reproductivo podría incluso ayudar a identificar intervenciones capaces de proteger otros órganos y favorecer una mayor cantidad de años de vida saludable.
Sin embargo, los propios autores advierten que todavía no es posible convertir estos hallazgos en una especie de calendario individual del envejecimiento. El estudio utilizó grupos de edad relativamente amplios y, por sus características, no permite determinar con exactitud cuándo comenzarán estos cambios en una persona concreta.
Además, no todos los cambios asociados con el paso de los años representan necesariamente daño. Algunos pueden corresponder a procesos normales de adaptación o remodelación.
Por ahora, la principal conclusión es que el envejecimiento humano parece ser un proceso desigual, dinámico y coordinado entre distintos tejidos, más parecido a un conjunto de relojes biológicos que a un único mecanismo que avanza al mismo ritmo en todo el organismo.
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