Un estudio revela por qué crecen los diagnósticos de autismo en mujeres y niñas

— Agencias 03/09/2026

Un estudio reciente realizado por investigadores de la Saint Louis University (SLU), en Estados Unidos, aporta nueva información sobre el incremento de los diagnósticos de trastorno del espectro autista (TEA). Los resultados sugieren que una parte importante de este aumento está relacionada con una mayor identificación de casos entre niñas y mujeres.

Durante décadas, el autismo fue reconocido con mayor frecuencia en varones. Esta tendencia hizo que muchas niñas, adolescentes y mujeres no fueran evaluadas de manera adecuada o recibieran otros diagnósticos antes de identificar la presencia del TEA.

La investigación, publicada en JAMA Network Open, encontró diferencias entre ambos sexos. Mientras que los diagnósticos en hombres permanecieron relativamente estables o incluso mostraron una ligera disminución, la identificación de mujeres con autismo aumentó de manera considerable.

Una mayor detección no necesariamente significa más casos

De acuerdo con los investigadores, el incremento observado no significa necesariamente que actualmente existan muchas más personas autistas que en el pasado. Una parte del fenómeno podría explicarse por una evolución en la capacidad del sistema sanitario para reconocer manifestaciones del autismo que anteriormente pasaban inadvertidas.

El TEA puede presentarse de formas muy diversas dependiendo de cada persona. Entre las características tradicionalmente relacionadas con el diagnóstico se encuentran las dificultades para la interacción social, los intereses muy específicos y determinados comportamientos repetitivos.

Sin embargo, buena parte de los criterios y herramientas utilizados históricamente para identificar el autismo se desarrollaron a partir de investigaciones realizadas principalmente en varones. Esto puede haber limitado la detección de niñas y mujeres que presentan manifestaciones diferentes o que desarrollan estrategias para ocultar sus dificultades y adaptarse socialmente.

Diferencias de edad y género en el diagnóstico

El equipo encabezado por Erick Messias, profesor de Psiquiatría y Neurociencia Conductual de la Facultad de Medicina de Saint Louis University, analizó los registros médicos electrónicos de 171.134 pacientes que mantuvieron contacto continuo con un sistema sanitario del Medio Oeste de Estados Unidos entre 2016 y 2024.

Los investigadores compararon los diagnósticos registrados en niños, adolescentes y adultos a lo largo de varios años. Esto permitió observar cómo evolucionaron los patrones de identificación del TEA dentro de un mismo sistema de atención médica.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la diferencia en la edad promedio en que se estableció el diagnóstico. En las mujeres, la edad media fue de 15,7 años, mientras que en los hombres fue de 12,3 años, lo que representa una diferencia de aproximadamente 3,4 años.

Esta demora puede estar relacionada, entre otros factores, con que muchas herramientas de detección están diseñadas para reconocer señales durante los primeros años de vida.

Algunas niñas y adolescentes, sin embargo, pueden desarrollar estrategias para imitar comportamientos sociales, seguir determinadas normas de convivencia o esconder situaciones que les generan dificultades. Este fenómeno suele describirse como “camuflaje social”.

El hecho de que una persona logre desenvolverse aparentemente con normalidad no significa que no experimente dificultades. Una niña, adolescente o adulta puede desenvolverse en la escuela, el trabajo o diferentes grupos sociales mientras realiza un esfuerzo considerable para mantener esas interacciones.

Ese esfuerzo puede estar acompañado de ansiedad, agotamiento, confusión o sobrecarga frente a situaciones sociales que otras personas pueden experimentar como más sencillas.

Cuando las características del autismo no son reconocidas, algunas personas pueden recibir diagnósticos relacionados con ansiedad, depresión o problemas de conducta. Estas condiciones pueden coexistir con el TEA, pero en determinados casos no explican por completo las dificultades que llevaron a la persona a buscar ayuda.

Los efectos de la pandemia y los cambios en los diagnósticos

El estudio identificó cambios importantes a partir de 2020, coincidiendo con el inicio de la pandemia de COVID-19. Durante ese periodo se produjeron cierres, interrupciones en la atención médica y modificaciones importantes en las rutinas escolares, familiares y laborales.

La pandemia afectó el acceso a consultas, evaluaciones y tratamientos. No obstante, los investigadores observaron que el incremento de diagnósticos entre mujeres no parecía limitarse a los cambios provocados por la emergencia sanitaria.

La tendencia continuó durante los años posteriores, acompañada por una mayor identificación de casos de autismo en mujeres.

Otro cambio observado en los registros médicos fue la disminución progresiva del diagnóstico de síndrome de Asperger. En 2013, el término dejó de utilizarse como una categoría diagnóstica independiente en el DSM-5 y pasó a integrarse dentro de la clasificación general del trastorno del espectro autista.

A pesar de este cambio, durante varios años el código administrativo correspondiente al síndrome de Asperger continuó apareciendo en determinados sistemas sanitarios estadounidenses. De manera gradual, los profesionales comenzaron a sustituirlo por la denominación TEA, siguiendo los criterios establecidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5).

La utilización de una categoría diagnóstica común puede facilitar la organización administrativa y reducir obstáculos relacionados con el acceso a tratamientos, apoyos educativos y servicios de salud mental.

Sin embargo, pertenecer al espectro autista no significa que todas las personas tengan las mismas características o necesidades. La evaluación debe ser individualizada para determinar qué apoyos pueden resultar apropiados en cada caso.

La relevancia del diagnóstico tardío

En los últimos años, el interés público por la neurodiversidad ha aumentado, impulsado también por testimonios difundidos a través de redes sociales, medios de comunicación y organizaciones de pacientes.

Esta mayor visibilidad puede favorecer que algunas personas, especialmente adultos, reconozcan características que habían experimentado desde la infancia y decidan buscar una evaluación especializada.

El fenómeno parece particularmente relevante entre mujeres adultas, quienes durante mucho tiempo estuvieron menos representadas tanto en las investigaciones como en los diagnósticos relacionados con el autismo.

Para algunas de ellas, obtener un diagnóstico durante la adolescencia o la adultez puede ayudar a comprender experiencias de la infancia, la vida escolar, las relaciones sociales o el entorno laboral que anteriormente no encontraban una explicación clara.

Los investigadores consideran necesario ampliar y mejorar las estrategias de detección del autismo, evitando considerarlo exclusivamente como una condición de la infancia o asociarlo automáticamente con los varones.

También señalan la importancia de que los profesionales de la salud dispongan de herramientas capaces de reconocer diferentes formas de presentación del TEA de acuerdo con la edad, el género y las características individuales de cada paciente.

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